sábado, marzo 31, 2007

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte II: un no bienintencionado desarrollo.




Hay muchas confusiones al respecto de María Magdalena.

Veamos los hechos que describe el artículo del New Yorker titulado: “La Santa Pecadora: la Obsesión de Dos Mil Años con María Magdalena” escrito por Joan Acocella el año pasado en Febrero.

María Magdalena consigue solo catorce menciones en el Nuevo Testamento. Lucas y Marcos la describen como el sujeto de uno de los exorcismos de Jesús –le saca siete demonios dentro de ella—y como una de las varias mujeres que lo siguieron.

En los cuatro Evangelios ella está presente en la Crucifixión.

Su rol es entonces pequeño. Excepto por un pequeño detalle: Cada uno de los Evangelios cuenta la historia un poco diferente, pero básicamente, la Magdalena, ya sea sola o con otra mujer, va el tercer día para ver el estado del cuerpo de Jesús, y es a ella o a ellas, que un ángel o el Cristo mismo anuncia que él ha ascendido de entre los muertos, y le instruye a ella a que vayan a contárselos a los discípulos.

Al parecer este mando, orden, instrucción, por leve que parezca, le da un giro a las cosas. ¿Por qué de entre todas las personas posibles, fue Magdalena, una mujer, a quién se le apareció? Pudiendo ser a Pedro, mínimo, ¿no? Él era la piedra, ¿no?, sobre la cual se iba a edificar su iglesia. (Pudo aparecerse a Pilatos, o a no sé, a Herodes, al que fuera, al emperador Romano Tiberio incluso, pero no, fue a Magdalena, cuatro evangelios lo afirman, ni más ni menos).

Por otra parte, tener sólo catorce menciones en la Biblia no te hace muy popular. Entonces, ¿qué sucedió?

El caso es que nunca olvidar que es la Resurrección la prueba de la verdad de la fe cristiana.

Y se podrán discutir mil cosas al respecto. Pero ahí está en los evangelios.

Dice el artículo mencionado que si está ahí en cuatro versiones ligeramente distintas es porque así sucedió, que es así porque la gente dijo que había sucedido de ese modo.

Y el problema es que hoy hay muchos eruditos especializados en la Biblia, bueno, que hay mucha tela donde cortar.

Los evangelios son colecciones de tradiciones orales. Ni Lucas, ni Marcos, ni Juan, ni Mateo anduvieron por ahí de testigos de primera línea cuando sucedieron los hechos.

Los evangelios son como los puntos de referencia a través de los cuales la demás gente se guía. Gente que al principio, en los primeros tiempos de la cristiandad, no sabía leer. Los evangelios son guías.

Por decir, orales y escritos y todo, son las personas, artistas y escritores y demás los que le han dado el sesgo que hoy conocemos. Un ejemplo, en la descripción del Nuevo Testamento del nacimiento de Jesús no hay paja o nieve u olor y calor de animalitos. La gente los puso ahí. De ahí los conocemos.

Aquí entramos en otro asunto. El tema del sexo, o del género, si me permiten decirlo. En el artículo del New Yorker, Acocella recalca que el intercambio personal más largo que tiene Jesús es el que hace con una mujer al lado de un pozo en Samaria. Un hombre judío, según la tradición, no podía hablar con mujeres que no fueran sus parientes. Y Jesús, no lo olvidemos, era judío.

De acuerdo a algunos eruditos, Jesús era ecuánime al respecto del género. Y esa actitud fue honrada en las primeras comunidades cristianas donde algunas mujeres sirvieron como líderes. Digo, no tiene mucho de extraño, en nuestros medios se da mucho el matriarcado, aunque muchos no lo quieran reconocer.

Pero en el segundo siglo, cuando se consolidó la así llamada “Iglesia Ortodoxa” o primera Iglesia Cristiana, las mujeres comenzaron a ser relegadas, dice el artículo, junto con la “cosa” en la que ellas se estaban viendo más identificadas: el sexo.

No fue hasta el siglo doce que se requirió a todos los sacerdotes católicos que fueran célibes, y ya desde antes los Padres de la Iglesia estaban siendo cada vez más rudos contra el sexo en sí, o sea, los peligros de la carne.

Siguiendo esa línea, en el siglo IV, la madre de Cristo, María, fue declarada virgen. La castidad se había vuelto el ideal. Las mujeres, la incitación a la lujuria, fueron estigmatizadas.

Entonces, se pregunta Joan Acocella: ¿cómo es que el prodigioso anuncio de la Resurrección se le hizo a una mujer?

Lucas dice que Magdalena era “pecadora”. Esto tenía sentido. Está lo de los “siete demonios” extraídos de la pobre mujer. La concupiscencia pudo ser uno de ellos. María Magdalena es de las pocas mujeres –yo no estoy seguro— que es referenciada por su lugar de origen, Magdala, una villa de pescadores, próspera, al parecer pueblo licencioso amante de placeres. Y como ella llegó a lavar los pies de Jesús con sustancias que había comprado, no es muy lejano pensar en el cómo pudo haber conseguido ese dinero.

Dicen algunos estudiosos que la cosa se ponía sencilla para la Iglesia.

Antes de que se diga que me pueden gustar los asuntos de conspiraciones y demás, yo podría decirles que si por favor se dan una pequeña vueltita por historias de las primeras religiones, para que vean de a como se ponían las cosas a la hora de definir si existían, por ejemplo un espinoso tema, la Santísima Trinidad o una Santísima Dualidad (ésta última niega al Espíritu Santo el mismo "nivel" del Hijo y del Padre, que no sé con claridad si eso sea pecatta minuta o no) en los años del cuarto siglo de nuestra era (por no decir “después de Cristo”), puesto que había grupos dentro de la Iglesia Cristiana de entonces que apoyaban un concepto más que el otro. 

Me pregunto, ¿cómo serían las cosas de diferentes si ahora tuviéramos una Santísima Dualidad en vez de la archireconocídisima Santísima Trinidad?

Así las cosas, no es de extrañar que estamos hablando de la formación de la Cristiandad como organización, símbolo, conjunto de rituales y de como la forma de las cosas, más que su fondo, bueno, incluso su fondo, debía de entenderse, de asimilarse, de enseñarse y de difundirse entre los creyentes. 

No creo que haya directriz prima de evolución de instituciones así. Así como en muchísimas muestras de lo que es Civilización, las instituciones-por-ser, debían de actuar conforme a sus tiempos, conforme a sus circunstancias y entornos. Las evoluciones de este alcance se dan lentamente no en el día con día, pero tal vez sí, en el siglo con siglo.

Por lo mismo, dice el artículo del New Yorker, y el programa del Discovery Channel, que la campaña de castidad sería mejor auxiliada si el primer testigo de la Resurrección fuera ni más ni menos, una prostituta. Más todavía, una prostituta arrepentida. Reunamos esto con el concepto totalmente cristiano de humildad y ya tenemos una perfecta combinación, una enseñanza implícita.

El famoso mensaje que es el que muchas personas, maestros y sacerdotes cuando lo van leyendo, nos dirigen una mirada significativa de “¿ya ven?”.

Según eruditos que sí saben el asunto (no creo que tenga que hablar de conspiraciones aquí, ¿verdad?, de congresos secretos que se empeñen en cambiar nuestras sagradas creencias para de ahí “cambiar al mundo”, material, por cierto, ya algo trillado de novelas de suspenso de Robert Ludlum (¡buenísimas, para esto!)), bueno, según eruditos, el asunto era bajarle el nivel de la Magdalena mientras se le daba ese carácter de arrepentida y ¡desde dónde! 

Para esto, en el siglo sexto en un mensaje a su grey, el papa Gregorio el Grande relegaba a María Magdalena a un nivel vergonzoso. Ella, una de las pocas mujeres independientes del Nuevo Testamento, se convirtió sencillamente en puta, tal cual.

Tuvo un éxito bárbaro en su nueva “carrera”. Según leyendas escritas por viejos arzobispos ya olvidados por muchos, se dice que hasta murió en Marsella, Francia, arrepentida de su terrible juventud.

Se nombraron muchas iglesias con su nombre, sobre todo en Francia, se le pusieron a muchas niñas también su nombre (si no recuerda el lector o lectora, piensen en cuantas Magdalenas han conocido en sus vidas, bueno, ahora con tantas Kims, Jennifers y Pamelas, eso puede también convertirse en reliquias de estos tiempos tan maltrechos en los que vivimos).

Tanto el artículo como supongo que el programa de Discovery, se basaron en varios libros recientes de investigación del tema, como por ejemplo el de Susan Haskins, “Mary Magdalene: Myth and Metaphor” (1993) o el de Katherine Cansen, “The Making of the Magdalene: Preaching and Popular Devotion in the Later Middle Ages” (2001).

Según estas mujeres (¿será casualidad que sean investigadoras y no investigadores?), en el siglo XII hubo un ascenso en la prostitución en las nuevas villas en camino a urbanizarse. Magdalena por tanto se volvió por así decirlo, “prominente”. O sea, el mensaje iba en el sentido de que las “prostitutas deben arrepentirse”. Algo así.

Ella fue puesta como el ejemplo típico de que los meros mortales podrían pecar y pecar, y todavía a través del arrepentimiento podrían tener esperanza de alcanzar el cielo (¡Salvación por todos mis amigos!).

Al pasar los siglos, la figura de Magdalena se suavizó. Como ya se mencionó, se volvió ejemplo de arrepentimiento total.

En la parte popular, el cine, por decir Jesucristo Superestrella de 1973, de Norman Jewison, sencillamente se le representa como prostituta arrepentida. En la película de Zefirelli de Jesús de Nazareth, de 1977, aparece ella terminando con un cliente y en la de La Última Tentación dirigida por Scorsese en 1988, las cosas se ponen peor, se ve a Magdalena vuelta prostituta sólo porque Jesús, que fue su compañero de infancia, la rechaza sexualmente, y no porque él no quería, sino porque no debía. Ahora, siguiendo la trama de esa novela y película, Jesús pasa por alucinaciones, o por fantasías, dependiendo, (sin que el público lo sepa hasta el final y sorry por el spoiler), en las que llegan a tener un hijo. Después de la fantasía, Jesús muere en la cruz.

En el caso de la muy reciente La Pasión de Gibson, la Magdalena sólo llora.

Como veremos, a partir de los 70’s, las cosas se complicaron para Magdalena y para nosotros mismos en ese sentido (como si a alguien le importara).

En 1969 se acabaron muchos santos por la revisión litúrgica del Santoral. Incluso San Cristóbal, el de las medallitas, se nos fue, pero, me pregunto ¿éstas se seguirán vendiendo? Supongo que sí. A eso me refiero, muchos ni se enteraron que San Cristóbal ya no era santo y siguieron vendiendo sus efigies y muchos siguieron comprandolas.

Como si a alguien le importara a estas alturas lo que dicta el Vaticano, repito.

Al reescribirse con más precisión las biografías de los santos, Magdalena dejó de ser prostituta.

Como ya vimos muchos querían que siguiera siéndolo. Y otros, dice Joan Acocella en su artículo del New Yorker, comenzaron a preguntarse en primer lugar, cómo, y porqué, llegó ella a ser degradada en ese sentido.




Eso lo veremos en la tercera parte de este blog largo largo largo como la Cuaresma.

La (nunca fue, pero pudo ser) No-Iglesia Católica basada en el Evangelio de María Magdalena, Parte I: una pequeña Introducción.


A modo de introducción ya que este blog va a ser largo largo largo como la Cuaresma, incidentalmente, fecha de publicación.

Hubo muchas palabras escritas el año pasado con tintes religiosos, con no sé qué propósito.


Había salido hacía tres años antes lo del Código Da Vinci, un libro mediocre que produjo una película también mediocre que levanto un revuelo tipo cualquier cosa, excepto, nada mediocre, la verdad.

Apareció el Evangelio de Judas Iscariote patrocinado ni más ni menos que por la National Geographic Society con el que hicieron muchísimo escándalo, lo transmitieron hasta el infinito en su canal e incluso imprimieron un número especial al respecto.

Y últimamente apareció un documental con el señor James Cameron por ahí en la producción, que tenía que ver con que habían encontrado la tumba de Cristo.

Sin ser yo especialista, el tema de la religión, como de todos los seres humanos, creyentes o no, me atañe.

Mucho se dice de cuales son los motivos por los cuales se tocan temas así. Muchas personas de inmediato mencionan que es por el dinero. Así de sencillo. Los perpetradores culpables de querer alterar el status quo quieren llamar la atención y por ese sencillo hecho esperan que haya dinero a toneladas que habrá que recoger.

Esto puede ser cierto en muchos casos, pero no en todos. Digo, hay personas que sí les gustan sus temas, que sí están apasionados y que sí hacen cosas que en sí les dan placer.

Otros motivos que se pueden derivar de ahí es, dicen, “desear hacer daño a las tradiciones, a las instituciones, y a la Iglesia en particular”.

El problema es que dentro de cada quién existen motivadores que despiertan o que incitan a seguir tras la comprensión y el entendimiento en muchas circunstancias.

Así como la Iglesia está dentro de su derecho a perseguir una erudición en temas teológicos dentro de su misma naturaleza de manera superlativa, así ha de haber miles de personas que se sienten también con derecho a perseguir su propia y diversa erudición por el sencillo punto de querer saber más acerca del entorno que los rodea y de la búsqueda de esa comprensión y entendimiento por sobre muchísimos misterios de los que está poblada la historia de la Humanidad.

La historia de la Religión es así, uno de esos temas en los cuales muchas personas quieren conocer sus propios orígenes como seres humanos en lo que concierne a la búsqueda de su creador.

Así como cuando uno va a la Iglesia físicamente no puede dejar de sorprenderse de estar en medio de una institución tan rica en capas de análisis queriendo tratar pobremente de abarcar lo que está sucediendo en medio del rito.

Primero el edificio que alberga el culto. Las imágenes que están ahí por motivos específicos. Las personas que imparten un mensaje de 2000 años de antigüedad atenuado o intensificado con las circunstancias modernas de 20 siglos de progreso, titubeos, cismas y revoluciones.

Luego, tenemos a la misma gente que acude al llamado a escuchar ese mensaje. Llenos de fe y en este caso casi sin vacilaciones, los que domingo a domingo acuden a recibir la palabra que ellos atribuyen a un ser de origen divino, más allá de la comprensión de todos nosotros. Acuden con fervor a lograr un poco de comprensión que pueda ayudarlos en su día con día. A tratar de realizar la conexión de la divinidad del universo con la misma esencia, miserable o no, de la presencia cotidiana de los mismos seres humanos. Seres humanos llenos de fragilidad, rodeados de tentaciones, repletos de angustia y de incertidumbre de lo que sucederá en sus vidas, y un asomo de certeza de que algo sucederá después dentro de sus inevitables muertes.

El mensaje que se da en la Iglesia es el producto de esos veinte siglos de tradición en que las palabras de un profeta diferente de los muchos contemporáneos que habían aparecido en esos tiempos, que murió y de quien luego se asegura que resucitó (la indiscutible clave de todo), que son el verdadero sentido de la existencia de más de 2000 millones de personas en toda la humanidad.

Palabras de concordia, palabras de fe, palabras de misericordia. Palabras de alegría, dicen incluso.

Palabras dichas por alguien que existió al principio de un tiempo que él como nadie más en la humanidad ha puesto denominación a su época, punto de referencia, punto de comienzo en la línea del tiempo que por eso es 2007 la cantidad de años después que el nació (que haya en realidad pequeños errores de cálculo, ¿qué son cuatro años entre buenos cristianos? bueno, eso no disminuye el significado del punto).

Esos estudiosos que se ponen a leer los registros que la arqueología entrega de tiempo en tiempo (de hecho cada vez más frecuentemente), no pueden ser acusados per se de querer cambiar un status quo. Ellos buscan saber culturas, muestras, castillos, reliquias, no exactamente buscan un cuerpo específico. Supongo.

Si la gente ya cree en las circunstancias divinas de Jesús, si la gente cree en la transubstanciación, si la gente cree en sus palabras, en sus hechos, bueno, que sigan creyendo a pesar de lo que aparezca: intrínsecamente nada cambia. Si se encuentran los restos de la Santa Cruz, si se encuentra la tumba de José de Arimatea, si se encuentra, ¿qué? ¿Los restos de la celebración de la tumba de Canaan? Lo que sea.

Nada cambia. Sólo se enterará un 2% de los cristianos mencionados arriba. De ese 2% un 90% ni les impactará. Los otros 1960 millones de personas actuarán como si nada.
Ojala la inmensa mayoría de la gente fuera como el ejemplo que Jesús predicaba. Ojala pusiera su otra mejilla, ojala fueran por la oveja descarriada, ojala siguieran el bien, punto.

Ojala no hubiera sacerdotes pederastas (con todo que han de ser más los pederastas no sacerdotes, por supuesto), ojala hubiera sacerdotes sin ambiciones ni orgullo, que fueran sin tacha (como los demás seres humanos también, pero el caso es que ellos son sacerdotes).

¿Qué importa que Judas pudiera haber sido el más inteligente de los apóstoles (en La Ultima Tentación de Cristo de Nikos Kazantzakis así es en realidad)? No se trataba de un concurso de inteligencia, sino de pasión, de amor por su maestro y por la causa espiritual en sí.

En fin. Hablar de religión es hablar de la experiencia espiritual de cada persona (cada una de las seis mil millones y pico de personas de este planeta, quiero decir) y de sus sensaciones, percepciones, conocimientos y experiencias. Mejor no hablar. No mucho, al menos.

Y en eso estaban las cosas cuando…

…leí hace como un año un artículo del New Yorker llamado “La Santa Pecadora: la Obsesión de Dos Mil Años con María Magdalena”… y me tocó ver un programa en canal 22 acerca del tema de la Magdalena, mismo programa que se había transmitido el año anterior en el Discovery Channel.

Y de eso se trata el siguiente blog.

Vuelvan, que esto se pone bueno.

jueves, marzo 29, 2007

Sobre la película de Network (Poder que Mata) o el peligro que representa una masa que gobierne y decida



Hoy casi nadie se acuerda de la película de Network, es más, si hoy saliera una película con ese nombre se pensaría que tiene que ver con Internet, virus, firewalls (y ya hay una película llamada así, con Harrison Ford: Firewall) y demás.

Pero esta Network de la que hablo pertenece a un mundo en el tiempo en que los escritorios en las oficinas tenían encima sólo máquinas de escribir y máquinas calculadoras de cinta. No había ni fax y la gente, obvio, no tenía ni celular.

Network apareció en 1976 y la estelarizan Faye Dunaway, William Holden, Robert Duval y Peter Finch, dirigida por Sydney Lumet. De hecho Finch estuvo tan superlativo que le dieron el Oscar por su interpretación, y eso no tiene en sí mucho de extraordinario pero sí lo es la pequeña circunstancia de que él murió antes de su misma nominación. Y fue el primer Oscar (y el único hasta ahora) póstumo que ha habido. Por cierto la que hace de esposa de William Holden, Beatrice Straight, ganó un Oscar en esta película a la mejor actriz femenina secundaria con el menor tiempo de aparición en pantalla, cinco minutitos.

De hecho con eso de que acabo de ver la película de Syriana y averiguando sobre de esta película supe que George Clooney está viendo la posibilidad de realizar una segunda versión de Network.

¿Qué hay detrás de Network? Un veterano conductor, borracho y ya en decadencia (Finch), perteneciente a una ficticia cuarta cadena de televisión norteamericana (por entonces sólo había tres, ahora hay siete, creo) y que van a correr, dice al aire frente a la audiencia que se suicidará frente a las cámaras en una semana. La audiencia no lo puede creer y la administración viendo la sensación creada lo empiezan a poner más tiempo al aire. Una astuta y despiadada ejecutiva (Dunaway) ve la oportunidad y estimula al tipo a que siga hablando lo que se le ocurra decir de su ronco pecho. En un punto el conductor hace que la gente salga a la calle a literalmente a gritar ¡¡ESTOY MUY ENCABRONADO Y YA NO AGUANTO MAS ESTO!! (Bueno, en inglés dice ¡¡I’M AS MAD AS HELL AND I ‘M NOT GOING TO TAKE THIS ANYMORE!!”.

El caso es que el veterano conductor sigue teniendo rating (le llaman ahora “El Profeta Loco de la Televisión”), pero sólo hasta cierta altura. Llega el momento en que empieza a hablar de mil cosas… entre ellas de las compañías mismas de medios y de las influencias de los imperios trasnacionales comerciales que abarcan al mundo entero, sobre todo comienza a enfocarse en los árabes que están empezando a tomar el control absoluto de multitud de empresas e industrias.

La historia está contrapunteada por un programa de televisión que tiene que ver con un grupo activista extremo tipo Las Panteras Negras, uno de cuyos grupos, un brazo armado, realiza asaltos y secuestros. La cadena vio una oportunidad de realizar un programa en vivo con estos tipos, un avance de lo que después vinieron a ser los reality shows, todo en busca de la mayor audiencia cueste lo que cueste.

Sucede que las cosas con el veterano Finch se complican, y el mismo presidente de la Cadena toma cartas en el asunto. La mente de Finch cada vez está peor, acaba cada programa desmayándose y ya cada vez más la gente se acostumbra a verlo sin sorprenderse: los ratings vuelven a caer. La cosa se hace insoportable. Surgen grandes dudas, los dueños de la empresa, que nunca aparecen, piden resultados. Los ratings deben de subir.

A como dé lugar.

Me encantaría escribir el final de la película Network aquí mismo. Pero no es justo. Lo que sucede después es impresionante, terrorífico. ¿Por qué? No es el tamaño de la escena que vemos sino el significado de pensar y de atestiguar el acto mismo de vender el alma al diablo.

Así de sencillo.

En la televisión hoy en día, 31 años después de la película, el rating, en todo, tiene ahora más poder y determinación en lo que hagas, presencies, exhibas, mires y admires.

Ex abrupto académico y cultural:

Si estás leyendo esto hasta aquí, es más probable que tengas un sentido de la cultura más profundo que el promedio de la gente. Pero ese es el problema, el promedio de la gente no llega a leer esto, porque, obvio, prefiere leer cosas más sencillas, digeridas, más enfocadas hacia sus vísceras de diversión, de entretenimiento banal-superficial-trivial y de bajos instintos, sexo, violencia, crudeza y mismos chistes estúpidos infantiloides (disculpen los infantes) de siempre.

Y como esta cantidad de gente es más que la gente a la que sí nos preocupa la cultura, de la cual me considero parte (que no se habla de cuestiones ni de superioridad o inferioridad, esto no tiene que ver con eso ni con mejor ni con peor), y por eso sé que sencillamente el grupo que exige jamás podrá comprar más jabón o más sopas o más pasta de dientes o más automóviles o que podrá gastar más con tarjetas de crédito.

Eso es un hecho consumado.

De hecho, la gente a la que nos gusta cuestionar no somos suficientemente claves como para que las grandes compañías productoras nos den programas de TV con la calidad requerida (aunque no es necesario que haya mucha, con que tenga sus elementos rescatables, y la verdad sea dicha, es siempre más importante la calidad que el billetazo). Y bueno, sabemos que esos programas de calidad que SÍ han aparecido en TV han sido casi como relámpagos en cielo despejados (Cosmos, Yo Claudio, Los de Arriba y los de Abajo, Arrested Development, Seinfeld, pensándolo bien, si hay muchos ejemplos, pero, ¿contra cuantos millones que no lo serían?).

(Trato de no aparentar ser pedante, ya saben mis pocos lectores y amigos que me desvivo por Boston Legal, por Monk, por Lost, por Battlestar Galactica, por La Dimensión Desconocida y por Ensalada de Locos, incluso…)

Pareciera que las cadenas están desde hace mucho tiempo cada vez más sensibilizadas hacia el grado de atracción que sus programas provocan para poder ofrecer la cantidad de audiencia a esos fabricantes de jabón, sopas, pasta de dientes o automóviles. A los fabricantes (benditos sean) les interesa vender cada vez más (y aquí surge la vida real: de esos fabricantes depende la vida de muchísimos trabajadores y de esos trabajadores dependen sus familiares, que son muchos de ellos los que forman parte de esa audiencia que está pegada a ver esos programas en necesidad urgente de rating, viéndolo así, la cosa es trágica de verdad).

(Sólo recordar una vez más, que lo que venden las cadenas de TV, su producto básico, su materia prima, somos nosotros, la audiencia, medida en rating, clasificadas por demografía y estrato social, y se la venden a esos fabricantes de jabones, de sopas, de dentríficos, de automóviles).

No que los fabricantes determinen el contenido de los programas de televisión. Pero sí el tema, de cierto modo. (Bueno, han influido hasta en la caída de canales mismos de TV cuando un contenido noticioso, o cierta tendencia de periodismo no les parece, o sea, de los peores tipos de censura posible.) Supongo que mientras no haya programas de TV que discutan en sí mismos de las políticas de contratación discriminadoras, o de si las industrias patrocinadoras sean contaminantes o no, o de si sus modelos de artículos, como carros, por decir, pues, siguen planes y programas de obsolescencia plenamente comprobados, todo está correcto, es que hay tantos temas a tratar, ¿para qué ocuparse de temas espinosos?

Es como el caso de la película de The Informer-El Informante (1999), con Russell Crowe y Al Pacino, que muestra a una cadena americana de TV, la CBS, que de alguna manera en su programa de 60 Minutes, el impecable e implacable veterano programa de reportajes, cuestiona a las compañías cigarreras norteamericanas sobre el como estas han aumentado, y aumentan, la cantidad de nicotina que contienen sus cigarros para crear más adicción física entre sus consumidores, sin advertirles nada a estos. The Informer muestra la embarazosa circunstancia que se da cuando la CBS tuvo que hacer moderar (o autocensurar) sus comentarios cuando se vio que atacaba a una compañía que de cierta manera tenía intereses en su propia televisora.

Esto sucede a menudo. Por decir, la NBC es propiedad de General Electric, y de antemano ya se sabe que jamás en ninguno de los noticieros o programas de reportes de esa cadena, se va a criticar de lleno a la industria de reactores nucleares… porque la General Electric tiene muchísimos intereses en esa industria, como fabricante y como “portavoz de la energía eléctrica limpia”, entonces para ellos no queda nada mejor que autocensurarse puesto que, ¿quién se entera al final? Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda.

Ahí está la audiencia del programa de Network. Les importaba más al final el hecho de que una persona estuviese perdiendo el control y la cordura que los mensajes emitidos, algunos llenos de sentido y otros más puras discurrencias sin sentido. A esa audiencia le importaba más el espectáculo. Como sucede con Cristina o Laura de América, a los televidentes y audiencia, ¿realmente cree que les interesan a ellas los valores familiares o los de la comunidad? No, a las audiencias les interesa ver los agarrones, lo que se dicen entre los pobres participantes, culpar a uno y culpar al otro.

Rating, rating, rating. El dios del dinero. Moloch. Mammón (así le llaman, no lo olviden).

Las cadenas lo aplaudirán. Las cadenas lo desearán. Ya lo dijo el señor Emilio Azcárraga Milmo palabras más, palabras menos: “hacemos televisión para jodidos… los que quieran leer cosas elevadas que lean el Proceso…”.

El rating se medirá en el futuro cada vez más sensiblemente, por minuto. Eso también lo profetizó la misma televisión en el programa de culto de Max Headroom en el que las cadenas lo medían de ese modo con todo y gráficas integradas en línea durante la transmisión del programa. Llegar a esos niveles de examen ya es cosa de locos, realmente. O tal vez no.

Si es que no lo hacen ya con esa precisión. Y ahora que lo recuerdo, leí, pero pensé que era exageración, que la medición del rating hacía hasta cambiarle las frases que el conductor va a hacer al vuelo vulgo “improvisación”. Si una línea salía bien, todo perfecto, si no, si detectaban que medio millón de personas de Nueva Inglaterra cambiaba de canal, usen otros enfoques de frases, ¡rápido! El que se aburra la gente es intolerable.

¿Las cadenas culturales? Me puede gustar la plasticidad del ballet, pero no tanto, las óperas pueden ser increíbles, pero no son mi arte preferida, ¿entonces? ¿Qué puede significar esto? Que la oferta de Cultura por televisión tendría que ser varíadisima al igual que la Cultura misma para que todos estemos contentos. Que ojalá hubiera un Dance Channel y un Opera Channel y un Libraria Channel y un Film Channel y un Architectural Channel y un Theater Channel y un Eternity Channel

Qué si ahora toda la cultura se engloba en un mismo channel, o canal 22, por decir, es eso, no hay rating suficiente para lo anterior a menos que haya una masa crítica que lo sustente. (Los chicos que crearon la telefonía sobre IP de Skype apuntan, de hacer realidad una buena telefonía por Internet a hacer una tecnología que sea como un You Tube, pero no sólo imágenes y clips de cien millones de tipos sino de verdadera televisión con canales diferenciados con identidad y todo, que hará verdadera la metáfora original aquella de que llegaría el momento de que hubiera al alcance de todos 500 canales de televisión… que ya hay, pero como decía Bruce Springsteen en su profética canción de los 80’s Fifty Seven Channels (and nothin’ on), Cincuenta y Siete Canales…y Nada en Ellos…. (los de Skype hablan hasta de 50,000).

Fin de ex abrupto académico y cultural.

Mientras esperamos a que eso suceda, a que un día existan la opciones en las que el rating no sea una necesidad en sí de vida o muerte (como la película Network lo muestra de manera tan… evidente), la televisión se volverá sólo un remedo de lo que en 1976 se consideraba extremo, distorsionado, maniático, y finalmente terrible, mostrando sólo una película extravagante sobre un medio disparatadamente obsesionado con los resultados (¿y cuantas personas no concluiría después de leer esto último… con la frase “tal cual se debe”?).

La masa maneja. La masa gobierna. La masa es. Sólo… es.

La masa es como el agua, al final encuentra su camino, implacablemente, despiadadamente.

Y exigen sacrificios.

Y los medios se los darán (¿o ya olvidamos Tlahuac?).

jueves, marzo 22, 2007

LA PRÓXIMA REVOLUCIÓN, COMO MUCHAS OTRAS, TAMBIÉN EMPEZARÁ EN CALIFORNIA…



Leí un artículo el mes pasado que se me hizo interesante y luego se me perdió, pero ya lo encontré. Es un artículo del New York Times y habla acerca de California y su gobernador.

Yo no sé a cuanta gente le caía bien Arnold Schwarzenegger en el pasado cuando sólo era un triste Terminator, o cuando se la pasaba haciendo tareas de comando o de enfrentarse solito a depredadores. Lo que sé es que ahora a mucha gente le cae mal. Y le cae mal, no sé, porque tiene una concepción de lo que es mejor para “su estado”, bueno, que no era “su” estado, pero que ya siendo gobernador en segundo término, pues algo ha de ser suyo. Ya sabemos la historia, él, un inmigrante austriaco ya de repente es gobernador. Y gobernador ni más ni menos que de California, la, que si la pudiéramos separar de los Estados Unidos, sería la décima potencia mundial, y ellos dicen que son la octava, ya ven como es esto.

California es impresionantemente grande. Así los Estados Unidos. Dicen que los que fundaron los Estados Unidos no sabían lo que hacían. Eran cuatro millones solamente en 1776, fecha de su fundación. Hoy son 300 millones. No poca cosa.

La pregunta que se hace Gar Alperovitz, autor del artículo es, ¿cómo se puede manejar un país de ese tamaño?

Y el punto se centra en California y lo que su gobernador está haciendo. Él quiere descentralizar el gobierno. Y no es que se ponga alarmista en el asunto, sino que sólo pone los puntos sobre la íes en ese caso. Arnold está hablando de que California es como un estado-nación (como Esparta, ahora que la película de 300 está de moda, por si no se sabía, los 300 son eso, espartanos). Lo dice así: “Tenemos una fuerza económica, tenemos la fuerza tecnológica de un estado-nación”. Agrega: “somos una buena y gran Comunidad (en el término inglés de “Commonwealth”, como lo usan los británicos y sus naciones afiliadas).

En ocasiones se ha pensado acerca de los pactos federales, en la cuestión de lo que hace a una nación. Por ejemplo en México somos 31 estados y un distrito federal (que quiere ser estado, para esto), todos unidos a través de una constitución, de un gobierno y de un pacto federal. No hay ningún estado que se pueda separar por si quisiera hacerlo de la noche a la mañana. Se ha sabido que en Baja California Norte lo han mencionado respcto a su estado. Igual Yucatán, igual Chiapas, igual Nuevo León. ¿Por qué México sigue juntos? Supongo que porque el sol sale y el sol se mete, eso parece, la lógica se indica pero las razones son otras.

Es medio embarazoso el asunto este. ¿Te quieres separar? Hágalo m’ijito. Y aquí tiene para el camión. Yo sé de esto, me quise salir de la casa a los 10 años después de una gran rabieta tan grande que ya la olvidé (debió haber sido la Madre de todas las Rabietas, pero la olvidé). Mi papá me dio lo del transporte. Reflexioné a tiempo que ya teniendo el pasaje no había para donde irme. Terminé la Gran Rabieta y opté por quedarme.

Tal vez esa sea la clave. Tendremos para el pasaje, pero ¿para dónde vamos?

Bueno, ese es el caso mexicano. España por decir un caso, tiene sus 17 autonomías bien puestas. No estoy enterado del alcance de la autoridad de las mismas. Supongo que no pueden emitir pasaporte o monedas o hacer tratos con naciones enemigas. Me imagino que a nadie de Cataluña le convenga aceptar slotys o pesos, en lugar de euros. Hacen bien.

Pero California es otra onda. Ya hace a nuestros amigos norteamericanos hacerse preguntas como ¿Qué significa la “democracia participatoria” en circunstancias así? ¿Quién representa los intereses de todos los habitantes?

A veces me he preguntado, ¿para qué quieres un poder que luego no puedes ejercer o que te la tienes que andar negociando y conciliando intereses que al final no te hacen quedar bien con nadie? ¿Qué necesidad hay de eso? Política y Poder. Ya hablé de eso otro día. En los países anglosajones necesitas dinero para hacer política.

¿Aquí y en nuestros países hermanos? Sencillo, te metes a la política para sacar dinero.

Nos “quitaron” Texas primero, California, Nuevo México, Nevada, Arizona y parte de Utah, no por ineptos (bueno, algo así), pero más porque esos lugares estaban muuuuy alejados del poder, de la autoridad, del interés incluso y estaban más cerca de la indolencia. No era de extrañar que vinieran personas con otro tipo de ética y trabajo, además de audacia y desprecio por la propiedad mexicana (ellos que ensalzan el concepto de propiedad, como ya lo veremos en un próximo blog), poseídos por un mensaje en sus corazones que les indicaba un “destino manifiesto”.

Había un pacto federal o central en México. Lo que fuera. Ya no importa. Esos estados ya no están con nosotros.

Y dicen los enterados, unos economistas en este caso, Alberto Alesina de Harvard y Enrico Spolaore de Tufts, que “mientras más grande la nación, más difícil para el gobierno que llene las necesidades de su población dispersa. Que regiones que no se sientan bien servidas por la distribución de bienes y servicios tienen más incentivos para tomar una acción independiente. Le está pasando a Bolivia ahora mismo con cuatro de sus regiones.

Pero, digo, si nos queda de consuelo, por lo menos California ya no será de ellos tampoco, algo bueno sale de todo, si sólo lo podemos ver.

Volviendo a los Estados Unidos. Es enorme. Los mapas engañan. Alemania, la Gran Deutschland, cabe en las fronteras del estado de Montana. Francia es más pequeña que Texas. Si uno ve hacia la Luna llena cualquier noche de ídem, vean la curvatura, el círculo. Ese círculo casi exactamente es el ancho de la masa continental de los Estados Unidos.

California sería la esquina inferior izquierda. Una gran esquina inferior izquierda.
California sería la primera opción como para una “devolución regional”, como se le llama. Otro después sería Nueva Inglaterra, toda esa área. Cada quién sus cosas, cada quién sus intereses. Cada quién su acento regional al hablar.

California, no por nada invitó a Tony Blair a Long Beach a firmar un acuerdo entre California y Gran Bretaña acerca del Calentamiento Global. Sólo falta que firme el Protocolo de Kyoto, si no lo quiere firmar Bush, es problema de Bush, el día que Arnold lo quiera firmar, lo firmará y lo hará cumplir dentro de sus fronteras, por decirle así a sus límites estatales. ¿Quién se lo impedirá? Las fieles tropas norteamericanas están muuuuy lejos, en Irak y en Afganistán, dándoles una paliza a los malos, cuando los encuentran, por supuesto.

Ya lo dijo Arnold: California, el estado-nación, el estado armonioso, el estado próspero, el estado del futuro, se volverá un modelo, no sólo para la sociedad americana del siglo XXI, sino para la de todo el mundo”.

Recuerden, muchas revoluciones empiezan en California y no saben dónde acabarán.
Ellos sí tienen para el pasaje y sí tienen para donde ir.

Ahora esperemos la Gran Rabieta.

miércoles, marzo 21, 2007

Wal-Mart: el Elefante de tu Vecindario (y tú creías estar consiguiendo gangas).



Estuve leyendo un artículo de Marian Kester que hablaba de un libro de un tal Charles Fishman: El Alto Costo de los Precios Bajos: El Efecto Wal-Mart, o Como la Compañía Más Poderosa Del Mundo Realmente Trabaja y Como Se Está Transformando La Economía Americana.

Antes una aclaración :

Yo ya escribí un artículo sobre Wal-Mart y está en
http://esp.mexico.com/lapalabra/una/25230/republica-de-walmart , donde expongo algo de lo que está comentado aquí en esta nota.

Si se van a leerlo, favor de volver aquí, ¿sí?


(Espero que les agraden ambos…)

Adam Smith, para los que no lo saben, es el primer gurú de todos los gurús de la Economía (ha habido muchos después, pero él es el primero reconocido), y dijo en su libro llamado La Riqueza de las Naciones: “El único propósito de toda la producción es el proveer los mejores bienes posibles al consumidor a los precios más bajos posibles. Dice Kester que el problema es que la sociedad ha aprendido a cuestionar si Adam Smith no se quedó corto con lo de “el único propósito…”.

Wal-Mart es un megamonstruo, es una república en sí misma. Es, como dicen: el elefante en el cuarto que nadie puede ignorar. Por un lado esta compañía, realmente la más grande del mundo, más allá de todas las creencias de los que se dicen conocer de esto, tiene cosas positivas: tiene un efecto deflacionario, es decir, que de cierta manera sí contribuye a bajar los precios en donde se encuentra, esto por un lado y por el otro, eso lo ha logrado gracias a un incesante perfeccionamiento en cuanto a sus conceptos a lo largo de las cadenas de producción, distribución y venta, es decir, la eficientización al máximo de todo lo que signifique proceso económico hacia el consumidor.

Esto sí es lo que se puede decir globalización a todo lo que da.

Claro que todo tiene un costo, por decir los salarios bajos que otorga a sus “asociados”. El libro habla (no lo he leído) de las personas ordinarias que están dentro de esa gran organización. De cómo les paga, de cómo los trata. Por otra parte y de algún modo Wal-Mart sabe donde están sus clientes, sabe donde están sus compradores. Sabe qué mercado está atacando, sabe el tamaño del mercado que es…

Pero no todo es miel de hojuelas en este asunto, dice el libro: por ejemplo, está el caso del “Esquema del Galón de Pepinillos”. No me imagino cuanto puede ser lo que se tarde una familia en poderse comer un galón de pepinillos, lo que sí sé es que un día compré una docena de paquetes de macarrones con queso que me duraron una eternidad (un año aproximadamente y en la vida he vuelto a comprar algo similar) y si han visto como se vende la mayonesa o la mostaza, bueno, no todos tenemos puestos de hot dogs, pero, ¿qué es lo que pasa con la compañía que vende a Wal-Mart estos pepinillos? Bueno, debería mejor decir que vendía estos pepinillos. La compañía fue obligada por Wal-Mart a vender a 3 dlls aprox. su galón. Esto provocó que todo mundo comprara en su momento esos galones, pero, es lo que digo, ¿cuántos pepinillos puede consumir una familia sin aburrirse o hartarse de comer pepinillos?

Pues la compañía siguió vendiendo a ese precio obligado por la amenaza de Wal-Mart de perder la cuenta si no lo hacían así. Resultado: La compañía quebró al no poder sacarle más que un centavo de dólar de ganancia al mencionado galón. Quebró, kaput, R.I.P. .

No es el único caso, está en muchos sectores de producción. El caso Tupperware fue uno de ellos.

Esto significa que en eso de la política de cortar costos para venderle a los clientes (tan lindos que somos, la verdad) hay una impresionante maquinaria en busca de descuentos a como dé lugar hacia los proveedores.

Se menciona otro caso, el del salmón. Se vende supuestamente a 50 pesos la libra. Pero eso no explica las impresionantes cantidades de desecho que quedan de las procesadoras de pescado, incluyendo el escabroso tema de la parte ambiental, que según esto, es un desastre total. Un precio muy bajo para nosotros los consumidores, y la verdad, el sushi de salmón es riquísimo, la verdad que sí, pero el punto es este: ¿a qué costo?

Los ejemplos siguen: las fábricas de esa ropa tan encantadora y tan barata que literalmente explotan a la gente de Bangladesh, de Pakistán, de Tailandia.

Fishman, el escritor, se pregunta eso, si el bajo costo vale la pena el precio al consumidor. ¿Qué es lo que quiere Wal-Mart a fin de cuentas? ¿Dominar al mundo, que todo hombre, mujer y niño le compre sólo a ellos llevando a la bancarrota a todos los que no acepten sus condiciones?

Eso hace preguntarse, que significa eso de “Precios Siempre Bajos” ¿Cuánto “bajo” es lo correcto? ¿Por qué nosotros consumidores no podemos ver hacia donde lleva todo esto? ¿Son nuestros beneficios a corto plazo más importantes que los beneficios de la comunidad de largo plazo? ¿A dónde más vamos a comprar? ¿Qué productos vamos a comprar después de que estas compañías hagan temblar a las demás, hasta desaparecerlas? ¿Este comentario, que tanto puede pesar en la forma de pensar del mundo?

Marian Kester al final dice: “Si los impuestos son el precio que tenemos que pagar por la civilización, precios más altos pueden ser el precio que se tendrá que pagar para ser una sociedad de Primer Mundo”.

A lo que yo podría concluir: si ese es el temor que hay allá, ¿qué es lo que estará pasando acá? Eso si está de pensarse y de estar claros en no perder de vista al Elefante.

Y por otra parte, ¿qué se puede hacer con un Elefante así?

Como se decía al principio, cualquier cosa, excepto ignorarlo.

lunes, marzo 12, 2007

Es sólo cuestión de estar ahí: Reflexiones (verdaderamente innocuas) sobre el señor Slim.


¿Cuál es el punto de hablar del tercer hombre más rico del mundo? ¿Tiene algún sentido saber, averiguar, comprender, asimilar, respecto a cómo consiguió el dinero para llegar a serlo? ¿Es imaginable para alguien, gente común como tú, usted, o yo mismo, el cómo una persona en un año hizo crecer su fortuna en algo así como en un 63%, en miles de millones de dólares? Para ser precisos, ¿de alrededor de 30 mil millones el año pasado a 49 mil millones en este? ¿Tiene sentido eso?

¿Se alcanza a comprender que esa persona sea de origen mexicano? ¿Nos dice algo como país? ¿Será equivalente a que la Sub-17 gane el Campeonato Mundial de Fútbol de su categoría? ¿Será equivalente a que los mexicanos hayan obtenido dieciséis nominaciones en los recientes Premios de la Academia? ¿Nuestro país ya será más tomado en cuenta positivamente en el “Concierto de las Naciones”? ¿Ya nos hace más dignos de ser escuchados en la OCDE? ¿En la ONU? ¿En la CONCACAF? ¿Habrá un “El Aprendiz” con el señor Slim próximamente cuando Telmex empiece a transmitir televisión por sus propios medios?

Qué esa concentración de dinero pueda significar una ventaja o un perjuicio o un beneficio intrínseco en nuestra sociedad, ¿será motivo suficiente para darnos orgullo? ¿Lo estaría buscando conscientemente? ¿Son cosas que “sólo” se dan? ¿o que “se dan” solas? Si nos los propusiéramos los demás ¿lo podríamos conseguir? ¿Será algo genético? ¿Si estuviéramos en las mismas condiciones, alguien lo conseguiría? ¿Fue entonces el fenómeno una cuestión de visión o de sentido de oportunidad o de sentido de verdadero genio?

Si escribo esto, ¿me ocasionaría algún problema en mi futuro? ¿Me verán en Sanborns y se negarán las señoritas a servirme un buen café? Espero que no. Me gusta ir a Sanborns. Y comprar chocolate Manicero. Y mejor aún, el chocolate El Capitán. O más todavía. Las tortuguitas de chocolate con nuez.

Supongo que a nadie le importaría esto. Digo, si de algo se trata este blog es de analizar, de suponer, de reflexionar, de aventurar, de abrir los ojos, de seguir, de mostrar, de poner como ejemplo, la situación en la que nos vino Forbes a poner los puntos sobre las íes.

El señor Slim es una figura pública. Su vida privada la ha de tener y será muy respetable como la de cualquier hijo de vecino y no se trata ni tratará de inmiscuirse con ella.

La motivación para conseguir dinero (ESTAS cantidades de dinero, digo), o de ganar una cantidad de dinero ASÍ es como lo dijimos en otro de estos blogs, no ha de ser por acumular más en sí mismo (ese sería un complejo como del Tío Rico McPato) sino por la pura diversión de llevarlo a cabo. Al menos eso opinan los que conocen del tema del primer lugar de Forbes, Bill Gates y del segundo, Warren Buffet.

Por cierto, es interesante pensar que si el señor Slim ganó lo que ganó en un año, 19,000 millones, que se cuiden mejor los otros dos, pues a nuestro compatriota le separan menos de 7,000 millones (creo) del primer lugar. Cuándo eso suceda, ¿estaremos más orgullosos? ¿O le tendremos envidia, inquina o sospecha? (“¿En qué nos estás fallando Gates?” le dirán sus fans. “¡No regales tanto dinero, Bill, te van a alcanzar!” le dirán sus allegados más preocupados)

¿O nos tendrá todo eso sin cuidado mientras hacemos fila en alguna oficina para realizar un pago, o incluso en el mismo Telmex al querer pagar nuestro recibo?

¿Cuánto es un millón de dólares? Al tipo de cambio de estos días serán como 11 millones de pesos. ¿Qué se podría comprar con 11 millones de pesos? Mmm. Puede que me falte imaginación. ¿Una supercasa? ¿100 Pointers de la Volkswagen? ¿Una superflota de taxis? Podría ser. Mejor no, me faltarían las placas. Y eso SÍes una lana.

Ahora, ¿cuánto son mil millones de dólares? 1,000,000,000 de dólares. Un uno seguido de nueve ceros. ¿100,000 Pointers? ¿Mil supercasas? ¿Cuánto leí que costaba un kilómetro de carretera? Ya verifiqué: 12 millones de pesos (eso dice un reporte que me encontré por ahí, que eso costó un kilómetro de un tramo equis de la carretera México-Tuxpam). O sea que un kilómetro de autopista cuesta prácticamente un millón de dólares. ¿Verdad? Entonces 19,000 millones de dólares serían 19,000 kilómetros de autopistas. ¡Woow, eso son muchos kilómetros!

Pero si no me gusta mucho viajar y si no tengo a dónde ir, pues, ¿qué me puede importar? Basta de metáforas rebuscadas.

Que el dinero no tenga sentido después de tú conseguir tu primer decena de millones de dólares es un problema.

Pero, ¿qué opinamos de esto que sigue?

David Pogue, dudo de que alguien fuera de su círculo de amigos lo conozca, es un cuate que escribe un blog en el New York Times. Tiene una columna llamada Circuits que sale los viernes. Resulta que este cuate escribe de muchas cosas, de si son significativos los megapixeles de una cámara fotográfica como para tomarlo como factor de decisión de compra, o si tal o tal suite de multimedia es genial, o si el Blackberry tendrá una megademanda judicial que le impediría funcionar a lo largo de la Unión Americana, o sí el Windows Vista es increíblemente mejor que el XP o no exactamente.

El caso es que el pasado jueves escribió el señor Pogue sobre un anuncio en el sentido de que una cadena de tiendas especializadas en tecnología iba a cerrar más de la mitad de sus sucursales.

La tienda era CompUSA, y habla Pogue en este sentido (traducido y reproducido sin permiso):

“¿Escucharon? Van a cerrar más de la mitad de las 225 tiendas de CompUSA próximamente.

“Pero algo me dice que si alguien estuviera interesado en eso, esas tiendas en primer lugar no estarían cerrando.

“Esto pudiera sonar un poco duro, pero francamente, yo nunca entendí como CompUSA pudo funcionar para comenzar. Muchas de las tiendas que visité se sentían estériles y sin alma, con una sensación prevalente de abandono. Ustedes pensarían que una persona como yo de clavada en la tecnología se sentiría emocionada por estar ahí, pero no podía esperar a querer salirme de ese lugar.

“Aquí hay una razón oficial de porqué la cadena está cerrando 128 tiendas, de un comunicado expresado por el presidente de CompUSA, Roman Ross: ‘Basado en las condiciones cambiantes en los mercados de artículos electrónicos de consumo al menudeo, la compañía identificó la necesidad de cerrar y vender algunas tiendas con bajo rendimiento, no estratégicas, o en medio de mercados saturados.

“Lo que sea.

“Creo que el culpable real detrás del destripadero de CompUSA es el precio a través de Internet. Tú puedes ordenar computadoras, accesorios y electrónicos de la Web por una fracción de los precios de tienda de CompUSA –y evidentemente muchas personas estaban haciendo precisamente eso. (No es sólo CompUSA, por cierto, Circuit City está cerrando 70 tiendas. Y no olviden la cadena de 30 años de antigüedad Good Guys –46 tiendas de electrónicos en California –la cual CompUSA compró en 2003 y luego cerró en 2005.)

Aún entre tiendas similares, encontré a CompUSA demasiado caro. Un día del año pasado, me detuve en CompUSA para comprar un cable Ethernet; el más barato que ellos tenían andaba en 25 dólares. A sólo unos pasos, en un Home Depot, me encontré con un cable similar a sólo 6 dlls.

“Pero, ¿qué hay acerca del viejo argumento respecto a que las tiendas locales ofrecen un consejo amigable y amable, además del servicio personal?

“Bueno, puede haber muchos empleados de CompUSA que dan todo eso. Pero no me he encontrado con muchos.

“En 1999 escribí un artículo sobre CompUSA para una revista de computadoras. Visité tiendas de CompUSA en cinco estados, posando como un novato de computadoras y haciendo preguntas. Me encontré con muchísimos comentarios ridículamente mal informados realizados por el personal de CompUSA

“El vocero corporativo de la compañía en ese tiempo reconoció: ‘Conseguir personal es un problema serio. Necesitamos talento especializado, el encontrarlo puede ser un gran reto.’ Entre líneas puede leerse la verdad: los expertos en tecnología están en demanda en todos lados. A 6.50 dlls la hora (lo que CompUSA estaba pagando por entonces), no vas a atraer a muchas personas quienes, ejem, puedan ser excelentes en técnicas personales y en tecnología.

“Es una vergüenza que la administración de CompUSA desperdiciara sus ventajas de ubicuidad y de su reconocimiento de marca. A pesar de la presión de precios que existe a través de Internet, hay una gran necesidad de tiendas locales; el sentido de la persona promedio con vulnerabilidad tecnológica está creciendo estos días, no disminuyendo.

“Además, Internet o no, no es imposible crear una cadena de computadoras exitosas. Nunca he estado en una tienda de computadoras Fry’s –es una cadena regional sin tiendas en mi región –pero sé que tiene ejércitos de fans locales.

“Tal vez un analista corporativo pueda decir que hay algo malo con el modelo de negocios de CompUSA desde un punto de vista de un modelo de hoja electrónica. Pero no se necesita tener maestría de administración para detectar los problemas graves: sólo bastaría irse a dar una vuelta por esos almacenes desangelados y observar a su apático personal de ventas para dejar perfectamente en claro cuales son sus problemas.

"Aún ahora, con más de la mitad de sus tiendas preparándose para cerrar, CompUSA está perdiendo una oportunidad de ser amigable hacia el usuario. Su oferta final no parece una de esas de grandes gangas por cierre: sólo dan el 10 por ciento de descuento en todo en cada una de esas tiendas por cerrar –y sin devoluciones.

Ahí acaba el artículo de David Pogue del New York Times aparecido el día viernes 9 de marzo pasado.

¿Que qué tiene que ver el comentario del señor Slim y esto último?
El señor Slim compró la cadena CompUSA desde el año 2000 y según el website de América Finanzas “…este es uno de los negocios que más dolores de cabeza ha causado al magnate Carlos Slim desde que lo adquirió en el año 2000, ya que luego de la compra fue demandado por 454.5 millones de dólares y acusado por los anteriores propietarios de utilizar información privilegiada para hacerse de la empresa”.

Después de eso el señor Slim quedó exonerado. La nota de América Finanzas continúa en el sentido de que “CompUSA notificó a los inversionistas nacionales e internacionales su decisión de llevar a cabo lo que denominó ‘un plan de reestructuración con el fin de fortalecer la situación financiera de la compañía’. Las acciones anunciadas apuntan hacia su apuntalamiento económico mediante la inyección de capital, el cierre de más de la mitad de sus tiendas en Estados Unidos en un plazo de dos a tres meses, ‘'una fuerte reducción de gastos’ y una reestructuración corporativa…”

¿No sería más sencillo mejor salir a la calle a averiguar en cada tienda, hacer lo que hizo David Pogue y verificar por sí mismos los niveles de precio de afuera en el mercado, en el mismo Mall, o en la misma calle, más un análisis de la calidad de servicio ofrecido por sus propios empleados?

Pero no me hagan caso, como siempre. Que sirva lo anterior solamente para deducir dos cosas:

Una, el señor Slim no necesita consejos: una persona que aumenta su capital en tamaños de Forbes en un sesenta y tantos por ciento no necesita sugerencias de ningún tipo en cuestiones de administración de parte de nadie, mas que de sus asesores.


Dos, habrá gente que siga haciendo negocios, percepciones y apreciaciones desde el escritorio sin jamás salir al campo, a la calle, a la tienda, sin querer escuchar al clientecito que como yo o como Pogue, algún día necesitaremos un cable de Ethernet de 66 pesos.


Y que jamás pagaríamos (ya me incluí, pues) 275 pesos por él.

Ni más, ni menos.

(Y no sabemos como esperaremos la siguiente lista de Forbes del año que viene. ¿Superará al señor Buffet? ¿Al señor Gates? Este encuentro de gigantes será de propósito reservado.)






sábado, marzo 10, 2007

Significado de la muerte del Capitán América (con ex abrupto histórico y todo)



El Capitán América fue muerto debido a un francotirador que le disparó cuando salía de una audiencia. Todo mundo le sufre (los buenos, supongo): era un buen tipo.

No es de extrañar que ese dolor sea porque el Cap estuvo desde 1941 defendiendo los intereses de esa buena gente que nunca ignora que allá arriba hay personas que los están cuidando.

Ex abrupto 1 (puede ser largo y político, si les aburre sáltense hasta donde dice: ¿Dónde queda el Capitán América en todo esto?”:

Mi hermano anduvo de exiliado en Austin, Texas, allá por 1987. Las amistades que hizo lo apreciaban. Uno de ellos un día, señalando los aviones que arriba volaban de continuo debido que hay una base aérea cerca de Austin, le mencióno: “¿Ves esos aviones que están allá arriba? Nos están cuidando…”.

Hay algo de los norteamericanos en ese sentido, de cuando la gente se divide en dos bandos: los buenos y los malos. La gente buena hace cosas buenas y la gente mala, eso, hace cosas malas. Por eso “los tienen” que estar cuidando. El problema es que en el pasado al parecer era muy sencillo dividir a las personas. Gente buena y gente mala. Países buenos y países malos. Líderes buenos y líderes malos.

De hecho la Segunda Guerra Mundial fue así de sencilla: Los nazis y los japoneses eran de los malos, querían conquistar al mundo y había que matarlos, si no, ellos iban a esclavizar a los buenos.

Los rusos, ah, los rusos: ellos fueron malos al principio, se aliaron con Hitler con el tratado secreto de Ribentropp en 1939, se dividieron Polonia y hasta conquistaron Finlandia, rusos malos, rusos malos; luego con la traicionera invasión de Hitler a Rusia en junio de 1941, estos mismos rusos fueron golpeados hasta con la cubeta por los alemanes en Leningrado y casi llegan hasta Moscú, rusos buenos, rusos buenos, pero sucede que en 1945 después de muchas vicisitudes, los rusos venciendo a los alemanes desde Stalingrado y el Kursk, llegan hasta Berlín, Praga, casi Viena, y contra toda predicción de Roosevelt y de Truman, ¡que se quedan en la Europa del Este!, y pasan más cosas; a las potencias occidentales no les gusta mucho el asuntillo ese de “la Cortina de Hierro” (nada que ver con los Steelers) y desde entonces, 1946, 1947 y 1948, cuando los rusos consiguen subomba atómica, poco a poco se volvieron, pues, rusos malos, rusos malos. Era de esperarse. Hablemos de entender la historia, ¿eh? Y así queremos que les guste a nuestros preparatorianos.


La Guerra de Corea de 1950, la inmensa mayoría de los norteamericanos ignora por que sucedió (supuestamente fue una guerra civil coreana que involucró a los chinos y los EU requiriendo ayuda de las todavía jóvenes Naciones Unidas, fue al rescate, la guerra duró 3 años y no ha habido hasta hoy por hoy, tratado de paz), pero en el marco de la Guerra Fría era imperativo lanzarse a la guerra contra “ellos” los malos comunistas ya sean chinos o rusos (casi los mismos para los buenos norteamericanos) que fueron los que sustituyeron a los nazis como los odiados enemigos.

Luego la Guerra de Vietnam de 1964 a 1973 surgió en respuesta a un oscuro conjunto de políticas y esquemas ideológicos de algo denominado Teoría del Dominó, que significaba que si caía Vietnam luego sería Filipinas, Taiwan, Tailandia y hasta Japón y el mundo, en manos de los malos nuevamente, los comunistas. Llegó el momento en que los norteamericanos no supieron que pasaba ahí y ahora sí, muchos decidieron a negarse a ir y comenzó un duro cuestionamiento a lo ancho de ese país. ¿Sería quetenía que ver que había que ir a fuerza una vez que cumplieses 18 años?

Perdieron la guerra contra Vietnam y al final no pasó nada. En Hanoi y en Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón) hoy mismo se pueden encontrar tenis Nike, grabadoras Sony y computadoras Apple.

Ahora hay una guerra contra Iraq totalmente estúpida y los norteamericanos no saben como salir (se puede comparar con otra guerra que los norteamericanos iniciaron, con otra cultura diferente en la que aprovecharon las inefectividades locales y que mientras estuvieron murieron más en acciones en las que no hubo combatientes oficiales que al contrario; después de haber puesto su bandera en la capital del país invadido, consiguieron lo que querían, territorio en ese caso, procediendo abandonar pero de inmediato ese malhadado, primitivo y miserable país, cosa que no han hecho en Iraq, ¿cuál fue esa guerra? La de 1846-1857 contra México. Ni más ni menos).

Se dice que como ahora no hay draft (es decir, lo del reclutamiento a fuerza), la gente no protesta contra la guerra como antes. Y esa es otra historia.


Esos idealismos han hecho que los norteamericanos tomen lo militar y a los militares más normal de los que los terrícolas normales lo hacemos. Ese concepto de convivir con soldados, marineros, marines y fuerzas aéreas en los centros comerciales, en las calles, en todas partes, hace ver a los norteamericanos todo eso de la guerra de manera muy normal .

Porque, ¿para qué sirven los militares en tiempo de paz? En México para ser llamados en caso de desastre o contra el narco, ¿y en USA? Pues para, para, para… defender a sus connacionales de, de, de, ¿de qué? Bueno, entre 1994 y 1997 que fue cuando procedieron a retirarse de Europa debido al desmantelamiento del Malvado Imperio Soviético y su otrora Gran Ejército Rojo, también se empezó a cuestionar el sentido del tener los norteamericanos una fuerza militar tan poderosa llena de aviones invisibles, portaviones superpoderosos, submarinos super implacables y superfortalezas B-52 en los aires.

Pero llegaron los terroristas y llegaron los chivos expiatorios. Saddam murió por los pecados de Osama Bin Laden y el ejército norteamericano sigue pasando actualmente las de Caín en Afganistán (donde los talibanes sí que eran o son un pueblo primitivo, atrasado, bárbaro y terrible, simplificando demasiado las cosas aquí, por supuesto), y en Iraq, que no era más que una tiranía de las que en este mundo había muchas y hay muchas, pasa lo mismo.

Matan más las bombas de terroristas en Iraq en atentados a soldados americanos que lo que pudieran ser por combate. Por cierto que antes de la invasión americana a ese país no había atentados de ningún tipo.

Fin de ex abrupto 1.

¿Dónde queda el Capitán América en todo esto?

En el mundo de los comics, pensarán muchos, las fantasías van y vienen. Los muertos nunca quedan muertos y definitivamente sólo estamos hablando de seres inventados por compañías con la intención de vender muchos ejemplares de revistillas en colores vivos que narran las mil y una repetitivas aventuras de personajes que equivalen a superhombres que por si no nos habíamos fijado, Nietzsche los había predicho de cierta manera, los ubermensh, eso, los superhombres.

Tomemos en cuenta que el Universo de los Comics tienen ciertas reglas sencillas: hay seres superiores a los seres, que tienen poderes, hay supervillanos también con poderes y ahora sí, bueno, desde hará como 40 años, detalles que mucha gente, el mainstream, no se ha dado cuenta, los personajes han tomado rasgos humanos más dentro de los grises que no se mencionaron arriba, los superhéroes también necesitan dinero, son rechazados por las personas, cometen errores, tienen dudas, ya no so tan superpoderosos, mil y un detalles que son los que le dan una cierta “novedad” al tema de los comics, el mainstream al que me refiero sólo percibe a los comics por las películas fallidas unas y otras no tanto y por eso no se dan cuenta de que, bueno, ha habido progresos al menos en los temas de este tipo de literatura).

Primero consideremos al Capitán América en sí: Vestido con los colores norteamericanos preferidos, blanco, rojo y azul (se dice que si Superman está vestido de los mismos colores, más amarillo menos el blanco, es por cuestiones de que en aquellos años de 1938, cuando fue creado, eran los únicos colores que se podían imprimir en papel con ciertos mínimos estándares de calidad), el Cap América usa una máscara que le cubre el rostro, tiene alitas en las orejas, una gran A en la frente, más el conocidísimo escudo redondo que tenía poderes de freesbee-boomerang de lanzarse y volver.

Confieso que no lo ubico en cuanto a personalidad de entre los demás superhéroes, en lo que a personalidad se refiere, ubico más a Daredevil, a Spiderman, a Thor, al Sargento Furia, a Submariner, a los Cuatro Fantásticos, al Iron Man, al Hulk por supuesto, a otros miembros de los X-Men, al Wolverine, claro, etc., pero al que menos de todos estos, al Capitán América. Se dice que tenía dotes de estratega, de líder, pero de saber si por ejemplo le gustaban las pizzas o si pagaba su renta puntualmente, lo ignoro.

Tal vez tenía un tono de demasiado patriotismo, demasiado sentido de sacrificio, por otra parte y casualmente las características de imperialismo, de America-uber-alles, de esos manerismos que nosotros los latinos le asignamos de manera generalizada a los norteamericanos y más todavía, a los militares norteamericanos, él, el Capitán América nunca los tuvo, que yo sepa (que no es mucho, la verdad).

Supuestamente la historia de la muerte del Cap va así (no la leí, me retiré hace mucho del comic, pero supe del resumen):

Una pelea de supervillanos y superhéroes en un reality show provoca la muerte de cientos de miles de inocentes.

El gobierno de los EU requiere que toda persona con superpoderes se registre.

Los héroes se dividen, por decir Iron Man, El Hombre de Hierro, (uno de mis favoritos de pequeño) afirma que eso es lo natural.

El Capitán América está en contra de ello porque eso erosiona las libertades civiles.

La pelea se lleva a cabo, de todas partes, en una corte de justicia.

Saliendo de una audiencia, una chica con la que está envuelto de alguna manera romántica, le dispara en el hombro y en el estómago.

El Capitán América muere.

Los comics están vivos todavía… a pesar de todo.

Han pasado mil cosas. Superman incluso murió en Noviembre de 1992 (en la célebre batalla contra Doomsday, para mí, una de las mejores historias de comics que he leído, bueno, he leído mejores, pero esa estuvo muy buena)… sólo para reaparecer en Agosto de 1993.

Con el advenimiento de los juegos de video, la industria del comic ha hecho mil cosas para seguir siendo considerada activa en los conceptos de cultura popular. Hubo un boom incluso a principios de los 90’s que impulsó brutalmente el mercado de coleccionista para venirse a desplomar pocos años después (fue natural).

Los héroes de comic ahora han sido perseguidos, han desaparecido (Flecha Verde había muerto en un avionazo, yo lo ví incluso, luego no sé como, dejé de leer comics hará ocho años, ya está vivo, igual le pasó a Linterna Verde. No sé como los aficionados del comic no se rebelan contra estas cosas. Después de haber sido violada, acaba de morir asesinada no hace mucho la esposa del Hombre Elástico. A veces siento que hay demasiada demasiada violencia en todo esto…), esto algunos lo toman como una muestra más de maduración del medio, que al parecer nunca ha terminado de madurar.

Superman murió y se sintió su muerte. Los cínicos tuvieron razón entonces. Sólo fue un medio para alcanzar el fin de subir las ventas y aumentar el interés en los comics y que se hablara más de ellos. No se les culpa por ello.

De lo que si se les culpa es de querer seguir jugando con las mismas tácticas de siempre.

Casualmente el ayudante o sidekick del Capitán América (se estilaba mucho en esos tiempos: Robin, Veloz, Aqualad), Bucky, murió hacía muchos años. Se decía que todos los personajes del Universo Marvel podían morir y renacer, eso se decía, todos, excepto Bucky.

Bucky acaba de reaparecer en el Universo Marvel. Si el, el inresurrecionable (está buena la palabrita) resurrecciona (no hay muchas maneras de conjugar el verbo ese, la verdad), Bucky, ¿qué se puede esperar del Cap?

En el mundo del comic ha habido cosas maravillosas. Hay comics que han rivalizado en calidad junto con lo que es literatura fantástica y de ciencia ficción de la que conocemos por “normal”.

Autores como Alan Moore (Watchmen y V for Vendetta), Neil Gaiman (Sandman), Garth Ennis (Preacher), Frank Miller (Sin City y 300), Warren Ellis (The Authority) han realizado historias increíbles.

Europeos como Enki Bilal, Druillet, Caza, Milo Manara, Hugo Pratt, Hergé (Tin Tin), Goscyni (Asterix), Giménez, sin olvidar a Moebius, han realizado obras como para museo.

El reunir la palabra escrita y el dibujo ha hecho al comic una verdadera narrativa secuencial, algo como para llamar la atención. Un noveno arte.

En estos tiempos de mezclas exorbitantes de mercados, medios, artes, intereses, estudios e industria, más la fanaticada fiel a la historia mensual, que es en la manera en que llega el comic, hacen que el comercialismo quede evidente y lo que esperamos es que el comic no venda el corazón en medio de todo esto.

El Capitán América no ha muerto.

Vivirá siempre en nuestros corazones.

Really.

Pregúntenle a Bucky.






Nota final: El Capitán América fue creado por Joe Simon y el mismo Rey, Jack Kirby. Las historias a partir de 1962 fueron escritas por Stan Lee. Sólo por si preguntaban el pequeñito detalle de quienes estuvieron detrás de la creación del buen Capi. 

De nada.

miércoles, marzo 07, 2007

VERDADES Y CREENCIAS, CSI:REALIDADES Y FICCIONES


La gente de este país y de otros más viven siempre en dos mundos equidistantes, muchas veces sin que sospechen que hay uno más intermedio: o creen en algo, o no creen en algo. (Bueno, a veces "medio creen" cuando tienen razones poderosas para creer y simultáneamente también tienen razones poderosas para no creer, esto puede parecer esquizoide y probablemente lo es.)

Por ejemplo, los mexicanos no creen normalmente en las instituciones (que a fin de cuentas ellas no han hecho mucho para contrarrestar esa situación) pero eso sí, creen libremente en mil de cosas: llámese astrología, llámese brujería, en amuletos, etc., así como también en las “buenas vibraciones” como lo demuestra el caso en las millones de personas literalmente que están tan convencidas de esto como para vestirse de blanco e irse a Teotihuacan o a Tajín o Chichén-Itza (con el solazo) cada 21 de marzo, principio de primavera, a levantar los brazos y ser “bañados” por algo, una entidad, o los dioses, o no sé, you-name-it con la idea de que serán beneficiadas o bendecidas o iluminadas, o sencillamente limpiadas de las “malas vibras, pues.

Impromptu: (lo más gracioso es recordar verlos en esa fecha pero del año 2000, como si olvidaran convenientemente que el mismo concepto detrás de Año 2000, tiene que ver con el nacimiento de Jesucristo en primer lugar, significativo de alguna manera en primer lugar para la religión cristiana; segundo, con el punto de que ese sería en dado caso el último año del Segundo Milenio D. de C. y no el primer año del Tercer Milenio D. de C., y tercero, a excepción de antiguos lectores, y tercos admiradores, de la antigua revista Duda loimposibleeslaverdad, ¿qué tuvo que ver Jesucristo con los teotihuacanos o con los mayas, o con los constructores de Tajín?).

En ese tono de cosas tan confusas y difusas, no es de extrañar que el planeta esté como esté. Sin forzarnos a analizar la realidad de una manera escéptica y sana, nos vemos de continuo confrontados en un mundo cuyo resultado diario nos llena de dudas y de incertidumbre, sin olvidar a sus amigas angustia y ansiedad.

Pero eso sí, en cuanto vemos un reportaje sobre el Chupacabras o sobre alienígenos que se aparecen tras un poste telefónico para abducir a alguien (supongo que el poste telefónico era en este caso una nave espacial camuflajeada o something) o cuando sabemos de campos de trigales alterados con fabulosas-y-magníficas estrellas mayas, ni tardo ni perezosos ahí está la gente que cree a pie juntillas.

Dejando atrás supersticiones, seguimos (me puedo incluir, ¿por qué no?) con la idea de la ilusión y de la fuerza con la que queremos caer en esa ilusión, el efecto llamado “las ganas de creer”.

Y finalmente llegar a creer todo lo que nos convenga. Sobre todo cuando no hay puntos de referencia y no hay más que aceptar la “evidencia” que nos plantan encima con toda la seguridad del mundo.

Entrando en materia (¡después de dos cuartillas o 487 palabras!), sigamos.

Para variar jamás había visto CSI en sus múltiples acepciones, Las Vegas, Miami y Nueva York.

Los programas de ciencia forense no son de mi predilección, creo que hay más probabilidades que me enganche con un buen programa de ciencia ficción como Battlestar Galactica (un drama de ciencia ficción que como toda buena ciencia ficción nos habla profundamente, a la distancia, del nosotros hoy mismo, ni más ni menos), o de (ilógico pero estupendamente bien armado) misterio como Lost (¡que por fin estrenaron ayer! ¡Después de seis meses!), o de detectives como Monk, o uno de abogados como el delirante y delicioso Boston Legal (otra onda, hiperrecomendadísimo).

Y no están para saberlo pero a mi jamás me han gustado los programas de doctores, recuerdo algo vagamente al Dr. Kildare o al Dr. Ben Casey, igual el Dr. Marcus Welby, igual Centro Médico, igual igual igual: todos eran unos dramones marca diablo. Tragedia, dolor, enfermedades raras, mortales. Etc. Etc. No eran mi mundo preferido. Igual St. Elsewhere, ER, ni se diga. No me pasaban mucho que digamos.

Aunque era de doctores M*A*S*H más que nada era de comedia, de guerra, y había mucho relajo, además de, obvio, la sangre.

Pero ahora llegan Grey’s Anatomy, Dr. House y Scrubs (una, esta sí, verdadera comedia de doctores). Muestras claras de que ahora estamos en la Edad de la Ironía, del sarcasmo, de lo duro que pueden ser las cosas etcétera.

Pero no nos desviemos.

Hablamos de Medicina Forense. Quincy, con Jack Klugman, lo olvidé, no me gustaba mucho (siempre asociaré a Klugman con Oscar Madison en La Pareja Dispareja, descuidado y sucio, eso sí, muy simpático, junto a su gran amigo, Tony Randall, Felix Unger, todo limpieza, obsesiones y pulcritud), pero era efectivo.

Así como una manera de descubrir patrones de conducta y costumbres escondidas es observar en cámara rápida por decir, la manera en la que camina una persona, o la conducta escondida de los clientes en una tienda de ropa, el ver muchas horas seguidas (aunque no consecutivas) de un programa de televisión te alerta en el tema de sus manerismos, de lo repetitivo de ciertas frases, actitudes y respuestas.

Así me pasa el ver la serie de CSI en tres capítulos diferentes diarios durante varios días. Emociones van y emociones vienen, porque después de todo, un programa bien plantado debe de sensibilizarte a favor primero que nada de la Justicia, luego de los investigadores forenses con sus características particulares y al final de la víctima (así no deberían ser las cosas, pero…).

De ese modo puedo ver como el doctor Gus Grissom (casualmente el nombre de uno de los primeros astronautas americanos y que murió en el Apolo 1, sí, uno, hará ya 40 años exactos), el de CSI: Las Vegas, es un tipo simpático con sentido del humor agudo (una noche se encuentra en un restaurante lujoso un brazo cortado, a scene very gross indeed, al analizar el brazo y su correspondiente mano, lo mira en conjunto y se dirige a su compañera y le dice de manera directa y sin expresión: “Bueno, ¿no me echas una mano?” Bastante gracioso, la verdad.)

(CSI y franquicias tienen puntos extras por tener temas musicales de The Who, enérgicos, con potencia y fuerza, en el de Las Vegas es “Who are You”, en el de Miami es “We Won’t Get Fooled Again” y en el de Nueva York es “Baba O’Reilly”.)

Y entrando en materia vamos viendo sus técnicas de investigación y de análisis. Eso de ver como un proyectil penetra en un hueso, admirar como lo rompe y presenciar como deja proyectadas sus partículas en el pavimento es impresionante. O como un cuchillo rasga lentamente un pulmón y como lo desinfla es, guau, sorprendente, o como un puño de un joven fornido golpea con toda su fortaleza con su anillo emblemático al cráneo de una pobre víctima y le causa un coágulo es extraordinaria.

Es fascinante el ver a la gente de CSI recabar evidencias, analizar trayectorias de proyectiles, investigar orígenes de por decir lápiz labial en una camisa (“Es de Maybellene, color 42 y Lote 438”), o el encuentro en una escena de crimen de una chica con las venas cortadas, presunto suicidio, en un closet cercano de un sweater húmedo, después de horas de haberse cometido el crimen, y que después prestos a analizar esa humedad, el laboratorio descubre que son lágrimas en las que posteriormente encuentra ADN que determinando que es de un pariente cercano resulta ser del mismo padre de la víctima que fue quien la asesino.

Lo interesante del caso es que todo eso lo descubren en un mismo día (su equipo ha de ser rentado, no encuentro otra explicación). Y eso es en cada programa de CSI, en cada ciudad, siempre sin fallar, sin equivocarse, con sólo una hebra de tela descubren quién mató a quién y porqué. Justicia, estás servida, cada equipo de cada ciudad a su propio estilo sardónico, humorista, corrosivo o sencillamente sarcástico.

Impresionante, sorprendente y extraordinario.

Resulta que en un artículo reciente de la prestigiosa revista Scientific American, de Julio 2006, se menciona un efecto CSI en la Unión Americana que tiene que ver con los jurados, que es su manera en la que se decide la procuración de justicia sobre la inocencia o culpabilidad de un acusado de un crimen.

Y es ahí donde choca la “realidad” retratada de un producto de TV, con la realidad que es con la que nos encontramos día con día.

Primero se observan varias cosas:

UNA, un 40% de las técnicas del programa de CSI, sencillamente estas NO EXISTEN.

DOS, las personas reales que laboran en una oficina forense de este tipo, no son multidisciplinarias. Es decir, o son policías, o son detectives, o son forenses, no las TRES COSAS juntas.

TRES, no hay manera de sacar a través de una hebra de hilo, la prenda origen, el dueño de la prenda, la tienda donde el dueño compró la prenda, y a través de la factura de la prenda, la tarjeta de crédito y la identidad del comprador.

CUATRO, normalmente el tiempo transcurrido en un caso es de un día, como mencioné, chéquenlo cuando lo puedan ver.

CINCO, es imposible que un agente de CSI sólo se dedique a un caso en particular, normalmente tienen muchos a la vez.

SEIS, es imposible que a todo le saquen un estudio de ADN por el costo de cada estudio y por la demanda que esto conlleva.

SIETE, quizá lo más grave, la gente que hace de jurados en esos procesos judiciales CREE, que lo anterior SÍ existe en cuanto a instalaciones y personal, y exige más evidencias y más estudios, a pesar de que en muchas circunstancias, NO SE NECESITA.

OCHO, jamás, pero jamás se está tan seguro de las implicaciones de una evidencia como para decidir una acusación definitiva que a final de cuentas, es en la que deseamos que acabe porque el programa en su transcurrir nos va induciendo a creerlo así, y por ejemplo eso lo hace mucho David Caruso, el detective que aparece en la franquicia de CSI: Miami.

(El otro día presencié el más salido de todos los programas de este tipo: un crimen sucede en un contexto de un TSUNAMI que pega en la ciudad de Miami, olas de más de 9 metros pegan por todos lados, no hay más que pocos muertos, la ciudad parecería que “sólo” fue golpeada por un huracán, de los que los “miamenses” han tenido su buena dosis, pero, me pregunto, ¿qué no hay límites para los argumentistas? Si un tsunami es un tsunami es un tsunami, énfasis pues, y este hubiera sido como el de Tailandia e Indonesia, los muertos hubieran sido más que los de Katrina, por los miles de víctimas, mínimo, si no, entonces no es un tsunami, punto.)

En fin.

Lo que según el artículo de la Scientific American, sí es aceptable es:

UNO, los exámenes de ADN hoy, son más exactos que nunca.

DOS, en las escenas del crimen se recoge más evidencia, antes eran en promedio cinco piezas, hoy van de cincuenta hasta cuatrocientos.

TRES, la demanda de los servicios está creciendo y no personal suficiente como para que puedan atenderla: se dice por ejemplo que en la ciudad de Boston hay 6.3 millones de habitantes y sólo 8 analistas de ADN en toda la región.

CUATRO, en la vida real existen literalmente centenas de miles de casos en espera de ser atendidos. La cantidad de demanda por exámenes de ADN va alrededor del medio millón.

CINCO, a la gente puede que se le olvide que todas las evidencias deben de ser guardadas físicamente (ahí les encargo el almacén). A esto se le debe de añadir tener el sistema de tracking de las piezas, las computadoras y el personal necesario para operar todo el asunto.

SEIS, imagínense algo similar a lo anterior, pero ahora respecto a las cuestiones biológicas tales como muestras de tejido y de sangre, que por su delicadeza necesitan muchísimos más cuidados que lo anterior.

Así las cosas.

La fascinación por el misterio, por la eterna cuestión de que la Justicia sea servida POR los buenos y PARA los buenos, el deseo firme de que mentes adiestradas y brillantes estén al servicio del Bien para seguir atacando a los malévolos ha encendido la imaginación popular. Esto se observa incluso en las facultades norteamericanas del tema de la medicina forense, en una de ellas, de cuatro graduados que tenían antes del año 2000, para el año 2006 tenía 500 estudiantes.

El artículo del Scientific American concluye en que a pesar de las exageraciones dramáticas de los programas mencionados, todo en conjunto ha llevado a tener buenos resultados ya que ha puesto la atención en la ciencia Médica Forense como una herramienta capaz en la procuración de la Justicia, al menos en su estado actual, que a pesar del uso de las mencionadas técnicas no existentes y a la glamourización de sus protagonistas, se ha logrado que la gente común esté en contacto con la ciencia y su poder de resolución, en la medida que sea, en la consecución de la verdad.

Un dato final sólo para que nos quede la espina clavada: en un reciente reportaje de El Norte-Reforma, apareció que a los pocos integrantes del CSI: Monterrey (de alguna manera habría que llamarles, ¿no?) les pagan a lo mucho 10,000 pesos mensuales y de equipo, ni hablar.

¿Talento? Eso sí, mucho y suficiente.

¿Ganas? Iguales que las de sus colegas ficticios de CSI: dedicados a resolver los crímenes que puedan, a salvar a los inocentes y a acusar a los culpables, que bien merecido se lo tienen, todos y cada uno de los malditos.