jueves, octubre 29, 2009

Vietnam, Secretos y Documentos del Pentágono, la Verdad Expuesta, o la Conspiración Interminable... Tercera Parte y Final

Tercera Parte

Ya lo he dicho en otro lugar, la edad de la ironía empezó quizá ahí mismo, para luego reforzar el tema con Watergate, luego con Carter, los rehenes en Irán, Reagan, Iran-Contras, y un largo etcétera que no sabemos si terminará, lo más seguro es que no, con el tema de las Armas de Destrucción Masiva que Iraq nunca tuvo.

La edad del “no te creo, gobierno”, empezó ahí.

La cosa aquí era que no había nadie por entonces quien tuviera pruebas de lo anterior. No había nada que llegase a la prensa, pensando que en c

aso de existir ese tipo de prueba, ella lo exhibiría al mundo, lo denunciaría, que primero pensaran que sí, que el gobierno elegido por el pueblo para el pueblo le mintiera al pueblo, era axiomático, imposible que algo así sucediera.

A lo mucho llegaban reportes “leaked”, o filtrados que no eran del todo tratados con credibilidad o con la propia relevancia que se requería ya que siempre había la doble intención de perjudicar a alguien, eran calculados en su alcance y daño.

Pero bueno, resulta que después que llegó Daniel Ellsberg de Vietnam, con un ya grave problema de conciencia, empezó a jugar con la idea, ya de nuevo en el Pentágono y después de leer, comprobar, reforzar su idea de que mucho estaba equivocado al respecto de la Guerra y de la dirección que estaba tomando, y sabiendo desde el principio que todo era una pesadilla, y que ahora se estaba volviendo todo un gigantesco pantano que estaba enlodando a todos y matando a mas y mas personas de ambos lados.

Para esto encontró y empezó a leer un reporte que abarcaba varias décadas de la intervención norteamericana en Vietnam. Para entonces ya era 1968. Ya habían muerto Martin Luther King y Robert Kennedy y junto con ellos murieron el idealismo y el optimismo de que las cosas podrían cambiar. Fueron días de dolor auténtico.

Porque he de decirles que había gente que sí creía que había redención de todo esto, que sí había salida a toda esta pesadilla, que ya había llegado el momento de parar toda la Bestia, la maquinaria inexorable de moler carne, de todo el aparato de guerra traducido en bombas, aviones, balas, proyectiles, minas, la colosal justificación de la destrucción en el sudoeste asiático, o, que había que buscar el modo de acordar que todo mundo saliera sin problemas (el doctor King fue el único líder de renombre nacional, o tal vez mundia, había ganado el Premio Nobel en 1964, con un plan razonable de salida), o con problemas, los de esperar.

Ahora con sus muertes, nada pasaría, ya no había líderes (¿el candidato demócrata y ex vicepresidente Hubert Humphrey? Un miedoso siempre de su ex jefe el presidente Johnson, ¿Nixon? ¿Bromean?), ya no había nadie qué deseara la paz.

Así las cosas, el reporte le dio a Ellsberg la visión de todo el panorama histórico, desde que los japoneses liberaron Vietnam de los franceses, y luego con la derrota japonesa, la reconquista de su colonia de parte de estos, cosa a la que ya se había renunciado debido a la firma de la Carta del Atlántico, en la que las naciones firmantes renunciaban al colonialismo; luego los reconocimientos a Ho Chi Minh como cabeza de estado, para luego desconocerlo; luego el apoyo norteamericano a los franceses, luego su retiro; luego la caída de estos en manos de los vietnamitas; luego la negación de los acuerdos de 1954 de crear elecciones libres en ambos territorios, ¡¡de parte de los Estados Unidos!!

Todo eso en el panorama mezclado por ese terror a lo rojo, pensando que todo el mundo era un lugar para pelear contra los comunistas, que no se podía dar marcha atrás, que cualquier derrota por pequeña que fuera sería la primera de muchas, que era mejor Dead Than Red, y miles de suposiciones similares.

Ese era el reporte creado a partir de miles de páginas de memorándums secretos, de reportes sesgados, de cables de embajada pesimistas, de peticiones de más secretos.

Al pueblo de los Estados Unidos sólo le llegaba un optimismo incierto de que todo se haría como siempre, que su nación saldría venturosa de esa operación militar que no parecía crecer, pero que lo seguía haciendo cada vez más. ¿Cómo se notaba? Con mas muchachos llegando en cajas cubiertas con la bandera americana. Y con más muchachos llegándoles la invitación a presentarse en la Junta Local de Reclutamiento.

Daniel Ellsberg decidió por fin que quizá exponiendo los papeles al mundo, podrían entenderse muchísimas cosas sobre la Guerra de Vietnam y el gobierno de los Estados Unidos. Esperaba que con ese entendimiento las decisiones de los líderes de opinión fueran ya decisivas voces en contra de la Guerra.

Lo que siguió fue tortuoso: sacar los documentos de donde estaban guardados, sacar las miles de copias en secreto, con aquellas gigantes copiadoras tan lentas de aquellos años, y luego organizarlas y para acabarla, buscar el interlocutor correspondiente, correcto, a quien pudiera hacerle sentido.

¿Qué lograría Ellsberg? Mandárselos primero a un funcionario aliado y favorable, pero como esto no ocurrió, demasiados que decidieron no pagar el costo político por fin se decidió por la prensa, el New York Times, para ser exactos.

Y pensaba, quizá ingenuamente, que con eso podría causar un cambio en la opinión pública, tan demoledora en muchas circunstancias, tal como darse cuenta que estaban equivocados y hasta el 31 de enero de 1968, cuando los vietnamitas del Norte atacaron en docenas de lugares de manera simultánea en los territorios de Vietnam del Sur incluyendo casi tomando la misma y ultradefendida embajada de Estados Unidos en Saigón por más de seis horas. Eso acabó con la idea que la guerra de Vietnam, era una victoria segura, idea falsa para esto, desde el principio.

Bueno, como dije, nadie le aceptó los Documentos, hasta que llegando a marzo de 1971, el NYT lo escuchó.

Y no hicieron nada en ese momento… Pensaba Ellsberg si todo eso había sido inútil. El FBI lo presionaba y la guerra continuaba, Nixon ya había anunciado que se estaba bombardeando otro país más, Camboya, sin permiso del Congreso, cosa absolutamente inaudita. Todo seguía, la matanza allá continuaba, los soldados regresando en bolsa con zipper aumentaban, los bombardeos, la pesadilla.

Pero el 13 de junio de 1971 todo explotó. El New York Times lo publicó en primera plana, Vietnam Archives: Pentagon Study Traces 3 Decades of U.S. Growing Involvement, Archivos de Vietnam: Estudio del Pentágono Sigue 3 Décadas de Creciente Envolvimiento de EU.

El Gobierno de Estados Unidos prohibió al NYT la publicación del material, o sea, ¡un acto de censura como no se había visto en 200 años! Pero Ellsberg evitó la censura total pasándole material al Washington Post, y luego al Boston Globe, Los Angeles Times y posteriormente a 17 periódicos más.

Okey, se publicaron de nuevo en el NYT, 50 planas completas, la gente lo leyó, la televisión lo mencionó. Salió el cochinero.

Pero la guerra no se detuvo.

Eran documentos llenos de nombres, de siglas, de frases extrañas, de eufemismos, de puestos, de departamentos, de lugares, de operaciones, de nombres de lugares exóticos.

Pero lo claro fue… No puedes confiar en el gobierno. Ya no puedes confiar en lo que te dicen, ya no puedes confiar en su juicio. El Presidente de los Estados Unidos, ya no es infalible. Lo peor, que el Presidente de los Estados Unidos sí se equivoca.

Nunca, en esos documentos apareció que Nixon mentía, o que Nixon declaraba sus verdaderos planes… eso apareció dos años después, en las grabaciones de Watergate. Entonces se vería con claridad, que por decir el bombardeo con aviones B52 a Haiphong, el puerto más importante de Vietnam del Norte, que se estaba haciendo por esa época, se había aconsejado como nada efectivo, pero sin embargo se llevaba a cabo.

Esa era otra conclusión, consejo tras consejo que todo apuntaba a una larga guerra sin victoria a la vista, se habían previsto desde 1961, en tiempos de Kennedy, que mejor era que no se metiera. Aún así los consejos prevalecientes era aumentar las tropas. Eso provocaba solo que se endureciesen las cosas que hacía a su vez que se necesitaran más tropas, lo que sólo provocaban mayores problemas que hacían requerir más tropas.

Círculos viciosos de la peor clase.

Y todo mundo se escudaba con que no se está ganando la guerra porque había faltado decisión en el momento correcto, y por supuesto, más tropas.

¿Suena familiar?, recordemos que ahora hay dos guerras de Estados Unidos, una inventada en base a mentiras, la otra en base a una equivalencia de que si las avispas me picaron, voy a la casa del vecino en donde están las avispas, a destrozarla, aunque no las encuentre nunca.

Luego Nixon se iría a China, a Rusia en 1972, y todo el asunto de la Guerra Fría, al menos como para pelearla en Vietnam, ya no parecía tan grave. Se llegaron a acuerdos repentinos con los vietnamitas del Norte en cuanto a retirar tropas. No se dijo nada acerca de bombardeos, existía el miedo acerca de que si se retiraban esas tropas Vietnam del Sur se desmoronaría, cuestión que Kissinger y Nixon impedirían con bombardeos estratégicos, aun que ya no hubiera tropas americanas en Vietnam.

Llegó 1973, se retiraron las últimas tropas norteamericanas y por fin el Congreso negó los fondos para que siguieran esos bombardeos, que según esto, con todo y negativa de la gente de los militares respecto a sentir que se hacía lo correcto, siguieron tirando sobre la gente en el Norte.

Al no haber fondos, no más guerra, así de sencillo hubiera sido todo eso de suspenderla. Las guerras se hacen con dinero, al no haber dinero, no hay guerra. Dile eso al que fabrica el napalm, al que fabrica los aviones, las armas, las balas, los cascos, las minas, los lanzallamas, los helicópteros, los B52.

Sencillo y complicado al mismo tiempo. Muy complicado.

A Daniel Ellsberg lo enjuiciaron, pero salió libre cuando se sobreseyó el caso, es decir, cuando no se le vieron méritos de traición, porque él no traicionó a su país, él le dio documentos incriminatorios de una guerra falsa, ella sí criminal, a través de su prensa, a su propia nación, no a una nación enemiga, plantada por su propio gobierno, esa es la clave de todo.

Es cuando se entiende de que se trata todo esto.

Cuando un ciudadano es testigo de los desfiguros de su nación, realizados por sus gobernantes, tiene el derecho, la obligación, de denunciar, de exponer, de demostrar lo que está sucediendo.

Esa es la lección de Daniel Ellsberg. Alguien que estuvo en medio de todo, en las entrañas del sistema, que percibió la podredumbre, y que salió airoso.

Necesitamos de ese tipo de personas, y sé que no hay muchos documentos en países como este, México, en el que mucho de todo se habla, sin que nadie escriba o registre documentos. Y lo único que logran, a su conveniencia, es sacar grabaciones de celular que autoincriminan a personas al hablar éstas estúpidamente a las que es preciso hacerles daño públicamente según sus conveniencias.

Watergate, el famoso caso Watergate, empezó con la contratación de un grupo de incondicionales que se metieron a la oficina del psicoanalista de Ellsberg, en 1972 a buscar detalles incriminatorios en contra de él, actividad totalmente ilegal por donde se vea. Luego irían ahí, envalentonados, al hotel Watergate, a las oficinas del partido Demócrata, en Washington, D.C.. Luego el camino del dinero indicaría a Carl Bernstein y a Bob Woodward del Washington Post, que todo dependía de las órdenes de la Casa Blanca.

Llegaron las grabaciones de un presidente paranoico, las ordenes de un juez para mostrarlas, el escucharlas, y en agosto de 1974 la renuncia de ese presidente.

Saigón cayó cuando los del Norte arrasaron en una marcha incontenible, con todo, en 1975. Unificaron su país y Saigón ha sido Ciudad Ho Chi Minh desde entonces.

A los diez años, en 1985, seguían pobres. En 1995 ya estaban levantando cabeza. En 2005, ya estaban aspirando a ser un tigre asiático y aunque todavía hay pobreza, ésta ya no es tanta como antes y durante tiempos de los norteamericanos.

Daniel Ellsberg es ahora protagonista de un documental llamado “El Hombre más Peligroso de Norteamérica”, título con el que lo designó Henry Kissinger por entonces, y que se acaba de estrenar el 3 de Octubre de este año de 2009.

Al parecer Daniel Ellsberg, de 78 años, sigue con sus ponencias acerca de lo que es correcto o no, con sus críticas al gobierno, en la búsqueda de hacer lo mejor que le dicte su conciencia.

Mi camisa negra favorita es tipo Polo, fue hecha en Vietnam y fue comprada en Estados Unidos.

Y todavía no entiendo, igual como cuando estaba pequeño, que fue todo eso llamado… Vietnam.

Pero lo que sí entiendo, como bien dice la revista Time, que la historia está llena de hombres ordinarios que realizan actos extraordinarios, tal y como lo hizo Daniel Ellsberg.

“El terreno estaba siempre en juego, siempre en movimiento. Bajo el suelo el terreno era suyo, el de arriba era el nuestro. Teníamos el aire, podríamos subir, pero no desaparecer en el cielo, podríamos correr pero no escondernos, y él podía hacer tan bien eso, que incluso parecía que podía hacerlo al mismo tiempo… Siempre, un lugar u otro estaba ocurriendo todo el tiempo, nosotros teníamos el día, él tenía la noche...”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Secretos, parte dos, las falacias que se daban en Vietnam en base a la cual la guerra se mantuvo por años y años y años...

Pero bueno, no voy a contar lo que todos conocemos, sino lo que le pasó a Daniel Ellsberg de manera lo más sencilla posible, ¿ok?

Daniel Ellsberg fue un analista con doctorado y todo que se dedicó a analizar la Teoría de Juegos y el concepto del Regateo en Negociaciones, además de haber dado conferencias y seminarios sobre “El Arte de la Coerción”.

Detengámonos por un segundo y recordemos la definición de “coerción”: La amenaza de utilizar la violencia (no solo física sino de cualquier otro tipo) con el objetivo de condicionar el comportamiento de los individuos. Estos son otros títulos de pláticas que dictó: “La Teoría y Práctica del Chantaje”, y “Los Usos Políticos de la Locura”.

Pero el contexto que hay que aclarar es que estas conferencias tenían que ver con los chantajes que Hitler utilizó para poner en jaque a Austria y a Checoslovaquia en 1938 para forzarlos a unírseles, si no serían aplastados por la fuerza bruta militar alemana, eso aunado al uso psicológico que ejercía su conducta errática violenta sobre los gobiernos de Europa Central de por entonces que caldeó muchísimo el ambiente a su favor.

Lo que hay que detallar es que en ese momento de esas conferencias (1959) fueron atendidas, y muy bien recordadas diez años después, por Henry Kissinger.

Henry Kissinger para esto fue un personaje nefasto de la política norteamericana por muchos años que manejó la política internacional de los Estados Unidos desde 1969 hasta 1975 y un poco más allá, hasta que llegó a la presidencia Jimmy Carter en 1977.

Sí, eso puede ser considerado historia antigua para muchos, para mí en su momento fue leer los periódicos del diario, insisto. Así fue con todas sus contradicciones, con todas sus complejidades y con todas sus circunvoluciones laberínticas y bizantinidades, mi caso ni más ni menos.

El caso es que Ellsberg se consideraba un cold warrior, o sea, un creyente en la “Guerra Fría”, anticomunista, vaya, que podía ser pacifista y que por ello tenía la idea de que estar trabajando para el establishment era sólo para evitar una guerra mayor, y no estoy siendo irónico, él se metió a los Marines porque pensaba, creía, que ellos, los Marines no matan civiles, ni bombardeaban a ciegas blancos no combatientes. Porque él creía que eso era inmoral, no el pelear por tu país, sino hacer la guerra contra gente indefensa.

Después de salir de los Marines Ellsberg trabajó para la Rand Corp., una especie de trust de cerebros que era contratada por el gobierno para hacer miles de tipos de análisis de prospectiva muy diversos, que muchos de ellos en aquél momento se necesitaban para evaluar entre otras cosas los poderes militares soviético y chino, incluyendo las que correspondían a las respectivas capacidades nucleares, tareas absolutamente necesarias para ayudar a la toma de decisiones a mero arriba.

Por el tamaño de lo que sucedía por entonces se movía gente a todas partes donde se necesitase, Ellsberg quedó en el mero centro de donde sucedían las cosas, dentro del Pentágono, y a él mismo le tocó leer los cables, así se llamaban los mensajes entonces, que avisaban de lo que sucedía casi instantáneamente medio mundo a la distancia.

Así empezó a ver cosas curiosas, como por ejemplo lo de Tonkin, en la circunstancia de que en el instante de los hechos, los cables llegaban muy rápido y mostraban una situación de ataque no del todo convincente. Ellsberg en medio de la confusión de momento comenzó a ver algo que no era coherente en lo que leía en los memorándums entre sus jefes y los asesores del presidente Johnson, quién había sucedido a Kennedy después de su muerte, y lo que se decía a la prensa y por consiguiente al público.

A partir de ahí Estados Unidos entró en estado de defensa contra Vietnam del Norte. No propiamente en estado de guerra, que conste, ya sabemos cómo se manejan esas cosas del lenguaje, muy propiamente orwelliano.

Y apenas era el año de 1964. Y no quiero extenderme mucho con Ellsberg, valdría la pena, pero mejor recomendar su libro de Secrets.

Después de esa ocasión en Rand y de ver memorándums secretos por todos lados, Ellsberg aceptó una oferta para trabajar en el Departamento de Defensa para asistir a un alto oficial primariamente en la responsabilidad de hacer la política de Vietnam y para eso tenía que ir ahí mismo, a Vietnam, para ver de primera mano lo que sucedía, no sólo leer los deprimentes cables que le llegaban en una oficina cómoda del Pentágono.

Hay que entender más cosas. China, Rusia, eran big players, todo lo que sucedía tenía que calcularse con estos protagonistas pesados de primera línea. Agreguémosles luego en casa a los demócratas, y a los republicanos, y a la prensa, y al electorado, y dentro de la administración tenemos a los que querían borrar a los vietnamitas con bombas nucleares, y los que ya querían salirse sin preocuparse esa maniobra pareciera una derrota, o los políticos que estaban al acecho esperando su turno de jugar a la guerra con soldados de verdad y balas de verdad y muchos, muchos muertos también de verdad.

Ahora revisemos algunas de las pretensiones, las creencias, las falacias en cuya base se tomaban decisiones importantes.

La creencia en un concepto llamado Teoría del Dómino, si caía Vietnam del Sur, caía el sur de Asia y luego Filipinas y luego caería Japón.

La creencia de que si bombardeabas con napalm la jungla de Vietnam, ya no tendrían los del Viet Cong lugares donde esconderse.

La pretensión de que el prestigio de los Estados Unidos sería humillado con la consiguiente pérdida de reputación y con el consiguiente avivamiento de deseos de crear otros Vietnams en todo el mundo por parte de los rojos.

La pretensión de que se estaba ganando la guerra debido sólo al conteo de cuerpos de combatientes.

La pretensión de que es la tecnología, el armamento avanzado, y las tácticas “normales” de guerra las que deciden una victoria.

La pretensión de que se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo por siempre.

La pretensión de que por ser invasor y pelear en un país ajeno contra gente que vive ahí mismo, además de querer imponerles otro estilo de vida, todavía querer pensar que te estarán agradecidos por ello.

La creencia que eres el líder moral del mundo, aunque dejes caer más tonelaje de bombas en un año, que el que dejaste caer contra el enemigo en toda la segunda guerra mundial, y así por varios años, afirmando que esa era la mejor manera de lograr la paz.

La creencia de que con más y más soldados podrás lograr tus objetivos.

La creencia que es posible tirar una bomba atómica sobre un país y no esperar reacciones de los chinos o de los rusos.

La creencia que tienes a la prensa más influyente en tus manos.

La creencia que la opinión pública también está en tus manos.

La creencia que hay solo un tipo de paz, la tuya.

La creencia de que no es necesario hacer trabajo de campo, que sólo con leer memorándums, informes no confirmados, reportes sin verificar, opiniones de segunda o tercera mano, todo lo que pueda hacerse sin necesidad de estar allá en el campo, podrías saber cómo es la verdad, cómo es la realidad.

Y así muchas más.

¿Verdades que sí lo eran sin que la gente lo supiera? Ahí van:

Esperar provocaciones para contestar con respuestas incrementadas.

Corrupción rampante, de todos lugares, y todo mundo aceptándola como hecho consumado, sobre todo ellos, los norteamericanos, sabiendo por ejemplo que el cemento que se mencionaría en algún informe o reporte o discurso, midiéndose por decenas de miles de toneladas, se harían con él aulas que se desgajarán raspando con el mismo pulgar de tan mal hechas, toneladas que entraron al mercado negro.

Camarillas elegidas para el mismo gobierno en perjuicio de los propios habitantes, llenas de privilegios, poseedores de la riqueza y que realmente lo único que importaba no era su voluntad de gobernar democráticamente y con justicia, sino que era más bien su lealtad a los Estados Unidos.

Ignorar los mismos tratados internacionales que daban autonomía a los habitantes de Vietnam de ambos lados, para una elección libre para decidir su gobierno y su tipo de gobierno.

Que era claro que no se estaba ganando nada. Que se avanzaba sobre zonas que se “limpiaban” duramente de hostiles, y después, pasando el año, se reportaba que se “limpiaba” la misma zona, sin que nadie hubiera registrado o notado que esa ya se había “limpiado” antes. Y así por tercera, y por cuarta vez, y que la gente seguía muriendo por ambos lados.

Qué había regiones enteras “controladas” que no se podían recorrer por carretera, sólo por helicóptero, y aún así se decía que se tenía todo el territorio controlado.

Que se maquillaban reportes de cantidades de incursiones nocturnas de parte de los vietnamitas del sur, ningún vietnamita del sur podría hacer una incursión nocturna por terror total después de anochecer. Hubo mucha indolencia de parte de ellos. Y terror.

Que había planes secretos de paz, como el que anunciaba Nixon en la campaña electoral de 1968. Pero nunca hubo uno. Todo fueron trucos electorales que hicieron ganar a Nixon sobre Humphrey por un mínimo margen (como el que hubo entre Calderón y Lopez Obrador en México, en 2006).

Que la guerra acabaría pronto, pero había planes de llevarla por más de cinco años, a más de medio millón más de tropas (existían los documentos que lo afirmaban).

Que existía una corriente de pensamiento que afirmaba que era una necesidad en la administración Nixon el querer tirar bombas atómicas limitadas sobre Vietnam del Norte. Eso siempre se negó, pero apareció años después en las grabaciones de la Casa Blanca que salieron con el escándalo Watergate.

Todo esto, y muchas medias verdades, falacias y similares que faltan, pudieron ser ya conocidos por muchas personas, ya que es parte del todo conocido al respecto de la Guerra de Vietnam, pero en este contexto, de cómo un gobierno sistemáticamente se mentía entre sí, mentía a sus ciudadanos, mentía a los demás gobiernos, pero el núcleo de todo el pensamiento es que lo hizo sistemáticamente, por años.

“Luego soltábamos, girábamos, y aterrizábamos en el humo morado, decenas de niños salían de sus chozas, y corrían hacia donde estábamos y el piloto riendo y gritando: “Así es Vietnam, amigo. Bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos, bombardéalos y aliméntalos…”.

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

Fin de la Segunda Parte

domingo, octubre 25, 2009

Vietnam. Secretos de los Documentos del Pentágono, el libro de Daniel Ellsberg.

Primera parte

Siempre sonó raro eso: Viet-Nam. Yo crecí y aprendí a leer y a tener curiosidad por saber del mundo con los periódicos. Y me tropezaba mucho

con la palabra Viet-Nam. Después de un tiempo le quitaron el guion. Era algo que estaba ocurriendo muy lejos. Más bien no era tanto un lugar, sino un hecho, un suceso. Algo ocurría en Vietnam y no era bueno. Se hablaba de soldados, de batalla, de guerra, de muertos, de heridos, de bombardeos. De invasiones a Camboya, Laos. Cosas así, lejos de México.

Nadie me explicaba nada. Era algo lejano, oscuro. Nada que ver con nosotros.

Supe de Nixon, y supe de Kissinger. Gente importante.

Entre todo eso algo apareció: algo de unos Documentos del Pentágono y por los titulares había un gran escándalo al respecto. Es más, hice el intento de leerlos. Pero sólo el intento.

Luego me enteré de Watergate y el periódico durante años siempre habló de Watergate. Y nunca entendía nada tampoco.

Y todo eso ya no es tiempo presente, sino que ya es HISTORIA. Porque todo lo que pertenece al siglo pasado ya lo es (incluso yo mismo lo soy en gran parte). Las Torres Gemelas ya son historia, el Tsunami del 2004 ya es historia. Las elecciones de 2006 ya lo son incluso. Debe de haber un momento determinado en el que las noticias recientes se convierten en eso, en historia.

Vietnam ya era historia cuando terminó la guerra con Estados Unidos, y más cuando empezó.

La cantidad de imágenes en blanco y negro. La del jefe de policía disparando al vietnamita del norte, a la cara. Los niños y sobre todo la niña desnuda corriendo en las carreteras, huyendo del napalm. Soldados caminando, soldados en arrozales, soldados en lodo. Soldados de película: Apocalipsis Ahora, Apocalypse Now, de Coppola, la mejor, según yo, claro, Regreso sin Gloria, Coming Home, El Francotirador, The Deer Hunter, de Cimino, con Robert De Niro, Pelotón, Platoon, con Charlie Sheen, de Oliver Stone, Hamburger Hill (de la cual un excombatiente que nos dio clase de inglés en la empresa, nos comentó que para él era la más realista) y que no sé cómo se llamó en español.

“En los meses después que regresé los cientos de helicópteros que yo había volado comenzaron a dibujarse hasta que formaron un colectivo metacóptero, y en mi mente fue la cosa más sexy que se me ocurrió mientras pasaba: salvador-destructor, proveedor-derrochador, mano derecha-mano izquierda, rápida, fluida, inteligente y humana, acero ardiente, grasa, lienzo saturado de jungla, sudor que se enfría y se calienta de nuevo, rock and roll en cassette en una oreja y un fuego de artillería en la otra, combustible, calor, vitalidad y la muerte, la muerte misma, difícilmente intrusa.”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

En fin, eso era Vietnam, una guerra que se libró a docenas de miles de kilómetros de nosotros en una época en la que las únicas guerras que tenían real significado para nosotros eran las de monstruos en Monstruos del Espacio entre Goldar y Rodak. Nada más.

Una guerra que empezó prácticamente cuando nació mi generación, 1962, cuando los primeros technical advisors estaban ya ahí, siguiendo Kennedy la política de Eisenhower, y que no sumaban en ese momento más de 8,000. Y ese ya es un número alto, después de todo. Tenían su propósito supuestamente: entrenar al ejército de Vietnam del Sur para resistir los ataques de Vietnam del Norte, que por alguna razón querían quedarse con todo el sur. Pero eso no lo sabíamos, que caramba, estábamos en México y en esos años ni leyendo revistas, si las hubiese interesadas en el tema, o en periódicos, así, críticas o al menos notas objetivas, si te tocaba de milagro leer algo del tema del día, podrías enterarte de que realmente estaba pasando algo allá. Pero no era mucho lo que hubo.

Luego te enterarías leyendo revistas como Selecciones o Life en Español, que la cosa estaba fea por un lado (así decía Life allá por el 64: Vietnam, una guerra extraña), y que los comunistas, o rojos, querían adueñarse del mundo y que había que estar alertas.

Claro, con los años entendí que esas revistas tenían su encargo de decirle a los latinos esa parte, que lo que sucedía en Vietnam casi casi era el destino de la humanidad el que se jugaba. Y como los latinos no teníamos mas fuentes de información, pues así debía ser.

Pasaban los años y no sabíamos más que lo de vez en vez y de repente aparecía, por ejemplo recuerdo que mi papá me mandaba, nunca supe porqué esa necesidad específica y mi papá no está ya aquí para explicarme, por el periódico el Heraldo de México todos los domingos por la mañana.

Era el año de Junio de 1971, algún domingo de ese mes. Desde la esquina de la calle Jalapa con Veracruz en la Colonia Guadalupe de Tampico, me iba caminando hacia la avenida Hidalgo casi esquina con la calle Delicias (creo que ya no se llama así), en la colonia Lauro Aguirre, a una revistería donde vendían publicaciones incluso en inglés. De hecho ahí conocí la revista Mad, probablemente la llamada revista Pop (muy psicodélica, recuerdo vagamente su tipo de letra y sus variados y vivos colores, y si no fue en esa revistería donde la conocí fue en algún puesto de periódicos no muy lejos de ahí) y la revista Piedra Rodante, primitiva sucursal de la Rolling Stone de por entonces. Yo tenía 8 años.

Seguramente leí el cintillo superior de la primera plana: Los Documentos del Pentágono: Impresionantes Revelaciones de la Guerra de Vietnam. Pensé que era muy importante, quizá por ese día decidí dejar de leer lo que decía o pontificaba LE…

(Y lo que batallé para saber de quién eran las siglas: Luis Echevarría, ¡Hey, perdónenme, tenía sólo 8 años de edad y tenía dudas de si preguntar a mis mayores, por temor de quedar en ridículo! Pero eso sí, me acuerdo que cada cosa que pensaba, decía, mencionaba, discursaba, lo que fuese que saliera del maquiavélico cerebro de ese tal LE o LEA, era para ser recogido, grabado, registrado y expresado al orbe para ser repetido en los titulares de los periódicos, y el país (luego quería que el mundo mismo) a su vez debía poner atención total y sumisa a todo lo que él dijera sin posibilidad de malinterpretarlo o recusarlo, o lo peor: criticarlo o cuestionarlo, él era la patria).

…a tal nivel se me hizo importante el tema de los Documentos del Pentágono como para leer decidirme a leer algo tan denso de datos, cifras, hechos, reportes, personajes, jerarquías, autorizaciones, campañas, planes, nombres, lugares, siglas.

No recuerdo cuanto tiempo me la pasé así leyendo. Lo único que recuerdo es que ese asunto era tan importante de algún modo que a mucha gente del Pentágono les había molestado sobremanera que se publicaran, y luego no supe nada más. Y ni creo, por supuesto, haberlo terminado, yo no sabía que eran 8,000 páginas copiadas, o como dicen al sur del Trópico de Cáncer, fotocopiadas.

¿Qué que era el Pentágono? Un gran edificio donde está toda la cuestión importante del ejército de los Estados Unidos. ¿Qué era la “toda la cuestión importante” del ejército de los Estados Unidos? La verdadera fuente del Poder de ese país. El Poder de… poder ir a un país independiente a más de una decena de miles de kilómetros, meter cientos de miles de tropas casi como si nada y ponerlos a luchar contra otros cientos de miles de tropas irregulares que de cierto modo, sí estaban en su país, repeliendo a un invasor y muriendo por ello.

Es difícil no ponerse de uno de los lados. Es difícil de explicar cuando no se describe un contexto, de cuando el mundo hace mucho dejó de ser sencillo, si es que un día lo fue.

Como que muchas de las cosas de nuestros tiempos siempre están destinadas a enloquecernos ya que no sabemos ni sus orígenes ni sus destinos.

Así las cosas empecé a leer el libro de Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers.

Y bueno, hay muchos temas aquí, unos documentos que están registrando una historia de envolvimiento, así le llaman, envolvimiento, de actos de guerra contra otra nación soberana, puesto que eso era Vietnam del norte.

No es que yo vaya a decir que los vietnamitas del norte tenían la razón en automático, y que por tanto considero que el comunismo en cuestión tenía razón de ser, y no es así, sino, aislemos esa parte siquiera por un rato.

No pensemos que Vietnam era comunista por un segundo, sino que era un país que peleaba contra un invasor. Y eso de ser comunista era, bueno, la historia ya decidió su suerte aun y que haya por ahí loquitos que les atrae esa idea.

“Los hombres en las tripulaciones [de los helicópteros] dirían que una vez que llevabas a una persona muerta, siempre estaría ahí contigo, volando contigo…”

Airmobility, Dig It, del libro de Michael Herr, Dispatches, (1977)

¿Qué pasaba por la mente de ese invasor además de invadir? ¿Qué pensaba la gente que se quedaba en USA?

Al parecer la cosa comenzó extrañamente, como todas las cosas que ahora suceden, en un lugar llamado Golfo de Tonkin, afuera de la costa de Vietnam del Norte, prácticamente en sus aguas territoriales en agosto de 1964, lo cual desencadenó el permiso de parte del Congreso para que las fuerzas norteamericanas pudieran responder ataques de las fuerzas armadas del Norte.

Así las cosas, empezó la llamada Guerra de Vietnam.

Fin de la primera parte

sábado, octubre 03, 2009

Historias Alternativas de una Batalla Ya Olvidada…

El detalle es este, hay algo llamado Historia Alternativa, es una parte de la ciencia ficción que se encarga de analizar las posibilidades de la historia en las que los eventos por decir batallas, guerras, tratados, y demás incidentes del pasado fueron de otra manera, cambiando el resultado del evento en otra dirección con otras consecuencias no tan previsibles que si se encadenan con otros eventos forman un panorama muy distinto al que conocemos.

Algunos dicen que no es ciencia ficción y que sólo son divertimentos poco serios de historiadores también poco serios o de plano de aficionados. De hecho ya hablé yo del tema en un blog que escribí hará tres años que tiene que ver con una historia alternativa relacionada con los aztecas y Cortés en el sentido de que no fuimos conquistados sino solicitados como aliados y de retache, directos a conquistar España y Europa, pero con nosotros los aztecas, tan sanguinarios que éramos. Y para equilibrar esta historia, pues, Inglaterra es la única que aguantaba el Juggernaut azteca. (Juggernaut es una imagen del dios hindú Krishna, y es “una fuerza irrefrenable que en su avance aplasta o destruye todo lo que se interponga en su camino” y en este caso azteca la palabra correcta sería Juggernautl, ¿no?).

Así las cosas, no tiene mucho caso explicar más del tema, pero sí contar que me encontré con un ensayo interesante en la revista Time de Lunes 2 de Noviembre de 1981, titulado Yorktown: Si los Británicos Hubieran Ganado, escrito por Gerald Clarke.

Resulta que los británicos en esa fecha pero de 1781 perdieron esa última batalla de la Revolución Americana y con ello reconocieron que finalmente perdieron las trece colonias, cosa que es trascendente porque dio paso al nacimiento de los Estados Unidos, no poca cosa. Y como decía el artículo conmemoraba el 200 aniversario de la batalla final (parece de película) de la guerra de la Revolución, o sea, otro bicentenario más, ya vemos como son esas cosas…

Tomado de Wiki para mostrar el contexto general:

“En 1781, 8.000 soldados británicos al mando del general Charles Cornwallis fueron rodeados en Virginia, el último reducto, por una flota francesa y un ejército combinado franco-estadounidense al mando de George Washington de 16.000 hombres. Tiene lugar así la batalla de Yorktown. Cornwallis se rindió, y poco después el gobierno británico propuso la paz. Murieron 156 británicos, 52 franceses y 20 independentistas, siendo los últimos en caer en la Guerra de la Independencia.

(¿No fueron muy poquitos? Que mala puntería de todos.)

“En los restantes frentes entre 1779 y 1781, España sitió Gibraltar, una vez más infructuosamente, y se iniciaron una serie de campañas en América contra distintos puntos estratégicos del golfo de México en manos británicas, en la mayor parte de los casos coronadas por el éxito (Pensacola). Por otro lado, una exitosa expedición a Menorca permitió la recuperación de la isla en febrero de 1782. El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso término a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El cansancio de los participantes y la evidencia de que la distribución de fuerzas, con el predominio inglés en el mar, hacía imposible un desenlace militar, condujo al cese de las hostilidades.”

Gibraltar siempre será británico, lo siento, pero así es, así será. Siempre.

Y el contexto particular de la batalla es (también tomado de Wiki):

“La Batalla tuvo lugar en Yorktown, colonia de Virginia, asediada desde hacía varias semanas. Por un lado, tenemos a 8.000 británicos al mando de lord Charles Cornwallis, y por otro, a 9.000 insurgentes americanos, voluntarios de La Fayette, al mando del coronel Armand Tuffin, marqués de la Rouerie, y George Washington, así como 5.000 hombres del cuerpo expedicionario francés del conde Jean Marie Donatien de Vimeur de Rochambeau (11.000 franceses en total).

La flota francesa sostiene el bloqueo del puerto de Yorktown, impidiendo cualquier operación de reavituallamiento británica por mar, mientras que tropas terrestres francoamericanas rodeaban la ciudad.

El ejército francoamericano asedia la ciudad tras haber tomado las fortificaciones y bastiones que debían defenderla. El general británico que mandaba las tropas sitiadas en Yorktown, lord Cornwallis, se rinde, pretendiendo encontrarse enfermo, y envía a uno de sus subordinados a remitir su espada a los vencedores.”

…Pero este artículo del Time lo pone todo al revés, que los británicos la ganaban. Y el ensayo al que me refiero lo trata como si se conmemoraba una oscura batalla de las tantas que el gran Imperio tenía y que rutinariamente ganaba alrededor de todas las épocas y todos los lugares de este nuestro mundo pequeño en el que vivimos.

El ensayo destaca varios de los hechos que están en la memoria y se conmemoran, si pongo el caso México, bueno, tendríamos que pensar que hubiera pasado si el Iturbide jamás se hubiera puesto de acuerdo con Guerrero para consumar la Independencia de México, que caramba, un día como hoy, 27 de Septiembre, pero del año 1821. Y no sólo quedarnos en eso, sino el que hubiera pasado, después. Si por cansancio los españoles, los realistas, los mexicanos y los insurgentes hubieran dicho, ya, ya, ya, lo que sigue. Son detalles que sólo pueden resolver los que están muy apegados al conocimiento de la historia y saben las variables en las que nos movemos. O más bien, en las que pudimos movernos.

De eso se trata en parte esto de la historia alternativa y tiene su lado, cuando estás haciéndole al prospectivo, o al analista situacional, o al futurista, no es que te pongas a adivinar y a colocar escenarios sin ton ni son (escenario: terrible palabra que no es correcta per se, pero que ayuda a nuestros propósitos en los que uno empieza a analizar las condiciones en las cuales puedes moverle al control del uno a diez, en cuanto peor-mejor, de entre lo imposible, posible, probable, razonable y a combinarla con otras palanquitas y así obtener decenas de esos escenarios en los que se desechan varios y nos quedamos por decir con tres o cuatro o cinco, no más), y de ahí a prepararnos para poder tener los posibles rutas de acción con los cuales podemos anticipar de donde vendrá el golpe.

Analizar estas historias alternativas nos dan esa visión de poder estudiar qué factores influyeron y qué de ellos podrían repetirse. El ser humano siempre hace lo mismo utilizando las herramientas en su contexto histórico.

Así las cosas:

En México no toda la gente está consciente de las fechas, de la historia, sólo de las fechas obvias, las que marca el calendario, las demás, si no son asuetos, poco importan, es parte de la idiosincrasia del país. Cosas de la memoria selectiva en la que el Gobierno como entidad que es la que marca lo que debe enseñarse, conmemorarse y lo que no, tiene mucho que ver.

Pero volviendo al ensayo. Este es contado desde el punto de vista de un inglés, por supuesto. Menciona que la más importante batalla de la historia de su nación es La Batalla de Yorktown en Octubre de 1781.

“La batalla en cuestión fue peleado por un lado por los británicos comandados por Charles Earl Cornwallis que derrotó a fuerzas mucho más grandes de los franceses y de los americanos rebeldes en los que se tomó prisionero a su comandante, George Washington.

“Con la captura de Washington llevado a Londres y colgado como traidor, la rebelión colapsó y nadie tuvo la estatura o el estómago para empezarla de nuevo…

Aquí hay un detalle, en México, con la captura y posterior ejecución de Hidalgo y Allende y demás, uno hubiera pensado que la Independencia ahí quedara, que la paz hubiera llegado a la colonia, pero increíblemente, ahí estuvo Morelos en el sur, que, como poéticamente se ha dicho, mantuvo la llama de la independencia contra todo pronóstico, durante varios años más. Y cuando faltó Morelos siguió Mina, y después Guerrero. Y después…

“Ese viejo bribón, Benjamín Franklin, quien persuadió al rey Luis XVI para poner a su tesoro en bancarrota en la causa rebelde, se quedó en Paris, para perseguir jovencitas y volar cometas durante tormentas eléctricas.

“Thomas Jefferson, el más grande de los propagandistas de la época también se refugió en Europa, con su amante negra y continuó sus fechorías por otros 43 años.

Sé que pudiera ser difícil un poco entender el contexto de este ensayo, pero créanme, Jefferson es un super héroe. Un personaje histórico que ya hubiéramos querido muchos en este planeta. Y sí, se cuenta que tuvo su amante negra y que la familia blanca de Jefferson, ya lleva varios años reuniéndose con la familia negra de él, todos unidos por su tatara-tatara-abuelo. Y eso no lo disminuye como gran héroe.

“Una vez que los líderes de la rebelión fueron ejecutados o dispersos, el gobierno británico admitió sus errores previos –tácitamente, por supuesto- y buscó reparar los viejos errores. El rey Jorge III, que se había quejado de que se volvería loco si sus colonias americanas se perdieran...

(En la vida real, la película de George III, The Madness of the King George, Las Locuras del Rey Jorge, así fue tal cual, sus locuras están muy claramente descritas. No es poca cosa perder unas trece colonias así como así. No ocurre todos los días. Démonos cuenta, eran las mejores colonias de América entera, las que prometían los mejores recursos, sin tantos indios que mat… asimilar. ¿Canadá? Mmm, Canadá era, es eso, Canadá.)

…reganó sus espíritus y ánimos, y probó ser un monarca bondadoso. No más de un tercio de los colonos habían apoyado la insurrección y en cualquier situación, seis años de riego de sangre y de privaciones fueron rápidamente olvidados en la era de buen sentimiento que siguió a la guerra.

Eso es lo bueno en este caso. Alguien que no guarde rencor. Por algo este rey se volvió loco. Tampoco eso sucede muy seguido.

“Las colonias fueron colocadas bajo un gobierno unificado por primera vez, y una nueva capital fue establecida en el río este de Manhattan, en los campos fértiles de Brooklyn. Algunos la querían poner la nueva capital muy al sur, en los bancos del Potomac, pero cabezas más sabias decidieron que nunca prosperaría en esos lugares calientes y llenos de niebla. Seguramente asentado en Brooklyn, el nuevo gobierno lentamente evolucionaría en una democracia parlamentaria tal y como la conocemos el día de hoy, con la independencia plena llegando sólo hasta el año de 1843.

“Antes de que eso ocurriera, sin embargo, los británicos realizaron en 1833 algo magnificente: ellos abolieron la esclavitud, aquí, como en todas partes de su imperio.

“Gente de cabeza caliente en el sur, los cuales dependían de esa terrible institución, amenazó con una segunda insurrección, pero el peso combinado de las provincias del norte y el ejército británico y su flota fueron suficientes para congelar esa indignación sobrecalentada.

Aquí comienza lo interesante:

“No todo lo que hicieron los victoriosos británicos fue tan sabio, y si ellos no hubieran sido tan miopes en algunas maneras, América sería un país más grande de lo que es. No queriendo ofender a los indios, o interferir con su lucrativo comercio de pieles, Londres continuó prohibiendo asentamientos al occidente de los Montes Apalaches. El Acta de la Barrera de los Apalaches fue tan frecuentemente ignorada, pero sin embargo desaceleró el desarrollo del Lejano Oeste, la vasta área entre los Apalaches y el río Mississippi. Solo hasta en este siglo tenemos Illinois, Michigan y Wisconsin, por ejemplo, que tuvieron poblaciones lo suficientemente grandes para calificar para provincias; hasta 1908 tuvieron gobernadores de territorios nombrados por la oficina del Primer Ministro en la Avenida Flatbush, que, como todos saben, es la principal avenida de Brooklyn, enfrente de la isla de Manhattan, capital de América Británica.

Se dice que los británicos son tan decentes, (okey, en el contexto general no cínico de lo que es decencia, estoy leyendo ahora mismo un libro llamado Secretos: una Memoria de Vietnam y de los Documentos del Pentágono, escrito por Daniel Ellsberg, que habla de lo "decente” que puede ser un gobierno con sus gobernados, en este caso el gobierno norteamericano con su pueblo en los años de la década de los sesentas (y cincuentas y setentas), pero hablaremos de ello en su momento), entonces, los británicos son (o eran, que sé yo) tan decentes, lo que se dice decentes, relativamente claro, que si en la India, los gobernantes hubieran sido franceses, españoles o mexicanos, el llamado Problema Gandhi solo hubiera durado dos días en la primera vez que lo metieron a la cárcel, y no se hubiera sabido ya nada más del señor, y por consiguiente hubiera sido inimaginable que la Joya de la Corona o sea la India, jamás sería entregada a él y a su gente en 1947. Y de hecho poco después fue alguien de su gente quien lo mató.

“Otra desafortunada consecuencia de la Acta de la Barrera fue animar a los franceses en tratar de empujar su frontera al este del Mississippi. El emperador Napoleón había sido tentado para vender todas las posesiones del Nuevo Mundo, por menos de 3 millones de libras, pero Jefferson, ese consumado revoltoso, lo convenció de guardar sus 828,000 millas cuadradas para poblarlos ellos con los labriegos sin tierra de Francia y del sur de Europa. Si no hubiera sido por Jefferson, América, nuestra América Británica, podría haberse extendido del Atlántico a las Rocallosas. Hubiera sido tan grande como México, la cual heredó de España no sólo el sudoeste sino casi todo el oeste de la divisoria continental.

¿Qué es la divisoria continental? Tiene que ver con la línea imaginaria que marca las sierras principales del continente americano y con el sistema natural de irrigación de los ríos, si quieren saber más del tema, consúltenlo en Wikipedia, pero el detalle es que en México we don´t give a damn about it, así que sólo queda como asunto a detallar que al anglosajón sí le es importante y ponen placas conmemorativas y todo, quizá sea como nosotros pensamos acerca del Trópico de Cáncer, que en las carreteras sí le ponemos una placa distintiva, al menos me tocó ver una de ellas en la carretera que va de Ciudad Victoria a Mante, quizá sugerida por algún apasionado anónimo a la geografía, supongo, mmm, habría que averiguarlo…

Y la justificación de ésta adaptación de ensayo es por ese reconocimiento de México como todavía poseedor de esa masa impresionante de territorio de eso que todos reconocemos como letanía escolar: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Colorado, parte de Utah y parte de Oregon. En resumen, un territori-al-al-al-al-al, gigantesco de recursos de extensiones de praderas, desiertos, cañones, costas, montañas, valles, Disneylandia, San Francisco, Silicon Valley, Hollywood, Los Álamos, El Álamo, Houston, Dallas y McAllen.

Aquí es donde entra el opio de imaginarnos la conjugación de los verbos correspondientes, el que sería, lo que pudo ser, lo que hubiera sido, lo que no se dio, etcétera. Sí, es un opio. Te ciega de momento. Nubla el pensamiento. Quieres que ese mejor escenario posible sea el que te esté sucediendo, y tratas de asir en el vacío que ese haya sido; peor, que ese esté siendo.

Pero la idea de mostrarlo así aquí es natural para el que juega con estas cosas e irremediablemente te va llevando a pensar en cómo se originan, en meditar como un pequeño incidente conduce a un final de batalla diferente, a un final de guerra distinto. En cómo están flotando a nuestro alrededor millares de puntos pequeños de decisión, de inflexión, que pueden cambiar destinos de personas o países.

No estoy seguro si la batalla de Yorktown haya sido tan importante en ese sentido, si los colonos americanos ya la tenían ganada de antemano, si la guerra de las colonias americanas ya era un caso perdido para Inglaterra, si ya estaba el todo o nada, si la derrota fue la gota que derramó el vaso. Si ya todos estaban cansados. Si el concepto estratégico de trece colonias perdidas ya estaba en la mente de los ingleses (hubo un intento de reconquista de parte de ellos en 1812 que fracasó y que se arregló todo en un tratado en Europa que regresó las fronteras y capturas y conquistas a como estaban antes y que selló la alianza y amistad entre Estados Unidos e Inglaterra desde entonces por los tiempos por venir incluso hasta ahora, Siglo XXI) Pero de que fue un punto de inflexión a partir del cual sucedieron cosas, lo fue.

“Sólo el conde de Liverpool, que era por entonces el Primer Ministro Británico, puede ser responsabilizado por el fracaso de comprar Florida y las tierras a lo largo de la Costa del Golfo, a las cuales los españoles, tan dificultosos como siempre, pusieron el precio de un millón de libras en 1819. Si Lord Liverpool no hubiera sido tan tonto y ceremonioso esa península favorecida por el sol sería ahora una provincia americana temerosa de Dios y respetuosa de las leyes, en vez de ser una mediocre dictadura que sólo exporta drogas, enfermedades y depravación.

De entre todos los escenarios posibles de una Florida independiente, ¿no se les pudo ocurrir algo más sano? ¿Sólo ellos los entonces White Anglosaxons Protestants pueden traer paz, tranquilidad y seguridad a un país? ¿No estarán ellos, ellos como analistas WASP por excelencia o yo mismo, como lector habitante de país extercermundista-pero-globalizado-to-be, cerrados a otras posibilidades? ¿No se les ocurrió que el país independiente de Florida pudo traer las mismas virtudes republicanas (en el sentido de república) con mínima corrupción y mínima tolerancia a la falta de respeto por las leyes…? Se vale cuestionar…

“Bien, de acuerdo, de vuelta al Mississippi, donde los franceses y los británicos emplazaron una guerra constante a lo largo de las orillas del río. De hecho en la batalla final de la Guerra del Mississippi tomó lugar tan tarde como en el año de 1865. Sólo entonces en la batalla de Prairie du Chien, ciudad al sureste de Wisconsin, donde los ejércitos combinados americanos y británicos bajo el mando del General Sir Ulises S. Grant, persuadieron a los franceses y a sus aliados indios que se quedaran de su lado del río.

Hábilmente, el escritor Gerald Clarke, evoca los estruendos de combate que hubo casualmente en las épocas de la Guerra Civil Americana de 1861 a 1865. Y curiosamente le da a los indios una gran zona en donde se quedaron a salvo. Ya lo dije, los ingleses son todos unos caballeros.

“Después de eso, Paris pareció perder interés en su tercio del continente de Norte América, y con la bendición francesa, la nueva nación independiente de Louisiana alzó su bandera en Julio 14, día de la Bastilla, de 1870. Aquellos días de disputa han sido olvidados y ahora América y Louisiana son vecinos amigables. Nuestra población es de 75 millones de habitantes, de acuerdo al censo de 1980, sólo 7 millones menos de los que habitan Louisiana y su protectorado indio, Amerinda. Nuestro producto Nacional Bruto es sin embargo, considerablemente mayor, 439 mil millones de libras, comparado contra su combinado de 369 mil millones de libras.

Para esto la Lousiana sí medía todo eso. Y sí, los franceses pecaron de tímidos, o quizá estaban demasiado metidos en lo suyo, con sus guerras napoleónicas incendiando por toda Europa, como para preocuparse de sus colonias americanas, a las que estas tampoco el clima les ayudaba mucho, Nueva Orleans estaba (está) cerca de pantanos, marismas y ciénagas, además de la misma desembocadura del Mississippi en el golfo de México. No un lugar muy atractivo para colonizar. Y ni hablar de huracanes, ¿verdad?

“Ambos hemos sido leales a los países que nos nutrieron y nos protegieron de la rebelión y de otras locuras. Ciertamente América, como Nueva Zelandia, es frecuentemente acusada de ser más británica de lo que es Gran Bretaña, mientras Louisiana, como Quebec, tenazmente desea regresar a una anterior y en muchas maneras Francia más agradable. Ningún ingles podría mostrar más emoción sobre un juego de cricket que el americano promedio amante de los deportes, y el comienzo de la Serie Mundial de Cricket la semana pasada fue un ritual nacional para muchos americanos. Louisiana, a su vez, ha retenido ese descuido aparente, ese encanto algo curioso que asociamos con todas las cosas francesas: una buena comida, una buena conversación y un agradable menosprecio por las convencionales morales. También retuvo algunos desafortunados recuerdos de su herencia de frontera salvaje. A diferencia de América donde las pistolas fueron hechas ilegales, Louisiana permite a un niño de diez años, tener un revolver, nadie está seguro en sus calles.

“Ambos de nosotros hemos mostrado nuestra lealtad a Europa en maneras materiales tambien, y cuando Alemania amenazó a Bretaña y Francia con guerra en Agosto de 1914, tanto las capitales de Brooklyn y St. Louis en conjunto fueron corriendo a brindar apoyo a sus madres patrias respectivas. Esa muestra de fuerza fue suficiente para persuadir al Kaiser Guillermo II para que se retirara, y Europa, como ustedes saben, ha seguido en paz desde entonces.

Una vez más, aquí empieza lo interesante:

“Lo mismo no puede ser dicho de Asia, por supuesto, donde el conflicto intermitente entre dos grandes imperios autocráticos, Japón y Rusia, ponen en peligro al mundo entero. Después de que rompió su aislamiento autoimpuesto en el siglo XIX, Japón probó ser casi invencible. Sin ningún país en el área lo suficientemente fuerte para hacerle frente en su camino, Tokio ganó su presente dominio sobre el Pacífico, invadiendo las islas hawaianas en 1910 y forzando a un México débil a ceder las Islas Catalina enfrente de la costa del sur de California, en 1913.

Primero la pregunta, ¿porqué un México débil? ¿Porque estábamos en una revolución? ¿Madero hubiera actuado débil aún frente a una amenaza exterior del tamaño de un Japón avasallante? ¿Cómo hubieran actuado nuestros revolucionarios caudillos, frente a una amenaza exterior? ¿Los hubiera unificado contra el masiosare el extraño enemigo?

Para esto las Islas Catalina, lo leí en algún lugar, en la historia real, no fueron como se dice, negociadas, como para ser trasladadas al dominio de los Estados Unidos a partir del 2 de Febrero de 1848, cuando fue suscrito el Tratado de Guadalupe-Hidalgo en la ciudad de México a resultas de la Guerra Mexico-Americana de 1846-1847. Esas islas Catalina fueron entonces invadidas sin permiso de nadie, a partir de esas fechas por nuestros grandes amigos, los norteamericanos.

Punto interesante siempre para recordar, y sólo para agregar un poquitín de drama a la historia alternativa, el día 10 de febrero de 1848, según unos, o el 24 de enero de 1848, según otros y por tanto todavía dentro de legítimo territorio mexicano, encontraron pepitas de oro no muy lejos de San Francisco unos obreros que construían un molino en Coloma. De ahí se corrió la voz y se desató la gran fiebre de oro que dio origen a los 49ers, a los que viajaban a California en aquél año de 1849 (el equipo de futbol americano llamado así llegaría cien años después).

Pero el asunto es qué hubiera pasado si hubieran sido mexicanos los que descubrieran el oro en territorio mexicano… uno se pregunta… si otra historia nos cantaría…

“Santa Catalina es ahora el Hong Kong japonés, un centro de actividad industrial cuyo aire contaminado lleno de smog ensucia los cielos de otra manera claros del Los Angeles tranquilo y siestero. Derrotada por Japón en la batalla del estrecho de Tsushima en 1905, Rusia fue forzada a rendir su América Rusa algunas veces conocida por Alaska. Ahora, bajo su agresivo nuevo Zar, Nicolas VII, parece determinada a reganar el territorio conquistado y a empujar al mundo en lo que podría bien ser la primera guerra mundial.

Así las cosas, México, el débil México, (¿siempre sería débil? ¿Eso es hablar de sucesos que son estimulados por un carácter nacional o colectivo o más bien son dependiente de otros sucesos, disparadores por decirles así, dignos de análisis de historia alternativa ellos mismos?), repito, el “débil” México tiene delante de sí al Hong Kong japonés. ¿Habría lugar para Tratados de Libre Comercio? ¿Habría situaciones de migraciones descomunales año tras año, hacia esa isla? ¿Hacia Alaska? ¿Hacia Amerinda, Louisiana? ¿La situación económica de México siempre estaría sujeta a vaivenes? ¿Estudiaríamos francés en nuestras aulas? ¿O Japonés?¿Habría un contexto de Guerra Fría mundial que haya podido mantener el interés extranjero al reconocer a un Partido en México por tantos años y que haya logrado mantener el poder monolítico y el control corporativo sobre su gente tantos años?

“¿Que tiene que ver todo esto con la batalla de Yorktown?, preguntarás, ¿Quién puede saberlo de seguro? Todo lo que puedo decirte por seguro es que si el general Washington hubiera ganado aquella ocasión a Cornwallis, los pasados 200 años hubieran sido muy diferentes.

Oh, sí.

“Lo cual me trae a la siguiente tarea para la siguiente semana. Escriban en cuatro cuartillas, o 1,200 palaras, una historia de unos Estados Unidos independientes. Usen su imaginación, y sean guiados por una sola regla. Nada es inevitable.

Así termina el ensayo de Gerald Clarke. Bastante interesante. Estimulante, divertido, inútil, complaciente, arrogante, precipitado, irreflexivo, genial.

Para esto, este anuncio del año pasado, molestó a mucha, mucha gente. Las historias alternativas puede que no sean agradables a muchas personas.

Aún después de 162 años de los hechos, la gente es sensible.

Ah, la memoria colectiva, me encanta.