lunes, septiembre 21, 2009

¿Contando Gatúbelas? ...sólo en The Big Bang Theory

Contar Gatúbelas no lo hace mucha gente, de hecho puede que cuando lo hagas (¿tú no lo haces?), tengas problemas para hacerlo correctamente. Mira, es muy sencillo, sólo eliges entre Eartha Kitt, Julie Newmar (todo mundo olvida a Julia Newmar), Lee Meryweather, Michelle Pfeiffer, sin olvidar a Halle Berry.Ahora el problema es elegir cuál de ellas te gusta más y en qué orden van ellas.

Mmm, es difícil, ¿eh? Eartha Kitt podría estar en primer lugar, cantante fabulosa de blues, coolness total. Gatúbela negra, en ese año de 1966 eso era provocador. ¿Julie Newmar? La recordamos ciertos veteranos cuando bellísima salía como robot en Mi Muñequita Viviente, programa, obvio, sesentero. ¿Lee Meryweather? Miss USA no sé de qué año, preciosa y divina, posterior científica del Tunel del Tiempo que con toda su ciencia y con sus amigos nunca pudieron traer a Tony y a Douglas de sus aventuras pasadas, literalmente.

¿Cuál es entonces la mejor Gatúbela? No cual fue. Cuál es.Michael Pfeiffer, ya muy conocida, cantante fabulosa y sensual en los Fabulosos Hermanos Baker, cool en su prrr, y Halle Berry, Halle Berry, mmm, Halle Berry, ¿la vieron en Swordfish? ¿En Monster Ball? (Aunque sea Gatúbela negra ya no es discusión).Todo está dicho.

El orden puede ser entonces:

Eartha Kitt, Julie Newmar, Michelle Pfeiffer, Halle Berry, Lee Meryweather.

Ahora el punto. ¿Sólo los nerds lo hacen? ¿O sólo los geeks?

No es el punto aquí hablar de unos o de otros, si es que alguien los puede diferenciar de verdad.

El punto es hablar de The Big Bang Theory.

No sé cual sea la cuestión con este programa en cuanto a que tanta gente la ve, si esta es significativa o no. El punto es que hace años (muchos, quince, dieciseis) cuando escribía en el periódico El Norte de la ciudad de Monterrey en una sección efímera llamada De Todo me tocó querer comentar algo de la televisión del canal Sur (no confundir con el TeleSur venezolano de Chávez, este canal Sur era una especie de compendio de muchos canales de Sudamérica como el Mexicanal) que daban por entonces por cable y donde veíamos muchas cosas como los programas de concursos ecuatorianos, los noticieros argentinos, los talk show peruanos, y de hecho uno muy bueno con Jaime Bayly, y sobre todo, miraba un programa de comedia que me fascinaba por entonces por lo gracioso, simpático y sencillo llamado Casado con mi Hermano. El caso es que no me lo publicaron que porque no todos los lectores del periódico El Norte tenían cable y no le entenderían o al menos no era de su interés probablemente. Misterios de la demografía. En fin.

The Big Bang Theory. No todos tienen cable, no todos lo conocen, pero aquí en este blog no desperdiciamos papel, total somos greenies, verdes, environmentales, ambientales, whatever. Por tanto hablaré de las personas estas que aparecen en TBBT que parte de lo que hacen, en lo que se entretienen, es precisamente en hacer discusiones serias de algo tan trascendente como responder a la pregunta “¿quién es la mejor Gatúbela?”.

Pocos entienden que sí es trascendente.

Y muchos consideran que eso es trivial. Casi frívolo, incluso.

Exploremos pues, temas no tan principales pero que siempre salen en TBBT:

¿Cómo saber que no estamos en The Matrix? (La comida siempre es mejor ahí).

¿Cómo saber reconocer a una chica esclava de Orión? (además de saber que son sensuales y verdes, mmm, de acuerdo, pertenece al mundo de Star Trek, alias Viaje a las Estrellas, ¿alguien allá afuera menor de treinta años sabe que Viaje a las Estrellas es el nombre original en español de Star Trek?)

O bien, apreciar un Nintendo 64 para jugar Mario de manera original.

O usar una camiseta con un patrón gráfico de televisión a la antigua usanza.




O sospechar si Peppermint Patty es lesbiana, y no, no lo es, es atlética, es Marcia quien es lesbiana (y saber que son personajes de Charlie Brown, mmm, ¿Snoopy?, sí, ese Snoopy).






O despertar de pronto a mitad de la noche y gritar “¡PELIGRO, PELIGRO!” (saludos Will Robinson, donde quiera que estés).

O como considerar entender un chiste de Klingons, o algo más complejo, tal vez, como evaluar si realmente George Lucas infringió en un error, falta, pecado, elemental al permitir la reinterpretación de los hechos (¿que no hay respeto?) respecto a que Greedo “apareciera” como que él disparaba primero a Han Solo en aquella taberna de Mos Eisley, cosa que los que conocieron las películas de Star Wars antes de sus “ediciones especiales”, sabían que fue alterado artificialmente para justificar que Han Solo le disparaba al cazarrecompensas originalmente primero alterando también el código de aventurero del mismo, amoral, artero y mañoso hasta ese momento, por tanto no compres su cereal o shampoo con su cara.

Y ellos un día podrían discutir quizá si Indiana Jones podría a su vez ser manipulado en Los Cazadores del Arca Perdida, y que sucedería ahora al ver la escena en Egipto con el espadachín vestido de negro amenazando con dos sables a Indy, y éste, con su látigo como arma precisa pero él, ya cansado y desesperado, nos sorprendía a todos con la entonces madre de todos los anticlichés al acabar con el duelo prematuramente, de cierta manera injusta, alevosa y hasta criminal, con un balazo artero y mañoso, matando al espadachín, ¿qué pasaría, qué hará Spielberg respecto a eso cuando le llegue a su mente la comezón del dilema moral? Esa es la pregunta frívola, trivial, total.

O podríamos tomar en cuenta, ¿Batman murió o no murió en esa explosión del helicóptero? Según el canon de comic así fue y desde entonces ha sido substituido por el primer Robin, quien a su vez ha sido substituido por el hijo de Batman que…

Bueno, ¿esta gente es así siempre de rara? ¿O así hemos sido, o somos, algunos tal vez?

La premisa detrás de TBBT es la de cuatro jóvenes (dos ya están perdiendo el pelo) Leonard Hofstadter, Sheldon Cooper, Howard Wolowitz y Rajesh Koothrappali, de los cuales dos de ellos (Leonard y Sheldon) viven juntos en un departamento, los otros dos viven fuera (Wolowitz y Rajesh), y de cierto modo es esto todo un cliché a todo lo que da, pero con sus matices y sutilezas propias, por supuesto.

Los jóvenes son básicamente físicos que hacen investigaciones científicas y en sus ratos libres no. Y eso no es todo lo que haría interesante en sí al programa per se, eso en sí forma ya una masa inamovible con sus propias concepciones del mundo, además habría que agregarle la aparición esperada de la proverbial fuerza irresistible para equilibrar el conflicto: su vecina, una rubia normal, guapa y hasta cierto punto voluptuosa que le da sabor al caldo, le da contraste y le da textura, ella es la tentación, ella es el santo grial, ella es la excepción que marca la regla en su existencia, ella es la manzana. O al menos eso fue ella en la primera temporada ya que ya no aparecen tanto ni su escote, ni sus piernas.

Así las cosas el programa muestra las aventuras y desventuras de estos cuatro científicos jóvenes que siempre han estado trabajando junto con computadoras, que manejan Facebook, que respetan Internet como a un dios menor, que saben de blogs (¿quién no sabe de blogs?), que manejan en ocasiones los mismos satélites secretos que manejan los militares del Pentágono ¡para ubicar la casa escondida donde están las chicas de la American, Next Top Models!, que saben que la personalidad y que sus celos fulgurantes figuran en las mismas presentaciones de teorías de física cuántica que hasta provocan peleas en los salones frente a la misma audiencia y que son grabadas para ser subidas de inmediato a YouTube, por supuesto.

Los capítulos, típica comedia americana sitcom, de 22 minutos más comerciales. Y lo de siempre, equívocos, consecuencias de los hechos de los ticks emocionales de cada quién, extrañezas particulares del carácter quirky de alguno de ellos. El mundo visto desde fuera, la mirada desde el alien frente a la sociedad en la que los demás, nosotros, viven, vivimos. Y esto es desde su lógica pragmática total, absoluta, despiadada, absurda y en ocasiones infantil. De lo sublime a la rabieta suprema.

No es que ellos sean sabiondos, o categorías arcanas del conocimiento afines, que sí lo son, pero lo son porque tienen la capacidad y porque adoran el conocimiento y adoran la tecnología, y no saben si eso los hará libres y no les importa, lo disfrutan en su vida diaria, porque saben al dedillo cuestiones como el tema del Gato de Schroedinger el cual no solamente lo discuten en charlas de física cuántica sino para lo aplican al dilema cósmico de si invitar a la vecina a salir o no. Eso los hace humanos, identificables, coeficiente intelectual, fuera de la escala; coeficiente social, una piedra bola de río les gana.

O se juntan para corear los cuatro juntos el Also Sprach Zaratustra de Strauss, que se enlaza más que imperativamente con 2001: Una Odisea Espacial en el momento en el que el prehomínido (mencionar que el escritor Arthur C. Clarke bautiza a éste en la novela como Moonwatcher, sería demasiado, creo ¿o no?) lanza el hueso-arma primigenia que con el paso del tiempo hará a su especie la reina del mundo.

O también se puede hablar de su percepción de poder ver el maratón completo del Planeta de los Simios al que van vestidos al cine con máscaras de gorilas. Porque eso es devoción al cine, o más bien, a ese tipo de cine. Buenas películas, si sabes verles el ángulo.

O quizá pensar en su comprensión de Neo, el mesías de Matrix, o de Frodo. O pensar en la camiseta que usa Sheldon de Green Lantern-Linterna Verde, o de Flash, personaje clásico de la Edad de Plata del Comic (de DC, para esto, que es propiedad de Time Warner que es el dueño del canal de cable, ¿cuándo veremos una camiseta del Hombre Araña para esto?).

(Ah, es que no sabían que hubo una Edad de Oro del Comic y una Edad de Plata del Comic? Oh.)

Y eso es lo que me lleva a pensar en el mundo real de estas personas.

Ya una vez he contado la anécdota que le sucedió a un amigo que él y sus amigos compraban comics en La Posta, allá en la colonia Tecnológico, prácticamente enfrente del ITESM, en Río Pánuco, cerca de Avenida Garza Sada, en Monterrey, hará hace casi 15 años, cuando cada jueves iban a comprar los comics fresquecitos que llegaban de Estados Unidos. Esa tarde en particular se juntó un amigo de ellos que no era habitual del grupo, y que los acompañó a recoger los comics. Ellos así lo hicieron y enfilaron después hacia las hamburguesas de costumbre, el amigo iba atrás en el carro. Al parecer ahí miró los comics con cierta curiosidad. Guardaba silencio mientras los de adelante hablaban de los mil temas de costumbre, hasta que escucharon su voz de sorpresa: “¿Robocop y Terminator, juntos?”

Así era. Robocop contra Terminator en un comic de cuatro partes (escrito por Frank Miller, el de Sin City y de 300, nada más, y dibujado por el excelentísimo Walt Simonson), escenario fantástico que sólo en comics se puede realizar (luego llegó el desastre de la película Aliens contra Depredador, pero esa fue otra historia). El amigo se queda de nuevo en silencio, le da un vistazo rápido, parece que lo está hojeando. De pronto se oye su voz asombrada desde el asiento de atrás diciendo: “¿Cómo? El poderoso Robocop, ¿siendo derrotado por Terminator? Adelante, los curtidos aficionados al comic, solo se miraron en silencio y dejaron impresa en su mente, por siempre, la frase inmortal:

“¿El poderoso Robocop…?”.

Así no es difícil entender a los chicos de TBBT y sus mundos alternos posibles. Tipos nerds, como de los que antes que la gente supiera que Bill Gates y Steve Jobs habían sido nerds de jóvenes todos se burlaban de ese así-tratado “subgénero” humano, y que hoy por hoy la consigna es, “no te burles de un nerd, con el paso del tiempo puede que sea el Presidente de tu Empresa”.

TBBT es fresco, la burla va dirigida hacia todos lados: hacia los chicos estos, hacia el sistema, hacia todas partes, es sencillamente divertida. Llena de referencias intelectuales, obscuras a veces, pero no tan profundas, es como un humor especial compartido por pocos, pero eso no trabaja en su contra, más bien trabaja a su favor.

Es algo similar como lo que sucede con Futurama, la serie de Matt Groening, que a diferencia de los Simpsons, está mucho más recargada intelectualmente con chistes aún más selectos en que, dicen sus productores, si uno de cada cien espectadores le entiende y se ríe, ya están satisfechos. Así es con TBBT. Los matices y referencias de cultura pop son abundantes, pero no son obvios, tienes que reconocerlos en un acto de contrición sintiéndote reconocido, regocijado y sobre todo reivindicado de que tú también compartes tal o cual punto de vista relativo a comics, a libros o películas de ciencia ficción, algunas de culto, algunas no, clásicos de cine, caricaturas y demás intersticios culturales, transversales, colaterales, retroactivos, y hasta fastforwardeados.

En otra escena, resulta que los cuatro chicos se pasan cierto día de la semana para jugar Halo, el juego de guerra tan popular del Xbox, en el que ellos juegan los cuatro coordinados y es tanta la concentración que en medio de una refriega se abre la puerta, llega Penny-la- voluptuosa con tres amigas, todas vestidas de fiesta, sexys y divinas, diciendo en voz alta algo así como que si ellos cuatro querrían pasar un rato agradable con ellas yendo a bailar esa misma noche. Ninguno de los cuatro amigos con las manos en los controles abandonan su gesto de concentración. Todos en ese momento están con la mirada puesta en la pantalla, atentos a cada detalle sucediendo frente a sus ojos. Siguen advirtiéndose entre sí, apoyándose y cubriéndose: “¡Cuidado! ¡Atrás! ¡DISPAREN, DISPAREN!”. Las chicas se ríen cuando Penny les dice a las demás: “¿No se los dije?” y sonriendo abandonan la casa. En ese momento Leonard exclama, poniendo pausa al juego: “Alto, alto, ¿escucharon algo?”. Los demás se detienen, se miran y dicen: “No, nada”, Leonard piensa y concluye: “No, de seguro no era nada, ¡Sigamos!” y siguen jugando, la concentración de nuevo, total. “¡DISPAREN, DISPAREN!”.

Así las cosas, ¿Gatúbela? ¿Halle Berry? ¿Eartha Kitt?

Y si todo falla, no olvidemos esa sensación de asombro, de renacimiento del espíritu, joya del reconocimiento fraternal a través de las fronteras culturales de nuestro universo navegable por el Enterprise, por el Millenium Falcon, por la Galactica, por la Discovery, por la Tardis. Un universo en el que existen los Daleks; uno en el que los Jar-Jar y similares no existen ni existirán; uno en el que los Cardassians siguen de pleito eterno con los Bajoran; uno en el que los Borg te quieren asimilar y en el cual toda tu resistencia será, es, fútil; uno en el que los kandorianos siguen viviendo en su pequeña ciudad reducida por Brainiac el poderoso enemigo de Supermán; un universo que partió según de una gran popular teoría, la del Big Bang, una gran explosión de la que partió todo, incluso la luz, incluso el tiempo, incluso tú, incluso yo, sensación que no se le parece a nada, justamente a nada, y así musitemos casi en silencio, siempre con respeto y asombro:

“El poderoso Robocop…”.

sábado, septiembre 12, 2009

Placeres Culpables, la canción de “¿Qué vas a hacer esta noche?”

Creo que llega un momento de darnos permisos. De ser cursis. De ser retro sensibles. De explorar nuestros sentires musicales in extremis. De explorar nuestra área de alta sensibilidad escondida en alguna parte de nuestro cerebro que normalmente conviene que esté suprimida. De estar en los zapatos de quienes fuimos los años primeros de nuestra existencia racional (y su derivación emocional en plena contradicción) en toda su confusión al entender dentro de la consciencia, que ahí estaban ellas, nuestras objetos de deseo, y que se veían y sentían (eso por intuición) maravillosamente.

Sumado a lo anterior el reflexionar algo ya sostenido por mí de cierta manera al respecto de que la radio en los años setenta era nuestra cómplice, nuestra confesora, nuestro rayo de proyección en donde nos veíamos a lo lejos en la noche, en la soledad extrañamente acompañada, listos para hacer cosas desconocidas, que habíamos visto en la televisión o en el cine. Como una lucecita en medio de la oscuridad, no una estrella más, era más bien, LA estrella. Se pueden escribir cientos de palabras, miles, del poder de las canciones, de cómo se convierten en nuestros mensajes, en nuestras ideas.

Para esto, quiero decir lo obvio, que las mujeres son maestras en ese arte secreto, arcano y oscuro de saber qué canción particular corresponde a qué sentimiento, por más específica y rara sea la situación de la vida real que la esté afectando, su proceder, su efecto, consecuencia, ángulo, etc. Ese tema, como digo, da para más.

Y otra cosa, eso no lo comentábamos entre cuates, ¿cómo lo íbamos a decir?, ni a nuestros mejores amigos. Secreto de estado. Nuestra sentimentalidad descansaba en una canción.

Si se hubiera sabido sería escandaloso.

Probablemente no en una canción sola, sino en varias, pero cualquiera en particular, pudiera ser un buen punto de partida.

Así las cosas un día de mil novecientos setenta y tantos, creo, vi la película argentina de Los Muchachos de mi Barrio, por supuesto, con este chico, entonces, llamado Palito Ortega. En ese tiempo en que el cine argentino se dedicaba puramente a entretener.

Ya después Argentina dedicó parte de su cine a hacer apologías del gobierno militar, allá por los 80’s, y me tocó ver recientemente a Ortega participando en varias de esas películas, y esas las ves sólo para entender hasta donde llegó el aparato gubernamental argentino para justificarse. Pero Palito Ortega salió ahí y no parecía muy obligado ni compungido de hacerlo. Ahí están esas películas para comprobarlo. Triste caso.

Pero faltaban lustros para ello y ¿Qué vas a hacer esta noche?, la canción clave de la película es algo simbólica y de cierta manera evoca un momento bello, afecta, llama, y apela al sentido romántico del chico que está frente a la chica, momento durante el cual quizá ella no lo escucha, quizá porque ella es inalcanzable… tal como siempre nos sucedió a algunos de nosotros o quizá a todos, pero no lo dijimos.

Esta canción está llena de sentimentalismo, llena de esperanzas, llena de buenos deseos…

La historia va así más o menos. Lito, o sea Palito Ortega, crece desde pequeño adorando a una niña rubia, preciosa, llamada Elsita, pero él es pobre (¡pero honrado!) y parece que no tendrá oportunidad nunca con ella, crece, y de pronto, como es de esperarse, se lanza a la chica para que sea su novia, claro, en aquellos tiempos no había mucho más a lo que se pudiera lanzar, ella quisiera con él, probablemente, no lo recuerdo, pero el detalle es que ni él ni ella están destinados a estar una junto el otro, de seguir así las cosas, a ser ni siquiera novios. Las malditas clases sociales, como siempre.

El hecho de que la película se llame Los Muchachos de mi Barrio (que acabo de saber que se estrenó ¡¡¡en 1970!!!) no sirve de nada comentarla aquí, pero sólo les diré que la película está dedicada a ellos, a todos aquellos que formaban parte de una pandilla, de un grupo circunscrito a la periferia de un vecindario, de un barrio, de una cuadra, de un parque, de una escuela o tal y como le sucedió a mi hermano, al de un OXXO, que en aquellos tiempos en los que él se juntaba, solo había como 20 en toda la ciudad, y no como ahora que esos 20 son los que pueden existir sólo en una sola colonia y próximamente son los que tendrás en tu cuadra.

Entonces Lito, rechazado y dolido, se va en un barco en busca de fortuna, y solo se ve que regresa diez años después (bueno, desde el principio de la película toda la historia del Lito joven es mirada a través de flashbacks), y que él es ahora la gran función, él les demostró en todo ese tiempo a todos lo equivocados que estaban, que él sí era una gran estrella en ciernes y que actuaría en el gran teatro de su ciudad natal para que lo más selecto de la sociedad pudiera atestiguar su triunfo.

Rabieta soñada no hay mejor que esa, ya lo sabemos. El revanchismo, amable y sutil, pero revanchismo a fin de cuentas, que queremos todos los que hemos sido aplastados por el Sistema que nunca reconoció o no tuvo la capacidad para hacerlo, el percibir y menos, el recompensar nuestros talentos. Eso y pedir la luna, lo mismo.

(Que falta de humildad, modestia y nobleza se trasluce en este párrafo, ¿eh? Y del complejo de inferioridad, ni hablar tampoco. Que verguenza.)

Okey, demasiado infantil e inmaduro el asunto. Pues ni modo.

Después de la rabieta en vivo, quiero decir, del concierto, Lito se encuentra con todos sus viejos amigos, que lo esperaban, como en coincidencia cósmica, en la plaza del viejo barrio que por milagro del progreso no ha cambiado nada en lo absoluto. Los mismos vecinos que les hacen las mismas cosas para que no se sienten en las ventanas, cosas así.

Y ahí mira hacia la casa, la vieja casa donde su pretendida y bella Elsita, vivía ¿o vive?, tiene la esperanza mínima de que los diez años no han pasado en realidad. Pero sin embargo el tiempo pasó y nos atropelló, dirían algunos.

Pero este no es el caso. Esto es cine, recordémoslo, el material que forma nuestros sueños e ideales. Y de ahí sale esta canción.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

La cosa es clara, no hay dinero (bueno, Lito si tiene en ese su momento del regreso y mucho, pero uno cuando se necesitaba no tenía) en ese sentido, estar con la chica adorada, ir con ella a donde sea, a caminar, a un cine, a un café, a un parque, (ahora un centro comercial, un mall, una plaza comercial, un antro) donde sea, pero que sea, y solos, sí, solos, lo que tenemos que decir es para que nos escuche solo ella y uno… ¿es mucho pedir?

La chica, Elsita, está allá arriba en su casa, debe estar ahí, no hay razones claras o prácticas para que en diez años se haya ido a otra parte, a estudiar, a trabajar, o lo peor, a casarse con alguien que no es uno. No, eso no es justo, no es plan, no es correcto, no hay sentido de justicia en el universo, ni pensarlo, ¿casarse? ¿Sin avisar? Jamás. ¿Sin que los amigos comunes avisen? Impensable. Los amigos son los amigos. Son el último baluarte incorruptible de la humanidad. Ellos jamás nos dirían mentiras ni nos ocultarían la verdad. Además hay celular, internet, Blackberry, Messenger, DHL, UPS, FedEx con el cual uno se puede comunicar… Bueno, en 1970 ¿qué había? Telegrama, carta, telex, ¿sería suficiente? No lo sé.

No, no señor… ¿o sí?

¿Qué vas a hacer esta noche?,

Vamos, te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Algo le queremos decir… ¿qué es ese “algo”?, ¿se puede sostener una plática interesante y de altura, llena de gracia, con una mujer al mismo tiempo con todo el nervio que nos corroe en la panza? ¿Qué, se va a burlar de nosotros acaso? ¿O nos dirá la peor frase, esa que dice, “te quiero pero… sólo como amigos”?, similar a la de “tú eres mi mejor amigo”. ¿O la otra peor, “sabes que ya tengo novio”?, ¿y la todavía más más peor? “Me casé, ¿no te contaron…?”

La decisión se rompe como por arte de magia, no sabemos de dónde sale ese valor, es un himno al suicidio, a la humillación por venir… o tal vez no y allá vamos con el deseo:

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

¿A qué edad sabemos que es hablar de amor? ¿Quién nos lo enseña? ¿Es algo natural? ¿Esta canción es romántica por ello? ¿Por qué es esta canción una visión idealizada de lo que haríamos de poder? ¿Cualquier ser humano con sangre en las venas lo pensaría así? Aquí se maneja mucho valor. Algunas personas puede que hagan esto una y otra vez y lo conviertan en una actuación, en un medio para conseguir algo más, todavía peor, puede ser un arte a ser dominado con el paso de los años.

Pero lo que sí es seguro es que nadie nos ayudará en esto. Es una de las más grandes soledades que existen, los momentos previos a hablar con una mujer, con esa mujer. Precisamente con esa mujer que es la que nos hizo regresar por ella después de diez años y que por circunstancias del destino ni le escribimos, menos le hablamos ni preguntamos por ella. Eso sí es un gran pequeño descuido, ¿no? Digo, pedimos paciencia, pero eso ahora es demasiado, pienso.

Diez años, caramba, tárdate eso en comunicarte con el amor de tu vida, a ver cómo te va.

Dejando atrás esas reflexiones recuerdo una ocasión que tuve 15 años, un martes 22 de noviembre de 1977 en el que yo estaba ahí en los pasillos de Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales de Monterrey y le dije y ella me respondió…

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito a bailar,

o si prefieres un cine

o tan solo caminar.

Pero la vida es como es y no tiene script, en la película, que por algo es película, aparece la chica, Elsita bellísima, arriba en el balcón, pero eso sí, con el paso del tiempo demostrado con su cabello arreglado con chongo (adelantándose a Isabel Perón por cinco años, debo decirlo, pero no importa, no restemos romance e idealismo a la escena). Y él, Lito, encantado de la vida, la ve desde abajo, la mira con atención, está deleitado, contento, todos los sueños por los cuales luchó están ahí, en el balcón, a sólo unos metros de distancia.

¡Esperen! ¡Algo sucede en el balcón! Al lado de la bella hermosa y preciosa Elsita, aparece una niña al parecer rubia también, ¡y un niño! que también mira a Lito, quizá preguntándose qué pasa con la serenata sui generis.

Lito está destrozado. ¡Hijos! ¡Su amada Elsita tenía hijos! ¡Se casó hace algún tiempo! El tono de la canción ya no es el mismo. Todo cae en el pecho de golpe, en el cerebro se tarda más, eso no se asimila en cinco segundos. Pero es una película a fin de cuentas.

¿Qué vas a hacer esta noche?,

vamos te invito salir,

quiero encontrarme contigo,

algo te quiero decir....

Película a fin de cuentas, dije, en ese instante ella, la bien amada, vuelve a la casa, solo queda la niña que alcanza a decir: “¡Señor, espere, que mi tía Elsita va a bajar!”

¡La niña es sólo una sobrina! Ahhh, bueno, ella sí lo esperó, después de diez años, ella lo esperó, ¡esas son mujeres, no pedazos! Lito está contento. No cabe en su corazón.

Ya no hay más dudas, no más esperas. Es más, sus amigos se lo confirman. Ella lo esperó todos esos años.

Esta noche voy a confesarte todo lo que siento,

esta noche tomaré tu mano te hablaré de amor,

esta noche voy a decidirme te hablaré de amor.

Siendo una canción que acompaña a una película, es un indicador palpable de que todo termina bien. Todo. El 100% de las cosas. Bueno, eso se da más todavía si la película es comedia. Dudo que en la vida real las cosas sentimentales terminen tan bien, si es que estas terminan alguna vez, y al menos ya quisiéramos que eso pasase en un 50% o en un 25% o que todo redunde en una total incomprensión que sólo la Teoría del Caos comprende, comprueba, o pronostica.

La cosa, vida, es más difícil. Está hecha la vida de aprendizajes, de luchas, de entendimientos, de incomprensiones, de tropezones, de caídas, de pegarse la cabeza con la pared, de rechazos, pero así es. Es lo normal. No a todos les pasa en la vida exactamente así, depende de tu adaptación, de tu entorno, de con quién te relacionas, de toda la situación que tú mismo construyes o que se construye delante de ti. La que tú permites, la que se toma el permiso de hacerlo por ti.

Hay triunfadores, hay perdedores, y hay gente que transluce su vida en el medio de ese indicador, y son los más. Somos los más.

Pero en la soledad de la casa, en tu recámara compartida con tus hermanos, allá hace mas de veinte años, viendo la película de Los Muchachos de mi Barrio, pensando en esa canción de ¿Qué vas a hacer esta noche?, uno llegó a pensar en ese momento que esa canción era la que expresaba esa idea de esperar a la chica abajo, mirar hacia a el balcón, allá hacia arriba, y querer creer, poder creer , buscar incesantemente que la vida por un instante se detendrá y que tendremos toda la noche por delante sólo para nosotros dos…

Sólo para nosotros dos, eternamente…

Y el video está aquí , disfruten.


lunes, septiembre 07, 2009

Para cuando no estemos… El Mundo sin Humanos

Un documental que ya vi no sé en qué canal, el Discovery, algo así. Era sobre que le pasaría a la Tierra si no estuviéramos. Así de plano.

Los humanos están. Un segundo después ya no están.
Supongo que fue realizado con el fin de que viéramos ese delgado equilibrio de las cosas que nos rodean. Una oda indirecta hacia el famoso Mantenimiento Preventivo más que al Correctivo. Algo similar al lema de “¡¡El Mundo se Acabará Mañana!!” Recordando también aquellos temas que veíamos en la prepa acerca de la fatiga del metal. Bueno, nos lo comentaron en alguna parte. Y vaya que aquí se ve todo así.

De cuando no estemos. Si por alguna causa viniera Dios (sobre todo los de aquella serie, ¡como diez!, de libros cristianos de Left Behind que es muy graciosa desde cierto punto de vista) o los Extraterrestres (que quieran servirnos, en comida) o una enfermedad ultraponzoñosacontagiosainfecciosa inmediata, el Osito Bimbo (que despertó del sueño rigoroso todo enojado cansado de todos los chistosos que juran por él) y decidiera(n) que ya no estuviéramos para cuidar nada de esta nuestra hermosa Tierra.
Sí, es un tema así como para no hacerse el gracioso.

Llegué tarde al programa, no recuerdo si dice como desaparecimos, pero empieza en materia en cuanto dice que si las plantas de energía funcionan hasta cierta cantidad de números de días. Luego la de los animales caseros que dependen de nosotros para vivir y ya no tienen comida. Luego la de hierbas que empiezan a o invadir los terrenos por todos lados, las hojas de los árboles. Y de ahí me paso hasta seis décadas.

Juro que luego le acomodo lo que me perdí.

El óxido llega. Nadie lo repara. Han pasado 60 años desde que nos fuimos. El óxido deshace el hormigón. El agua llega y se congela y se derrite con el paso del tiempo. Y eso hace que se expanda y contraiga todo a su alrededor.

Todo se fractura sin nosotros. Todo se desploma, poco a poco. El planeta nos empieza a controlar. Bueno, nosotros no estamos, más bien sería, el planeta empieza a tomar su control. Si es que uno pudiera figurarse al planeta como un ser vivo, como dicen los seguidores de Gaia y esos asuntos que dicen que nuestro planeta es como un organismo vivo y que nosotros somos solo parte de ella, como si fuéramos sus microorganismitos que pagamos impuestos y comemos McDonalds cada tanto tiempo y vamos a Acapulco cada año a un congreso de Cisco muy provechoso, pero aburrido.
Ahora son 120 años sin humanos. Los rascacielos se van cayendo. Es natural, nadie les hace caso. No hay gente de Mantenimiento Correctivo ni Preventivo. Nadie les pone aceitito. La erosión también lo cobra todo. En cuanto a fauna los lobos van llegando. Se posesionan de Europa. Comen lo que sea. El asfalto por otra parte se empieza a quebrar, está lleno de hierba. Por todas partes.
Londres será una ciénaga, el mar lo invadirá a causa de la falta de quien lo detenga. Las mareas lo irán consumiendo.

Los cambios de clima serán terribles. Las presas se vendrán abajo, todas, las más poderosas, las más orgullosas. Hechas de hormigón todas ellas también, pobrecitas. La erosión ya lo dije, lo destroza todo, hace que sus paredes todas se desploman. Y que las miles de toneladas de agua se desplomen sobre los ríos salvajes.

Lo que me asombra es como realmente vivimos en un hilito. Como todo depende de un equilibrio. Eso es lo que corta la respiración. Y que son ese tipo de cosas que a nadie le quita el sueño. Es como el cuerpo humano, bolsa de piel que contiene agua y huesos y órganos en una casi perfecta mezcla o dosis o combinación tan frágil que cualquier cambio nos pudo causar gripita leve. Otro cambio pequeñito en su fortaleza nos pudo dar A1H1.

Manhattan, un bosque de nuevo. Parece como cuando costaba 24 dólares de nuevo. Todo verde, todo arroyitos, todo vida silvestre. 

Los pajaritos cantan y la luna se levanta. En Nueva Orleans, el Mississippi regresa, el mar se recupera. Todo será felicidad para los ecologistas, ¿no?

Excepto que ya no hay ecologistas.
200 años sin humanitos y los peces vuelven. Los barcos están hundidos o encallados y… oxidados por supuesto. Todo el hierro también oxidado en las alturas, da de sí. La pregunta es cuál será el ultimo monumento para caer, ya que los humanos ya no están. Las pirámides han estado ahí por cuatro mil años. Pero son de piedra. Pueden aguantar mucho. Quizá la Gran Muralla.

Es como cuando vemos El Planeta de los Simios (1968) que ocurre en el año 3978 o quien sabe cual, dependiendo de la versión si la original de Franklin J. Schaffner o la de Tim Burton (2001) en donde vemos las ciudades norteamericanas (¿cuales otras? ¿hay más?) muy reconocibles (sobre todo en la ya clásica serie de TV de 1976 que en mi tierna adolescencia me impactaba sobre manera, con uno de los mejores temas musicales de la TV, extraño y misterioso), siempre con el asunto de la delatora Estatua de la Libertad en la playa.

Pero en ese momento el Coronel Taylor, o sea, Charlton Heston y después de todo lo que pasó el pobre con los simios malvados e intolerantes y suponiendo que estos primates volvieron a una vida más sana y primitiva con los humanos en esta película reducidos estos a una vida más todavía primitiva como animales, durante todos esos siglos, eso sí, por supuesto, sin Mantenimiento Preventivo.

Así, el bueno del coronel Taylor, no sé si la reconocería al ver lo que quedó ni si diría “¡Locos, lo volaron todo, ah, ¡los maldigo! ¡Dios los maldiga hasta el infierno!”, ya que primero en la vida real se le caería el brazo, luego la cabeza y sólo durante cierto tiempo quedaría la base y eso sería mucho antes de ese año de 3978.

Y no es la guerra nuclear en este caso, sino es la sencilla lluvia la que nos destruye las huellas nuestras. Corroe la pintura, el metal se expone, este se oxida, todo se cae, la Torre Eiffel se cae, los rascacielos también, como dije, estatuas, monumentos, etc. Los símbolos dejan de serlo. Ni quien barra.

La lluvia es la lluvia, el agua es el agua. Encuentra su camino y todo lo corroe.

Todo es gloomy, oscuro (o luminoso, ¿por qué no?, seamos optimistas al final), silencioso, como un parque funeral largo, grande, inmenso (pero luminoso).

Los arboles lo cubren todo, crecen, las hojas después de 200 años de ciclos de caer forman una nueva tierra con la que borran las calles, los pisos, sólo queda algo de plástico de aquí y allá, igual las botellas de vidrio que te dijeron que no tirarás en los bordes de las carreteras. Ah, porque el plástico y el vidrio ahí están donde los dejaste cuando fuiste descuidado.

El acero inoxidable siempre quedará. Por algo es i-no-xi-da-ble. Los fregaderos y demás de ese material siempre quedarán por siglos. Cool, ¿no?

Caballos, bisontes, de nuevo por todos los Estados Unidos. Los perros se hacen salvajes, digo, los que sobrevivieron. Todo se hizo salvaje de nuevo. Lindo, ¿verdad?

Se hace un salto, ahora son 1000 años sin mí, sin ustedes, sin nadie, en silencio todo. Como un planeta por explorar por alguien curioso. ¿Habrá vida inteligente afuera y habrá curiosidad?

La base de la Estatua de la Libertad todavía sigue. Ciencia Ficción a todo galope.

250,000 años después de los humanos. Cambios de la órbita nos enfrían más (que ahora suceden, pero muy lentamente y casi indistinguibles). La nieve nos invade, ¿es válido decir que NOS invade si ya no estamos? Ya no hay verano. Los glaciares llegan de nuevo a Manhattan (recuerdo una excelente historia de Arthur C. Clarke al respecto).

Pero en la Luna ahí están nuestras huellas. Un auto está ahí, el auto lunar que se llevaron en 1972 durante la misión del Apolo 15 (como me gusta ese modelo), una cámara de televisión, algunas cosillas más que todavía se encontrarán en la Luna. Eso es lo único que durará en el vacío de nosotros si es que se puede decir así.
Brrr.

No somos nada. No fuimos nada. Por eso este escrito es melancólico, es triste, es depresivo.

Es pensar en ese abrir y cerrar de ojos que es (fue, será, no lo sabemos de cierto) nuestra existencia. Adiós filosofías, adiós religiones, adiós búsquedas del creador de la humanidad, adiós todos.

Nuestras ciudades se fueron en un siglo. Sin bum y sin nada. No fue la burocracia o el tráfico. Solitas. Bosques y pantanos volvieron al concreto y asfalto. La radiación incluso desapareció con el tiempo, los desechos radioactivos quedaron bajo tierra para el regocijo de los presentes.

La Tierra permanece, dice la Biblia, y eso es lo que sucederá, realmente permanecerá.

Solo desaparecimos los que la molestamos al parecer. (Aunque suene cursi dicho así). (Y sí, suena cursi).

Dice el narrador al final que este documental fue de reflexión, que la Tierra puede sobrevivir sin nosotros, pero que nosotros no podemos sobrevivir sin la Tierra.


Como me encanta el momento en el cual el programa gloomy se acaba y puedo seguir comiendo papitas y un refresco de dieta pensando en lo que haré mañana y creyendo firmemente que escribiré más blogs sobre temas luminosos y que lo único que deseo es escuchar “Here Come The Sun” de The Beatles