viernes, enero 27, 2012

Anecdotario de una Vida Inútil, pero divertida, por Fulana de Tal (remembranza) Parte I

  
La nostalgia es una manera tramposa de recordar el pasado, de traerlo a la realidad por unos pocos instantes, de saborearlo, de capturarlo, de tenerlo entre nuestras manos.

Tramposa digo, porque jamás se podrá REALMENTE hacer eso, por supuesto, pero no por falta de ganas: no dejamos de intentarlo una y otra vez.

De pronto entramos a un supermercado de los antiguos, de los que todavía no son de cadena y nos llega de golpe su aroma ambiental natural, cuando olemos un olor característico que nos recuerda al ahora inexistente Choco Milk de canela, de súbito nos transportamos a los 8 años de edad.

 De pronto un perfume curioso del que su esencia vaga por un centro comercial nos recuerda a una maestra ya perdida en el tiempo, a la que pudimos acercarnos y a la que un amigo nuestro le robó un gis con su esencia que le duró más de dos meses.

Más allá vemos en televisión o en YouTube, la fuente de la eterna aleatoria gratitud a una caricatura en particular inesperada que nos trae de golpe la oleada del sentir de un sábado soleado en la mañana en casa de tu abuela; en otro instante, un comercial que juramos que lo vimos en alguna bolsa amniótica de algún patio de mi casa que es particular, en un verano de vacaciones que sólo se volvería a rememorar gracias a un documental en particular en el History Channel ; o de un programa de televisión que busca lo mismo: recrearte la nostalgia en tu misma cara, en tus mismos sentidos con carros de época, con efectos especiales, con actores que no pueden fingir que vivieron esa época.


Y así hay muchos elementos para esto: conforme pasan los años las experiencias se van acumulando, y no es evadir el presente o las dificultades o los obstáculos o los problemas cotidianos o los eternos problemas que  no podemos y que ni siquiera intentamos resolver.

Al grano: en casa de mi abuela materna, mi tía Mary traía al mundo doméstico en forma de libros recientes o actuales.


Tenía de muchos tipos, de hecho ya saben, los bestsellers del momento, por decir Preguntale a Alicia. No voy a quemarla innecesariamente con lo de que tenía dos o tres libros de Xaviera Hollander, famosísima hetaira urbana extra-activa de esos años, claro que no.

De hecho, el año al que hago referencia era más bien allá por 1976-1977, y he aquí que no puse atención a otros libros del librero de mi tía por verlos algo más densos, pero uno de los que recuerdo mucho es el de Anecdotario de una Vida Inútil pero Divertida por una tal Fulana de Tal.

Sólo recuerdo de aquél entonces su portada, anaranjada y con gente arriba de una carcachita, además de haberlo hojeado una que otra vez, leer algunos capítulos quizá y darme cuenta que el tal libro tenía un tono más bien desenfadado.

Lo poco que leí se me hizo amable, divertido, agradable, afable, cálido.

Y ya. Nunca lo leí. Tampoco que me acordara mucho de él.

Pasaron muchos años. Inviernos, primaveras, semestres, amores, desamores, impuestos, trabajos, cambios totales, más inviernos, más cambios climáticos-políticos-sociales-tecnológicos y ya no hay patios de tu casa que puedan ser particulares.

Ya no estás en tu bolsa amniótica.

Y que llega internet. Y que llega un amigo de Rodolfo quien me dice, “Luis, ¿no tendrás por ahí el libro de Anecdotario, etc, de Fulana de Tal?, es que me lo están pidiendo mucho, y dije, a lo mejor Luis lo tiene, para sacarle copia o que lo tenga en pdf, o algo así…”

Le respondí que no, que tenía todas las épocas del mundo de no ver el libro y que mi tía probablemente ya lo había perdido años ha.

Pero me agradan ciertos retos (soy selectivo, sí) y me puse a buscarlo por internet a ver si estaba en uno de esos lugares de donde se descargan libros. Nada, el libro, sencillo, no existe en internet. Eso sí, lo vi en dos lugares de tipo de esos de subastas y su precio.

Lo comenté y lo olvidé.


Y he aquí que aparece en FB un lugar o amigo-entidad llamado “La Aventura de Leer” que es un lugar en la Ciudad de México que ofrece libros de segunda mano y que hizo la pregunta en general: “Si se te ofrece un libro, dinos, te lo buscamos…”. 

En ese momento se me ocurre pedir el mencionado Anecdotario de una etc.

Al poco rato me dicen (o se me hizo poco rato): “sí, lo tenemos y vale tanto…”

Yo: “¿Donde están ubicados?”

Ellos: “Por Córdoba en la Colonia Roma Norte, cerca de Álvaro Obregón”.

Así quedó.

Así lo olvidé también.

Pasaron mas meses y un buen día, o buena tarde, que andaba con tiempo en la Gran Ciudad de México se me ocurre buscar algo en Google Earth relativo a una dirección cerca de donde estaba y me encontré con nombres de calles de Veracruz. Fue ahí donde me acordé que tenía una necesidad de ir a una parte y ahí me acordé, la calle Córdoba, ¿para qué la quería? Me acordé del dato de dónde quedaba exactamente, resultó que estaba a 10 cuadras de ahí y me dispuse a ir.


Fui, me lo vendió un señor muy simpático y me lo llevé.

Transcurrieron los días en medio de otras tantas lecturas dispersas que me suceden, me pasan y me ocurren, lo empecé a leer. (Sí, sé que habrá criticas de porqué perder mi tiempo en ese libro, pero la vida es muy dispersa, oh, sí).

Me encontré con un libro extraño, único, curioso. Digo extraño y único porque, tiene una estructura narrativa de biografía, eso no es lo extraño, sino el cómo estaba escrito.

Primero: La persona que la escribió, una joven que no da nunca su nombre o alguna pista de quién pudiera ser, tenía una necesidad extrema de contar su historia.

Como todas las biografías empieza por la juventud, sus pretendientes, sus novios, sus trabajos y cómo se va desenvolviendo en el mundo profesional, tan enrarecido para nosotros, luego se centra en sus relaciones con los hombres, cómo la buscan (al parecer era muy guapa de joven) cómo se defiende, como se siente, siempre mostrando sus emociones a través de su lenguaje, de su manera tan coloquial de decir las cosas, de expresar sus emociones, de evocar sus sensaciones.

Su estilo es gentil, amable como ya dije, esa mujer no puede evitar ser simpática, o dejar de ser ocurrente sin que tenga creatividad en lo que dice y cómo lo dice, para avanzar utiliza muchas iniciales, como por ejemplo:


“Mi M.V. es una combinación de VIAJES CON CONGRESOS. Si combinara VIEJOS CON PROGRESOS, O.G.M.C.         
Me llamó mi amiga B.B. (le dicen la B.B. porque es más puntual que el observatorio), que nos iban a dar trabajo en un congreso de Agencias de Viajes Latino Americanas en Acapulco, pero teníamos que ir a oír las instrucciones a casa de una de las coordinadoras, M.C., ella y M.M. eran las responsables.”

Y en la parte inferior de la página dice:

M.V. – Modus Vivendi
O.G.M.C. – Otro Gallo Me Cantara
B.B. – Big Ben
M.C. – Mátalas Callando
M.M. – Mosquita Muerta”

Así las cosas, ella va creando su propio mundo con sus propias reglas. Va deshilando lo que trae dentro, lo que desea contar a través de relatos espaciados que ella, lo que consideró soltar poco a poco sin al parecer quedarse nada, tanto lo bueno, lo divertido, como las Cosas Feas, como ella intituló así a uno de sus capítulos en los que narra la muerte de su madre.

Pero ella no pierde la fe nunca, va a través de su entorno avanzando en lo que quiere, resolviendo su vida excepto quizá, en la parte emocional.

A través de incontables anécdotas, hazañas, historias, descripciones de situaciones o de estampas, Fulana de Tal va mostrando el México de 1970 hasta quizá 1976. Un México en el que los  míticos sesenta ya sucedieron, que ya se vive otra circunstancia y que de algún modo la resaca política, el sopor inicial en los que nada emociona ya, va invadiéndolo todo después del encontronazo del 68 y del 71.

Fulana de Tal probablemente tenía entonces 20 o 22 años al principio de su historia, además, de manera un tanto natural ella no menciona mucho de política salvo en sus contactos o relaciones que tiene con varias personas específicas que pertenecen a varios ámbitos de por esos lares. Sale alguien de la Suprema Corte, alguien más que es asesor de la campaña de Lopez Portillo (quien se menciona por un débil apodo, Lotes Cortillo), y también sale mencionado alguien que está relacionado con alguna importante director de alguna paraestatal de las cientos que creó Echeverría por entonces en la ola de la economía mixta, a quien no se menciona en absoluto.

Bueno, hasta aquí he descrito un posible libro costumbrista urbano capitalino del último tercio del siglo veinte. Considero que tiene un valor el recordarlo así, como un libro que nos entretuvo, que nos agradó, que nos causa esa nostalgia de que al revivirlo casi podemos imaginar esos lugares por donde andaba Fulana de Tal y que no conocimos.

(Bueno, cuando camino cerca de la glorieta de Colón, cerca de donde hay hoy un Starbucks, hay una estructura así de esas modernista que hace marco a un esquina de un edificio, al parecer es de aquellos años, y es cuando me pregunto, “¿estos serían los rumbos de la agencia de viajes de Fulana?”.)





Fin de la primera parte, a esperar la segunda...  Saludos!



(Incluyo el video que hice al respecto... por si lo desean ver...)