lunes, julio 30, 2007

DIOS NORDICO DE LA DESESPERANZA: INGMAR BERGMAN



Esto lo escribí hace meses. Recién acabé de leer La Linterna Mágica. Ahí, Ingmar Bergman habló del mundo de los sueños. Ingmar Bergman está ya en el mundo de sus sueños.


Ingmar Bergman es difícil, complicado. Sus películas no son muy accesibles que digamos. Acabo de revisar de nuevo por ejemplo El Rito, una película hecha para la televisión sueca en 1969. Cinco personajes. Diálogos inquietantes. Preguntas oscuras. Una amiga hace años que la vio y me dijo en esa ocasión: terrorífica, espantosa. Si te gustó El Rito eres fan. Si no te gustó es que sencillamente no conoces a Bergman. Ni lo conocerás.

Será porque muestra la desolación del ser humano, su soledad. Su desesperanza.

Habrá gente que se pregunte: ¿Y eso que tiene que ver con el buen cine? ¿O con el llamado entretenimiento del cual mucha gente dice que para eso es lo que debe servir el cine?

Aunque pueda ser el cine para usos culturales o educativos, la mayoría de las personas piensa que el cine es eso, puro entretenimiento.

Cuando reflexionamos que el cine funciona en base a foto fijas procesadas por un motor que hace que estas se muevan de manera secuencial a través de una potente lámpara de luz, sus movimientos, que tienen como único propósito engañar al cerebro humano, mutan a una revelación de sueños y a un intento parcial, patético de alguna manera, de documentar nuestra realidad en toda su vastedad, de manera aproximada solamente.

Para eso también es el cine.

“Cuando el cine no es documento, es sueño”.

Acabo de leer La Linterna Mágica, la autobiografía de Bergman, y es sorprendente.

He aquí una persona llena de culpa, de dudas, de conducta inestable que se casó como ocho veces. Una persona de la que sus hijos, al momento de escribir este libro, 1985, no querían saber nada de él, que no comprendió en absoluto a sus padres, que no supo relacionarse con mucho de su círculo interior y que sin embargo hizo maravillas con esa potente linterna.

Bergman lo demuestra una y otra vez.

Con el menor de los recursos Bergman filmó El Séptimo Sello. Película que habla de la muerte y la humanidad. Del desconcierto de la existencia. Y la hizo en un parque cerca de unos edificios de departamentos que en algún momento se asoman en una escena de la misma. (Similar que Rashomon, un drama japonés medieval complejísimo acerca de la relatividad de la verdad que aún hoy asombra por su validez universal y su eterna actualidad, Akira Kurosawa la realizó en una cañada a unos cuantos metros de una autopista no muy lejos de Tokio).

Bergman después hizo Fresas Salvajes, Escenas de un Matrimonio, De la Vida de las Marionetas. Gritos y Susurros. Fanny y Alexander. Meditaciones de la existencia, todas ellas. De la madurez, del amor, del sufrimiento, de la angustia existencial, de Dios, del dolor, de la vejez.

Y en su biografía hay mucho dolor. Muchas confesiones impresionantes, eso sí. Destellos de su creatividad. Reflexiones que asombran por terribles y crudas, por el tormento que rezuma en sus páginas, imaginando la decepción perpetua de verse así como él siempre se vio, como sólo él y su familia lo ven, un pobre ser humano que despreció todas las oportunidades de aspirar a ser feliz. Y feliz es sólo una palabra.

“Las sombras mudas o parlantes se dirigen sin rodeos hacia mis espacios más secretos. El olor a metal caliente, la temblorosa luz de las imágenes… la manivela en la mano…”.

Nosotros vemos al genio, al sensible, al iluminado que tomó como pincel la cámara y a la linterna como lienzo. Él y su familia perdieron, los demás ganamos.

Y eso me causa, sabiendo además que a ustedes les podrá tener sin cuidado, mucha amargura.

miércoles, julio 25, 2007

CEGUERA DE TALLER A LA REGIOMONTANA, PERO PODRÍA SER UNIVERSAL

A los amigos de fuera de México, o de Monterrey para el caso, este artículo les parecerá en extremo localista. Pero se habla de una ciudad latinoamericana sui generis. Puede decirse que Monterrey, Nuevo León es la ciudad más importante más cercana de los Estados Unidos, a menos de doscientos kilómetros de distancia. Cambio brutal de frontera, cambio brutal de cultura, cambio brutal de mundo a menos de dos horas de manejo.

Monterrey es un planeta en sí misma, y también está enamorada de sí misma. Por tanto Monterrey se mira toda orgullosa en su pasión por la cerveza, por el fútbol, por la carne asada, por su música grupera, por sus tantos logros, por sus tantos retos.

El detalle es que acabo de estar en Monterrey. Aclaro que no nací ahí pero viví en esa ciudad por más de 30 años. Salí hace tres y posiblemente vuelva. No sé cuando, un año, dos, quién sabe. Pero sé que volveré. Bueno, mínimo a estar de visita, ¿me explicó?

Entremos primero a lo que es Ceguera de Taller.



Siempre se habla de que algo que sucede frente a nuestros ojos cuando lo vemos demasiado tiempo se va desapareciendo. Llega un punto que todo se nos vuelve borroso y luminoso. Como si formara parte misma de nuestras escleróticas. Junto a eso está el hecho de que la realidad que nos envuelve la juzgamos según lo que somos y lo que sabemos. El tamaño de nuestra percepción se ve sometida a prueba en cada momento. Estamos comprometidos con nosotros mismos de lograr lo mejor en todo momento, pero en ocasiones, la bruma no está afuera, está en nuestros lentes manchados por nuestras propias yemas y que no hemos limpiado en todo el día.

¿Nunca les sucedió que tienen un lunar o verruguita en alguna parte, digamos en una mejilla o en el pecho o en la espalda tan familiar desde el principio de los tiempos y que de pronto se les hace irreal, como si de repente les acabara de salir? O sea, las verrugas de cierto tamaño no nacen de la noche a la mañana. Algunas asustan porque uno piensa, ¿de qué tamaño era? Y sólo viendo las fotografías de uno de pequeño, si es que estas marcas estaban en algún lugar visible, puede uno comparar si estas han crecido o no.

O sin riesgo a extenderme mucho, vean una película de Robert Redford de joven, digamos en Butch Cassidy and Sundance Kid, de 1969, luego véanlo en una más reciente como Spy Games. Analícenle el rostro. Tiene ciertas marcas como granos debajo de la piel en su mejilla. Y hace cuarenta años estas no eran tan grandes. Vean a Robert De Niro en Mean Streets, de 1973, ahora véanlo en Analyze That de 2004, creo. Le creció un lunar de su mejilla “algo” en un lapso de treinta años. En el ámbito nacional miren a Alberto Vázquez. En sus películas de joven, de esas mexicanas en blanco y negro, sólo un pequeño lunar. Y ahora, ese lunar también ya creció.

(No, no pierdo el tiempo en revisarles el rostro a los actores y actrices y tampoco soy dermatólogo aficionado, pero sin embargo me pregunto sobre ese lunar o peca que traes, ¿es de hace mucho o te acaba de salir?)

Me pregunto si se habrán dado cuenta ellos mismos de lo que sucede en esos casos frente a sus propias narices, literalmente. Ya ellos decidieron en sus propias vidas privadas si decidieron atenderse o no, o si de manera típica masculina despreocupada o indiferente las ignoraron.

Volviendo.

Hablando de lo mismo en los talleres surgen los problemas cotidianos que se resuelven en lo planeado, en lo perfectamente esperado, y también están los problemas que por alguna causa sucede que los que están ahí para resolver una falla mecánica de plano no la encuentran en ninguna parte.

Lo mismo sucede también al estar arreglando un programa computacional. En la escuela me tocó un programa de proyecto final que me tardé más de siete días tratando de detectar un grave error y lo descubrí casi horas antes de su entrega. Y el “grave error” en realidad era tan sencillo que me dio un coraje que todavía me dura. Lo pude haber encontrado al segundo día, ¡pero fue hasta el séptimo! Y lo tuve delante de mis ojos todo ese tiempo.

Cuando escribes algo, llámese un cuento, un ensayo, una presentación, una disertación, una presentación tipo Powerpoint, la terminas, la revisas de todo a todo en cuanto a contenido, en cuanto a redacción, equilibrio, estética, forma, fondo, sobre todo en cuanto a transmitir lo que se quiere decir. Se hace ese proceso detallado de todos esos puntos y se siente plenamente en el plexo solar que ya está lista o listo

Y te podrían haber llevado al cadalso porque afirmaste de antemano que te condenaran de haber alguien que pudiese encontrar un gazapo, una palabra mal pronunciada, una letra fuera de lugar dentro de tu trabajo tan primorosamente logrado.

Y en cuanto se lo presentamos a alguien, o peor, en la presentación misma de la sala de juntas, ese alguien con una sencillez pasmosa en los mismos primeros diez segundos que la está leyendo, nos dice con sonrisa llena de preocupación: “Aquí hay un error”. Pero antes de ello el error ya había sido detectado al llegar al cerebro en micronésimas (no microdécimas, micronésimas, que son más chiquitas en un 45%) de segundo antes de que lo lea la persona frente a la atenta concurrencia.

Lo descubres cuando es demasiado tarde.

¿Cómo fue que no nos dimos cuenta?

Bueno, a ese proceso se le llama “Ceguera de Taller”. El primero que me lo comentó fue mi amigo Polo Álvarez, famoso por ser director de programación tanto de aquella RG 690 en AM y esa Stereo 99 en FM, legendarias estaciones de radio, enfocadas a rock allá en los setentas, en aquella ciudad de Monterrey de por entonces casi treinta y cinco años antes del Ipod.

Por más que se den cursos de innovación, de mejora continua, de detección de áreas de oportunidad, de buscar ser agentes de cambio, siempre nos topamos con eso. La espantosa Ceguera de Taller. No nos la podemos quitar.

Por eso el extranjero en una ciudad es mal visto de pronto, si se llega a quedar. O sea, no es el visitante el que se ve mal, porque ese se va. No. Es el que se queda, el pernicioso.

No todos, claro. Pero hay algunos sujetos terrenales que a todo lo que les rodea de su ambiente exótico (exótico para él, para los demás habitantes de la zona es totalmente normal) que le ven falla, error, pifia, problema, despropósito, aberración, equívoco, absurdo. A quién se lo hace ver, créanlo, no les caerá nada bien. Ni por la dizque buena intención, (¡claro que era buena intención!), cómo que viene a estorbar en la buena vibra que existe, y así al llegar esta persona con la etiqueta de fuereño es de esperar desatar los malentendidos, los desencuentros, los shocks culturales.

Y todo por comentarles de la existencia de esa parte de nuestras vidas que es SU Ceguera de Taller.

(En la vida lo había escrito, sólo lo había mencionado, el caso es que se lee un poco raro: Ceguera de Taller).

Bueno, eso me dijeron cuando llegue a donde vivo, una bucólica ciudad del centro de México.

Pero ahora que volví a Monterrey, uff, el calorón fue lo primero que me recibió. Es de aclarar que una cosa es el calorón seco, ese que te recuerda a un dragón que exhala aire ardiente (me suena que se podría inventar la palabra “airdiente”) pero el calorón húmedo, tórrido, tropical, bochornoso es torrible, digo, terrible. Y del sol de Monterrey ya han hablado muchos y lo han hecho mejor que yo. Pero entendámonos, vengo de un lugar en donde nunca me quito mi sweater (con excepción de dos o tres horas diarias a lo mucho) en todo el año.

Pero no nada más la idea de sentir calor con nueva piel (y es que si decimos que vimos todo con nuevos ojos, supongo que está correcto decir que sentimos calor con nueva piel, ¿no?), sino sentir a Monterrey en todo su esplendor, en todo su desarrollo, en toda su diversidad.

Y hay mucho de que hablar del tema, pero trataré de ser breve. Digo, si esto no es un tratado, por supuesto.

Antes de continuar debo decir que había estado en Monterrey sólo durante los últimos tres diciembres, en tiempo de fiestas, de descanso, de pausa laboral. Y que ya eran tres años de no haber estado en julio.

Y esto es lo que vi:

Me subí al metro. Tiene más de diez años y no me había tocado subirme. Está genial. Lástima que no lo hayan continuado según el plano original. Sería fabuloso que llegara a los extremos de la ciudad, norte, sur, este, oeste. Supongo que algún día lo harán llegar a todas partes. Pero mientras no. Y el Metrorrey, definitivamente sí que es un metro construido afanosamente centímetro a centímetro.

La televisión local de Monterrey sigue infame. Los programas que realizan son peores que antes. Pocos son los programas que podrían ser alabados por su calidad y hechura. Por decir, los que siempre están bien son los de comentarios de noticias, los de debate en sí. NO LOS NOTICIEROS.

Entendámonos. Los noticieros NACIONALES duran tres horas a lo mucho y repiten sus noticias en demasía, supongo que para que los vea la gente que se va levantando a las 6:00, a las 7:00 y a las 8:00, etc. Pero los Noticieros LOCALES de la ciudad de Monterrey son de 6:00 a 10:00 AM. Cuatro horas. Digo, está correcto que se vea la vialidad, el tránsito, ¿pero regodearse en los accidentes viales? De pronto se ven tres equipos de camarógrafos de canales distintos cubriendo un solo accidente. Tanto derroche de recursos, tanto talento reprimido que no lo puedes creer. A mi me encantaba Mónica Escamilla, que hablaba del clima en uno de esos canales locales cada media hora. Claro, menudita, bien formada, simpática, y como un real bonus, ¡sí sabía del clima!, pero estuvo siete años ahí, haciendo lo mismo. Lo mismo. Lo mismo. Lo sé perfectamente.

El punto es que te vas y vuelves después de tres años y te decepciona que se está en lo mismo.

Las estaciones de radio, igual. Lo que hizo mi amigo mencionado arriba, el de RG 690 y Stereo 99, Polo Álvarez, definió unos conceptos de formato de hará más de diez años, que se siguen usando. Música de antaño, éxitos sobre todo, mezclados con aaaaalgo de música actual. Cómo me dijo un amigo, “Ya no le quiero mover al radio, al prenderla entro al Túnel del Tiempo y de plano no sé en que año vivo…” ¿En qué año vivimos cuando se escucha American Pie de Don Mclean, I Will Survive de Gloria Gaynor o cuando ponen a Creedence Clearwater con Proud Mary, dos veces al día? ¿Para que quiero un canal de nostalgia o de recuerdos si no me han dejado tiempo a querer recordarlos?

Las calles. Cambios en vialidades, bueno, es un buen síntoma de crecimiento y de progreso que siempre estén construyendo algo nuevo. Pero hay puntos en los que piensas cuando manejas por esas grandes avenidas. No son de respuesta fácil. ¿Sabían que Monterrey es una ciudad con cuatro veces la cantidad de accidentes per capita que la ciudad de México? Se asegura que el culpable es el mismo material con el que hacen su pavimento. Los autos cuando llueve, no pueden frenar como por ejemplo lo pueden hacer en la ciudad de México, debido a la mezcla de agua, gravilla, pavimento liso y aceite además de la suciedad normal. En la ciudad de México su pavimento es más poroso, o rasposo, es de más agarre y eso ocasiona que no haya tantos accidentes. Las compañías de seguros debieron de haber puesto atención en ello desde hace lustros. Se hubieron ahorrado toneladas de dinero. Y la otra. Con el ascenso de tráfico vehicula debido a las facilidades con que entran autos extranjeros a México y por ende a Nuevo León, y por ende a Monterrey, una cantidad cercana a un 5% anual de autos se incorporan a las calles. Y estas calles no crecen en la misma proporción. Se quedan las mismas avenidas principales por donde transita el nuevo tráfico, anchura y distancia. Mas gente queriendo ir a donde mismo por el mismo ancho de tubería prácticamente.

La gente, como siempre, amable, a esa no la cambian. Dicharachera, abierta, franca. Bueno, como dicen, gente es gente. Alguien que ni conoces te hace un chiste genial, acerca de ti, y ni siquiera resientes la burla, te ríes con él. No lo hace con malicia, lo hace por la broma en sí. Igual festejas. Eso no lo harías en el centro del país, ni te lo harían. La gente puede ser más reticente, más desconfiada. Cosa de ir a un estadio para ver un partido de fútbol en Monterrey y ver uno en el centro del país. Nunca he ido a Ciudad Universitaria al estadio a ver un partido de Pumas, pero según lo que leo, la tensión es lo que impera. Pero vayan a ver a los Tigres o a los Rayados. Se van a divertir al máximo. Aunque los equipos sean maletas. Que muchas veces lo han sido. Y la gente es tan… ¿qué? Ni idea. Sigue yendo. Ese es un gran misterio. Y se ha discutido por todas partes, en todos momentos.

La autopercepción. Monterrey tiene un gran evento delante de sí, el Forum Universal de las Culturas (que se realizó en Barcelona hará cuatro años con resultados mixtos). Bueno, lo único que se podría reflexionar al respecto es que sí, es un gran paquete y que se lo puso ella solita. Bueno, no ella solita exactamente la ciudad, sino el mismo Gobierno del Estado en sí. Y aunque con el paso del tiempo las cosas se han puesto complicadas y difíciles (problemas de planificación de exceso de gastos y demás, cómo siempre) ya no es tiempo de sólo criticar. Parece que ya es mejor el tiempo de colaborar y de decir, bueno, yo no quería la gran fiesta pero debo de ayudar a que las cosas salgan lo mejor que se pueda. Ignoro en lo del Forum si es este un asunto de tipo Exposición Universal o algo así. Olimpiadas no son. Pero si es algo que tiende a ser de relevancia. Monterrey lo requiere tal vez. Algo para que crezca su autoestima. Ignoro si eso da más empleos con el paso del tiempo o si da más entendimiento y luces para que la Raza Humana se entienda (¡ah, raza!). Pero ni hablar.

Ya luego se podrán analizar las necesidades de las personas con poder de tratar de buscar la relevancia en los eventos que estén a su alcance. Ya lo he dicho antes o lo diré ahora, Enrique Krauze dice que carácter es gobierno (lo dice en su libro de La Presidencia Imperial y eso es muy posible de creer si le damos una pensadita), y puede que así sea. Y dentro de todo no hay nada de malo en lo del Forum sino que es el momento inoportuno que se elige en sí. Desgraciadamente le tocó a la ciudad la violencia, los muertos, lo que es negativo de toda esa subcultura ya de por sí negativa. Y todo eso junto con sus consecuencias rozaron a Monterrey justo meses antes de la celebración del Forum. (Y ya hubo la narcotregua, ¿seguirá esta o no? No quisiera ser el Gobernador o el encargado de la Seguridad en el estado en esos días cuando de alguna manera muchísimos reflectores habrá por ahí. O eso quisieran).

Y algo de ese carácter-gobierno a veces miope y con Ceguera de Taller remarcada está expresada en forma de un irrelevante en todo excepto en su derroche inútil de concreto en un puente atirantado sobre un río seco, copia burda de alguno majestuoso que sí pasa por agua. Ese puente, fruto de esa necesidad absurda de dejar marca en donde uno se encuentra lo cual es más genial si el dinero no es de uno, por supuesto, lo vimos construir poco a poco preguntándonos todo el tiempo, ¿qué no hay una mente cuerda con poder que logre detener esa insanidad a tiempo? Por más que los medios, que la consabida opinión pública se opuso, por más que se mostraron otras opciones racionales a cubrir su función, no, no lo lograron evitar. No se pudo con esa terquedad. Esa demoledora terquedad.

(Siempre se usa el ejemplo de la Torre Eiffel acerca de que al principio nadie la quería y ahora es un símbolo de Paris bla-bla-bla. Será todo lo que se quiera pero el Puente Atirantado NO ES símbolo de Monterrey, además que está en otro municipio, ¡caramba! Punto. Y si quieren nos esperamos unos cuarenta añitos.)

El Forum corre ese riesgo. Al año a ver quién se acuerda de él. Serán las vialidades, serán los edificios. ¿Pero la esencia, el legado? El recién fallecido Enrique Canales lo tenía claro. Forum Farolorum. Todo es un gran farol que ilumina. No un sol. Es un sencillo farol de papel. Y ahora que él no está, Enrique Canales, uno de sus principales críticos, al estar todos los regios (que así se hacen llamar para molestia de muchos no regios porque son regiomontanos o séase, originarios del Regiomonte que así se podría decir al derivado que vive en Monterrey), repito, al estar todos los regios ya envueltos en la fiesta del Forum, ¿qué hubiera dicho al final? ¿Celebraría el éxito? ¿Celebraría el fracaso? ¿O sólo diría, como buen filosofo, que todo tiene su cristal…?

En fin, se pueden escribir documentos, tesis, ensayos, disertaciones de todo lo que encierra Monterrey, su carácter colectivo que conforman sus millones de habitantes, cada uno con una visión muy particular de lo que es, de lo que significa, de lo que fue y de lo que será su ciudad. Cada persona, una opinión, un sentido de permanencia encerrada en su propio concepto de persistencia de sus múltiples visiones.

La Ceguera de Taller ahí también persiste. Las voces aisladas que protestan no logran masa crítica sino hasta que el agua llega hasta el cuello en las propias masas que hasta ese instante no habían sido críticas. Ahí donde confluye la palabra crisis con la palabra crítica.

Y cuando vuelves de fuera después de la ausencia, te das cuenta de muchas cosas. Y aunque sospeches que los de dentro no se dan cuenta, lo curioso es que, en muchas, muchas ocasiones, los que están dentro también se dan cuenta. Y como en esas muchas ocasiones, en esas muchas cosas, tampoco pueden hacer nada.

Ese será el tamaño de la tragedia.

Y aún con todo, recordando la voz aliviada de Guille, el hermano de Mafalda, cuando se entera de que no hay escasez de chupones.

¡Se puede vivid!

lunes, julio 23, 2007

Piratas Mentales (Ficción de 600 Palabras, una mas, una menos)

Con el riesgo de que la introducción sea más larga que el cuento, sólo sepan que es una pequeña ficción realizada como ejercicio. La iba a mandar a una revista de Colombia, pero no alcancé a enviarla. Digo, sí pueden leer 600 palabras, ¿no?

Eran las tres, tiempo meridiano de Flamigio, FMT: No sabía porqué debía de saber el orden de las horas. Ya no importaba. Sólo saber que ya todo ardería y casi nada quedaría, más que yo.
No sé si era cierto que me podría salvar.
¿Lo peor? Sentir que te abandonan, que todos se fueron. No es justo que tranquilamente te digan que te podrías quedar observando un fin de un planeta y que te mientan. No es justo. Cabrones.
Las cinco. Según parece, el amanecer no será nada bueno. Algo logro sentir. Todo arderá. Tal vez la explosión empiece cinco minutos antes de lo probable, la distancia de este Sol Supernova a Flamigio. Minutos-luz. Y no lo sabré. Hasta que el estallido esté encima.
No me importa cómo lo hayan hecho pero “bajaron” de manera estúpida mi personalidad a esta máquina y estoy sufriendo, ¡caramba! Cuatrocientos sensores en cuarenta kilómetros a la redonda, me hace pensar: las llamas, así como estoy ahora, ¿las podré soportar?
Nunca entendí nada. ¡Máquinas espirituales, mis huevos!
—Te lo digo, Ramírez. Eres el único capaz de hacer eso…
Miré la máquina, negra, con sus conectores, cables, casco, criopodérmica y todo.
—¿Que es?
—Es un aparejo con el que vamos a “descargar” tu mente a esta máquina espiritual.
—¿Para qué?
—Ya van tres veces que te lo digo. Necesitamos tu conciencia para que puedas manejar desde aquí la recuperación de información por si algo llegase a fallar y realizar finalmente el envío automático de ésta hacia la estación Arathia, allá —apuntó al espacio—, a 800 millones de kilómetros casi por sobre el horizonte. Rutina.
—Pero la Supernova va a destruirlo todo… —estaba asustado, la verdad.
—Sí, pero no a ti… Ya te dije… tú estarás con nosotros, allá en el transporte. Tú conciencia, la de aquí, estará protegida con blindaje especial refractario que se fortalecerá con el mismo calor. A más calor, más fuerza.
—Sí yo sé, claro. Estaré en la nave con ustedes… porque… no me van a dejar aquí, ¿verdad? No serían tan cabrones…
El señor Lot sonrió. Con impaciencia.
—Imposible. Nadie más puede llevar esta contabilidad de campo tan terrible. Disposiciones oficiales son eso, oficiales.
—¿Y… yo? ¿Quedaré como… retrasado o algo peor?
—No seas tonto, quedas como tú mismo.
Fingí tranquilidad. No iba a quedar mal frente a este idiota.
—Entonces, me van a clonar… la mente…
Lot sonrió aliviado.
—Exacto. Sí, te vamos a clonar… Es algo extraño, pero muy interesante…
— ¿Sentiré malestar?
—Nada, te lo puedo asegurar. Es más, ni siquiera estarás aquí cuando instalemos todo. Saldrás en el transporte, ya te dije… Será sólo una transición.
Así se hizo.
Y de pronto me vi a mí mismo como en una pesadilla, allá en la plataforma del transporte.
Después todo fue irreal. Lo ubiqué gracias a un sensor deficiente, pero en activo: El ser que era… yo, fue golpeado y tirado fuera de la plataforma por el mismo Señor Lot. Me dejó ahí. Como bulto.
Cuando despegaron los propulsores, estos quemaron… mi cuerpo.
Simultáneamente sin saber con claridad cómo, dirigí sesenta dispositivos hacia el mismo punto. Infrarrojo. Ultravioleta. Ondas de radio. Gamma. Rayos X. Sentí calor, el fuego que salió de sus propulsores en una de mis… palmas, algo así. Luego, silencio. Trataba de escuchar con mis muchas antenas. Luego descubrí el mecanismo automático que proyectaría la información recabada al espacio, hacia Arathia.
Las siete, hora FMT. Justo. Llega mi segundo infierno. Me quema. Ardo en todas partes, pero soporto… bien.
No, no transmitiré nada. Ya vendrán intrigados, los cabrones. Me piratearon y desecharon. Vendrán por mí. Y entonces…

domingo, julio 22, 2007

Del Ritmo Secreto de las Cosas

Extraído del baúl de mis recuerdos. La intriga sobre lo que sucede a nuestro alrededor y que somos incapaces de captar es tal que apenas en los últimos años se está comenzando a explorar de manera seria los recovecos e intersticios de las cosas sencillas de la realidad que nos rodea. Tan sencillas y obvias que ni las percibimos. La ciencia de esa forma está examinando patrones de conducta escondidos en las personas, individualmente y en grupo (la psicología del bostezo, por ejemplo, que de sólo imaginarlo aquí leído probablemente dispare el reflejo que lo produce) quizá para aplicarlos mezquinamente a mercadotecnia, o para incorporarlos a ciencias de la misma psicología conductual, a estudios de sociología o de antropología social tal vez para un día alcanzar a mínimo pretender entender las cadencias ahora desconocidas de las puertas anónimas de nuestras percepciones a lo largo y ancho de nuestras existencias.

Lo que sigue fue escrito un 23 de Julio de 1993 (pero todavía válido, supongo)




Hace menos de dos años me pasó algo muy curioso: Me tocó ser presidente de una casilla electoral durante unos comicios federales y llevábamos la cuenta de los votantes que iban llegando a nuestra casilla (lo de la casilla misma fue curioso y merece un artículo pero no es a lo que me refiero por el momento). Conforme avanzaban las horas fue notorio que al hacer el conteo de las personas que iban llegando invariablemente sumaban estas alrededor de veinte por hora, a veces diecinueve o a veces veintidós, pero siempre alrededor de veinte.

Inclusive hubo ocasión de que al faltar cinco minutos para llegar al "corte" y llevando sólo quince votantes, inmediatamente se daba una racha de cinco o seis personas que llegaban en ese pequeño lapso de tiempo para cumplir la "cuota".

Aquí esta la pregunta: ¿Qué sería lo que movía a estas personas, que no se conocían entre sí ni llevaban una relación especial entre ellas, para que se hubiese observado el mismo ritmo de llegada de votantes hora tras hora, invariablemente?

Muchos dicen que la casualidad existe, otros dicen que hay un ritmo escondido en la naturaleza por conocer y aprender algún día. Otros dirán que las coincidencias son inevitables que existan porque nos topamos con miles de sucesos diarios distintos (un "suceso" sería igual a cualquier cosa, decisión, hecho, percepción, realización, y existencia de todos los momentos separados frente a nuestras vidas) y que es inevitable que acontecimientos sin relación aparente hagan "click" en un momento determinado.

Cuando dimos una clase de Sistemas Operativos en una universidad local, hubo una sección del curso en la que nos tocó hablar del principio de la localidad y temporalidad con respecto a los procesos de la paginación de la memoria en una computadora.

Este principio quería decir que si está lloviendo en este momento en Monterrey probablemente podría estar lloviendo también en Saltillo. O que sí en este momento está lloviendo probablemente estaría lloviendo igual dentro de una hora más. O que si estamos tratando de hablar por teléfono con alguien y si está ocupada la línea, ésta seguirá ocupada probablemente por otro rato más.

Por otro lado también se ha descubierto este principio de la experiencia humana: Lo que necesitas ahora es muy probable de lo que necesites después, e inversamente lo que no necesitas ahora muy probablemente nunca lo necesitarás. Siendo que la clave de los dos principios radica en la "probabilidad de las cosas".

Claro que esto no se aplica en el cien por ciento de los casos a los que estamos expuestos y/o conscientes, pero se aplica en la mayoría.

Y de alguna manera lo anterior está relacionado con la idea de que tendemos a trabajar con la ley del mínimo esfuerzo. Más del 50% del tiempo hablamos reciclando solo 100 palabras. Nos haríamos entender y podríamos sobrevivir un tiempo considerable con un mínimo de conversación.

Dos ejemplos clásicos para mostrar la frecuencia del uso de las palabras:

En las obras de Shakespeare la cantidad de palabras diferentes de las que se componen estos textos llega a ser de 29,066 palabras distintas, de las cuales solo 40 las usó el 40% de las veces.

En el Ulysses de James Joyce (obra máxima de la literatura inglesa de este siglo) se encontró que consta de 29,899 palabras (sí, muy similar al número de Shakespeare) en las que 135 de las palabras (el, la, de, y, un, a, en) constituyen la mitad del texto y 16,432 aparecen sólo una vez.

De hecho y en resumen en ambos casos y análisis, se encontró que con 40 palabras se resuelve el 40 por ciento de todo.

Y así llegamos a la ley del 80-20, las cuales son las que predominan en el 80 por ciento de las veces y en el 20% simplemente no.

¿De donde salió la ley del 80-20?

Cuenta la leyenda que en el volúmen 3, Sorting and Searching, de la yá clásica, e incompleta, magna opus de Donald Knuth, The Art of Computer Programming, menciona la regla del 80-20 como que es "comúnmente observada en aplicaciones comerciales" citando un número de la revista del IBM Systems Journal de 1963 donde una persona de apellido Heising aseguraba la existencia de ese principio y lo aplicaba a cuestiones de computadoras.

Filosofando un poco el porqué sucedan estas cosas, puede pensarse que pudiera haber un ritmo en la naturaleza que es el que maneja estas situaciones y que está ahí, escondido a nuestra vista y a nuestra percepción, de la cual nos damos cuenta solo cuando reflexionamos en las cosas multicotidianas que nos suceden y que percibimos, tales como coincidencias, casualidades y/o curiosidades.

Pero todavía podríamos tratar de averiguar el grado de orden que puede haber en la naturaleza. Para eso es descubrir o usar la ley del 80-20 en nuestras vidas.

Lo anterior no explica realmente tal vez nada, pero sí muestra que podría haber un ritmo secreto ortogonal a nuestra realidad y que en el universo la verdadera aleatoriedad no existe.

Si se han "descubierto" el principio de la localidad y temporalidad, el principio del 80-20, el principio de la mínima cantidad de palabras para realizar la mayoría de las conversaciones, la relación escondida detrás de la ley de probabilidades (recordando el caso de la casilla de votación) además de la curva de distribución normal (lo de que lo más probable es de que pase tal cosa a diferencia de tal otra... la cual es una forma de 80-20) y sin olvidar las múltiples leyes de Murphy, es posible que conforme pasen los años se sigan revelando nuevas pautas y ordenes de la Naturaleza, ahora escondidos.

Pero muchos no sabrán esto porque para este instante el 80% de los lectores dejó de leer éste artículo al llegar al 20% del mismo.

Era... natural.

martes, julio 17, 2007

Como Hacer Su Propia Bomba Atómica

Aparecido en la red en aquellos días sin navegador, traducción y adaptación libre de parte mía. Autor, como tantos de tantas cosas simpáticas de la vida, desconocido.


(Este artículo-traducción-etc. fue publicado por primera ocasión en la ciudad de Monterrey el siglo pasado, el 15 de enero de 1993, y al menos una señora, de Torreón parece, se quejó de cómo se atrevía uno a escribir esto. Sus hijos ya querían realizar el siguiente proyecto... el que viene al final)

(¡Ah! Con el perdón de U2, ¿o será al revés?)


Para mostrar lo sencillo que es construir ciertos proyectos se muestra el siguiente documento el cual está tomado del “Journal of Irreproducible Results”, con sede en Chicago.

INTRODUCCIÓN
El proyecto de este mes es la construcción de un utilísimo dispositivo termonuclear, del cual se espera que aclare las dudas y la desinformación que existe en este tema. Veremos lo fácil que es hacer un dispositivo de este tipo de su propiedad en sólo diez pasos sencillos, para tener y guardar.

El proyecto costará entre $5,000 y $30,000 dólares (entre 15,000 y 90,000 nuevos pesos) dependiendo que tan acabado se quiera el producto final. Dado que la columna anterior, “Máquina del Tiempo: Como disfrutar en familia mientras se construye una”, fue recibida tan bien en el formato de paso tras paso, se seguirá de la misma manera.

MÉTODO DE CONSTRUCCIÓN
PASO 1.- Obtener cerca de 110 libras (50 kilogramos) de plutonio refinado del tipo llamado “weapon grade” con su proveedor más cercano. Una planta nuclear no es recomendable, ya que el perder grandes cantidades de ese material pone a sus ingenieros muy tristes e infelices, Se sugiere se recurra a la asociación u organización terrorista local o quizá al grupo pastoral de la parroquia de su colonia. Si no están disponibles siempre quedan el grupo de Boy Scouts de su ciudad. Son muy atentos.

PASO 2.- Hay que recordar que el plutonio, especialmente el plutonio refinado y puro, es algo peligroso. Hay que lavarse las manos con jabón y agua tibia después de haber manejado el material. Por ningún motivo hay que dejar que ni los niños ni los perritos jueguen con él, menos que lo ingieran. Por otra parte el polvo de plutonio es muy bueno para repelente de insectos. Lo sentimos, no sirve para cucarachas.

La sustancia se puede guardar en una caja de plomo (si se tiene una en el jardín), pero no se debería de guardar en viejos botes de nescafé.

PASO 3.- Búsquese una estructura de metal para guardar el dispositivo. Muchas variedades de comunes de metal pueden usarse como cubiertas pero se podría usar desde un maletín hasta un vehículo. Pero recuerde: no debe de usarse papel aluminio.

PASO 4.- El plutonio se debe de arreglar en dos formas hemisféricas, separadas unos 4 centímetros. Se puede usar cemento plástico (como el que se usa para armar modelos) para contener el polvo de plutonio y no se salga por las orillitas.

PASO 5.- Ahora se tienen que conseguir cerca de 100 kilos de trinitrotolueno (TNT). La gelignita, exacto, es mucho mejor, pero es más engorrosa de trabajar con ella. El señor de su ferretería favorita más cercana estará muy complacido y feliz de ayudarle con el material. Esas personas son muy amables y serviciales.

PASO 6.- Hay que empacar cuidadosamente el TNT alrededor de los hemisferios construidos en el PASO 4. Si no se encontró la gelignita, siéntase libre de usar el TNT empacado con arcilla, plastilina, masilla o Playdoo. La arcilla coloreada es aceptable pero no hay necesidad de ponerse artístico de momento.

PASO 7.- Guardar el empaque del PASO 6 dentro de la estructura utilizada en el PASO 3. Es recomendable utilizar un pegamento fuerte tipo “Kola Loca” (MR) para guardar el arreglo de un hemisferio dentro del estuche para prevenir una detonación accidental, la cual podría resultar de una vibración fuerte o de un mal manejo. Eso no sería bueno para el vecindario.

PASO 8.- Para detonar el dispositivo, sólo basta conseguir un servomecanismo radio controlado, como el de los carritos o avioncitos esos de control remoto, de los caros. No hay que olvidar conseguir el detonador capaz de efectuar una pequeña explosión. Estos detonadores pueden ser encontrados en la sección de artículos de ferretería y electricidad de cualquier tienda departamental de su preferencia. Se recomienda la marca “Blast-o-Matic”, porque ellos sí aceptan devoluciones. Las o los dependientes entenderán cual elegir cuando se les explique de qué se trata el proyecto. Siempre es útil tener una mano amiga cerca de a la cual se pueda acudir en caso de duda.

PASO 9.- Ahora hay que esconder el dispositivo completo de los vecinos y los niños. La cochera no es muy recomendable por aquello de la alta humedad y por el rango extremo de temperaturas que se puedan llegar a tener. De hecho los dispositivos termonucleares a veces explotan accidentalmente en este tipo de condiciones inestables. ¡No deje que eso le pase a usted! Un closet o debajo del lavabo de la cocina pudiese ser suficiente.

PASO 10.- Ahora ya es usted el orgulloso propietario de un flamante dispositivo termonuclear armado, listo para entrar en acción. Mientras tanto le puede servir de un excelente tema de conversación en las fiestas y en un descuido pudiera ser usado en la defensa nacional.

TEORÍA DE OPERACIÓN
En realidad es más sencillo de lo que uno se imagina: el aparato funciona básicamente cuando el TNT detonado comprime el plutonio y lo vuelve una masa crítica. Esta masa crítica produce una reacción en cadena similar a una reacción similar a un efecto de dominó (igualito al que salió en aquél documental de “Mi amiguito el átomo”). La reacción en cadena en turno produce una gran reacción termonuclear.

Y ahí lo tiene: ¡Una explosión de diez megatones! ¡Temperaturas de diez millones de grados!

Imagínese: ¡Será la envidia de sus amigos!

LA COLUMNA DEL PRÓXIMO MES…
Aprenderemos a como hacer un clon de la esposa de su vecino en seis pasos sencillos.
Este proyecto nos lo han pedido mucho. Realizándolo podrá darse otro fascinante fin de semana lleno de diversión. Todo lo que se necesita es utensilios comunes de cocina.

El proyecto de cómo hacer su propio Tiranosaurio Rex de momento queda suspendido hasta nuevo aviso.

¡Hasta entonces!

jueves, julio 05, 2007

MÁS CONATOS DE CUENTOS ULTRACORTOS. EL, O LA, QUE QUIERA LEERLOS, QUE LOS LEA. (YO AGRADECIDISIMO DE QUE LO HAGAN).


Este es el segundo batch (como me encantaba esa palabra, término computacional que significa algo así como lote. Ah, ¿eso significa en el inglés normal? No importa, así me sonaba de antes) de cuentos ultracortos. De repente uno se encuentra en esa onda de andar definiéndolos.

A veces me he preguntado, ¿cuál es el valor de todo esto? ¿Dónde reside esa posible valía? Pienso que habita en el mismo lector, si a él le conmueve, y con eso quiero decir que hubo un movimiento en su psique, y que incluso si le provocó ser indiferente pues ya se realizó algo válido. De perdido los leyó.

Y decir lo anterior no es muestra de autocompasión o para que tengan conmiseración alguna. Es sólo una reflexión que raya en lo trivial.

Sigo ignorando las reglas, supongo. Pero ahí descansa esto, son todos ejercicios ultimadamente. En alguna parte leí que una regla de los cuentos cortos, en el sentido del que estamos hablando, pueden ser de hasta doscientos palabras. En este parrafito hay 45, incluyendo el número.

Y también pienso que de observar lo que te rodea, pueden salir más y más. Sólo que sean divertidos, mientras se escriben, mientras se arreglan y mientras se leen. Es lo único que se pide. Por eso es que valen la pena. Tal vez sólo por eso.


26. Cristo bajó de su cruz. Avisé y, en eso, se me vinieron encima romanos y apóstoles.

27. La gran tecnología estaba lista. Gasolina, obsoleta. Si tan sólo recordara el password.

28. Tu alma será el cuaderno donde escriba. Usaré de tinta… ¿Tu sangre, me dices? Me parece.

29. Esta ficción apesta. Oprimo la tecla y… esta ficción apesta. Oprimo la tecla y…

30. Eres tan dulce, me abrazas y me abrazas… y me abrazas… y… ya no puedo resp-

31. Me invitó a su rito. Llegamos el verdugo y yo. Pregunto y su viento metálico, me responde.

32. Cefalópodos, sueño con cefalópodos. Caminan con su cabeza. No, peor, soy uno de ellos.

33. Poder mío. Omnipotente soy. ¡Mis laureles! Ahora, si tan sólo pudiera dormir un poco…

34. Rechaza mis avances mujer y nunca serás de nadie… pero, ¿es eso lo que querías? Oh.

35. La civilización tuya cabe aquí en este punto. Y la mía entera cabe en este. Ahora, te reto.

36. Traigo suficiente antiebullente como para regalar... ¿Cuánto dices que dura una Supernova?

37. ¿Seres minúsculos que paralizan? Son tan pequeños. ¿No ves que estamos listos para tod-

38. Estar en el siglo XXI es aburrido. ¿El siglo XXII? No. El XXIII, nop. El XXIV, ¿otro...?

39. “La Razón es lo que nos separa de las bestias”. No me hagas eso, Babieca. Yo no lo dije.

40. ¡La naturaleza de las cosas las hizo así, inmóviles, caramba! ¡Paren ya, se los pido, rocas!

41. ¿Ir más rápido? Mi padre me lo enseñó. Dar vueltas y alcanzar mirar tus placas. Plomo.

42. Me hicieron reingeniería. Ahora soy un comité. Eso sí, decido igual: Más rápido y… mal.

43. Me entrevisté y contesté. Me convencí y emocioné. Ser así. Sólo yo. Mi sangre, clon y yo.

44. Intenta la realidad cero. Cero grados. Cero absoluto. En el frío, casi ser. Disfruta el metal.

45. Diséñame tu misma. Diséñame yo mismo. Diseñémonos todos. Seamos como quiero, al fin.

46. Lo humano está en tus ojos. Los cinco. En tus garras bellas. Las tres. La belleza es. Mental.

47. Recorrí el filo del Universo. Todo oscuro, negro y divino. Excepto los anuncios. Los odio.

48. Recuerdo tu tradición de metal untuosa. Vieja y segura. Toda así, azul, repta y me rapta.

49. Vi las gallinas morir. Últimas gallinas del mundo. Y aquí tengo al huevo. Fin del misterio.

50. Inmerso en tu pod misterioso. ¿Percibes al mundo que creaste? ¡No despiertes, todavía!

domingo, julio 01, 2007

El Cine finalmente, ¿para qué? La visión de Syriana.

Hay Cine para entretenimiento. Hay Cine para pensar. Hay Cine para denuncia. Hay Cine para… uno nunca supo.

Renté la película de Syriana no hace más de 3 semanas. Es una película con George Clooney, Matt Damon, entre otros, dirigida por Steven Gahgan, el escritor de Traffic.

Syriana es la palabra con la que se denomina a un análisis de escenarios políticos que realizan ciertos Centros de Inteligencia con respecto al Medio Oriente. Cuestiones de geopolítica, influencias de poderes, análisis de contingencias, fríos y calientes.

Nadie se mueva, esto es un escenario.

Es una película compleja, complicada. Leí en una crítica que hay que llevar cuaderno y pluma para anotar las relaciones entre compañías, entre abogados con empresas, entre políticos con potentados. Y luego están las explosiones. Luego esta la decencia, tal vez el remordimiento. Luego está la CIA. Luego los muertos. Luego está el olvido. Y la arena.

La primera vez que vi la película (fueron dos) se me escaparon detalles de quién tenía que ver con qué. El Hezbollah aquí, ¿es bueno, malo, flexible, gris?

El hijo del potentado/sultán/o lo que sea árabe, doctorado en Inglaterra, que siempre no hereda, que tenía tantos planes para hacer de su pueblo un pueblo menos atrasado, con esperanzas para el futuro, ¿es terrible sólo porque quiere vender su petróleo a un mejor postor, China, en lugar de a los Estados Unidos?

El petróleo se ha dicho que es una bendición para los pueblos. Y también que es una maldición. Le han dicho “veneros del diablo”. Parece que sólo hace millonarios a los que se encontraron el petróleo en sus patios como aquellos Beverly Ricos que aparecían en la TV en los sesentas. Si yo cazando liebres en el rancho de mi abuelo hubiera disparado y atinado en algo que luego se convertiría en un lago de petróleo, hubiera sido una maldición para los que me rodeasen, para toda la región. Clarísimo. Veamos Tabasco.

Me hubieran maldecido por siempre.

Pero el petróleo es bueno para plásticos, para combustibles. Para la civilización en general. De origen dinosaúrico, muchos de esos animales gigantes y antediluvianos tuvieron en mal descomponerse abajo de países con no muchas tendencias prooccidentales. Países fundamentalistas que un día aprendieron el dato de que lo que abundaba debajo de sus tiendas, de su arena y de sus camellos era valioso para Occidente.

Y que había muchísima gente dispuesta a negociar. Lo que fuera. El alma. Dinero sobre todo. Para el pueblo. Porque el petróleo es nuestro, porque el petróleo es de todos.

Syriana muestra a un agente de la CIA casi retirado, Clooney, en medio de un armazón enmarañado con traficantes, agentes, doble agentes, que logran que se muevan hilos terribles que están pegados con alfileres a estratégicos mapas . Al alterarse los equilibrios llegan las facturas por pagar. Acuerdos sobre acuerdos de grandes megaconglomerados con compañías que están más allá de la corrupción y que de pasada intervienen en todo el asunto. Y lo ennegrecen.

El petróleo es el centro de Syriana. El petróleo que se cotiza, que se usa, que está siempre presente en el mundo como intriga, como causante del estado de descomposición en el que una parte del mundo en constante lucha de intereses y de poderes está sumida.

Al final todos perdemos.

¿Qué para qué es el Cine? Para que, entre todo, un grupo de personas muestre como en medio de la corrupción (reflejo del mundo) se puede asomar un poco de decencia (reflejo de nuestros ideales).

No siempre se ganará. Pero la esperanza nunca podrá morir.