miércoles, febrero 28, 2007

BUENO, YA DÍGANME, ¿POR QUÉ HAY PAÍSES RICOS Y POR QUÉ HAY PAÍSES POBRES?




Hay un libro de un inglés llamado John Kay, que se llama Culture and Prosperity, The Truth About the Markets -- Why Some Nations Are Rich But Most Remains Poor (traducción: Cultura y Prosperidad, La Verdad acerca de los Mercados – Porque Algunas Naciones Son Ricas pero Muchas Más Siguen Pobres) de la Editorial HarperBussiness, publicado en 2004.

Es un libro que todo mexicano, y por extensión todo habitante de país en vías de desarrollo, deberíamos de leer. Al menos eso he pensado al llegar ya a la página 69. Al haber acabado la primeras parte ya me siento lo suficientemente alterado como para desear escribir un blog al respecto del mismo. Aunque en un segundo instante, podría pensar que no tiene caso. Lo que pensemos una persona o un pequeño grupo de personas tal vez no llega a pesar. Todavía.

No sé si se venda en español, ni su título. Y según por lo que encontré o no encontré en Google, no hay gran cosa.

Aclaro el punto de que no soy economista. La economía está formada por artes científicas especulativas hipotéticas muy alejadas de mi pobre intelecto.

El caso es que sus temas son hasta ahorita, irritantes, pero irritantes en buen modo, si es que este modo pudiera existir. Por decir, en un punto habla de los franceses en comparación con los norteamericanos y se escucha medio condescendiente al hacerlo como cuando dice: “Pero la economía francesa depende mucho más de empresas pequeñas y medianas que las de Gran Bretaña y los EU… en Francia hay muchas de ellas. En forma general, la productividad francesa es ligeramente superior a la de los EU, pero el producto per cápita de población es más bajo: los franceses se retiran a edad temprana, comen a mediodía, y se toman extendidas vacaciones”.

Afirma Kay que la economía de mercado tiene un grave problema de relaciones públicas y que de hecho la frase “libre mercado” evoca desprecio más que entusiasmo en muchas partes del mundo y en círculos de liberales e intelectuales del mismo EU. Que la gente quiere los productos y las eficiencias que los mercados traen, pero no a los mercados mismos.

Luego John Kay se pone muy duro en una parte. O realista. O claro. Y aquí es donde podríamos darle un vistazo a nuestro alrededor, en nuestro micro, macro, o mediano cosmos que tengamos a nuestro alcance o que quisiéramos leer. Y no somos ingenuos. Después de leer un rollo como el que sigue todo mundo dirá “¡Claro, que esperabas!”

Se trata del tema del “Propio Interés”. Y va como sigue:

Dice Kay que basar las conductas económicas en el propio interés, aunque juegan un rol importante (sobre esto no hay la menor duda, esto no se da, claro: un precandidato de alguna Secretaría económica podría tener un sesgo en sus decisiones macroeconómicas, tales como mantener bajo o alto un precio del petróleo en contra de lo razonable, o guardar unas noticias económicas semestrales que no sean agradables para la población votante hasta después de elecciones, cositas así, sutiles ellas), y bueno, ese propio interés no es suficiente.
Pero afirma este hombre que en todas las sociedades hay gente lista obsesionada por la ganancia personal. Que ellas son atraídas de manera natural hacia la Política: porque controlar el aparato del estado es la manera más rápida y segura de llegar al enriquecimiento personal.

(Ya escucho los “¡Qué novedad!”)

Agrega Kay que los países ricos han establecido desde siempre mecanismos que excluyen a tales personas del gobierno: que es ese uno de los factores que hacen a unos países ricos y a otros pobres. Que en los EU y en otros países uno hace dinero para entrar en la Política, tú no vas a la Política para hacer dinero.

(Aquí hoy acabo de leer un titular en el que José Woldenberg, nuestro ex presidente del IFE dice que mucho del dinero que va a los partidos políticos se lo llevan directamente a la radio y la televisión. Eso por un lado, y por el otro, el punto que Michael Bloomberg, el multimillonario alcalde de Nueva York cobra sólo un dólar anual por ese puesto, desde hace varios años, pero resulta que él ya era multimillonario de antes).

Afirma también que el extremo materialismo del propio interés es una marca del sociópata, no una característica del gran líder. En lo principal, los individuos obsesivamente codiciosos no funcionan bien por mucho tiempo en las complejas economías modernas donde el éxito requiere de relaciones cooperativas con otras personas. A los mejores líderes de negocios les importan los negocios más que el dinero en sí. De otro modo, dice Kay, Bill Gates estaría siempre en la playa o en los casinos en lugar de vivir en su oficina tratando de manejar al mundo a través de su tecnología de información.

El triunfo del mercado fue el triunfo de una institución que funciona en un contexto social, político y cultural. Sin ese contexto es imposible lograr el trabajo cooperativo, la compartición de información, la coordinación de la actividad económica y el desarrollo de la CONFIANZA entre individuos y negocios sobre el cual el funcionamiento de una compleja moderna economía depende necesariamente.

En otra parte John Kay dice que en las modernas economías rutinariamente intercambiamos en mercados en los cuales el vendedor sabe muchísimo más que el comprador acerca de la naturaleza del producto. Las instituciones sociales –la marca, la publicidad, la reputación y las agencias regulatorias– aseguran el confort de los hoteles, la predictibilidad de nuestras Big Mac, la competencia de nuestros doctores y la solvencia de nuestros bancos. Estas instituciones sociales unas las forman los individuos y otras el gobierno en sí. La confianza es la confianza.

(¿Se acuerdan de mi trabajo sobre la confianza? Por ahí está a la derecha o aquí:
http://technotitlan.blogspot.com/2007/02/el-grave-en-verdad-muy-grave-problema.html , ahí podríamos hablar acerca de si lo que menciono arriba tiene certeza, lo de Bloomberg por ejemplo, o lo de la afirmación de que en su mayoría en esos países la gente debe de tener dinero antes de entrar a la política y no al revés, allá no hay IFEs que les puedan vomitar dinero a partidos pequeñitos nuevos para hacer sus campañas, fracasan en sus intentos de llegar a sus porcentajes mínimos para llegar a figurar y se hacen locos a la hora de demostrar los gastos de campaña… que se pueden ver en forma de camionetas SUV’s y en facturas y facturas de agencias de viaje, y que jamás pueden justificar, si no se cree esto, sólo buscar a los dirigentes de esos partiditos, a ver dónde se encuentran actualmente, ellos y sus familiares.)

A ese contexto institucional, cultural y social se le llama frecuentemente el Gobierno de la Ley.

Sencillamente como eso.

Es en la Ley finalmente en la que confías en las diversas relaciones y encuentros (y desencuentros) con los que te topas en el día con día. Si confías en que la leche que toman tus hijos está limpia de bacterias, es porque confiaste en que la compañía lechera lo hace de esa manera porque está obligado a hacerlo por un código o reglamente de salud en el que si las personas encargadas detectan lo contrario, le prohibirían vender y se harían acreedores a multas enormes (hoy, en el estado de Hidalgo, las autoridades de Salud y de la Ley pescaron a un grupo de personas que fabricaban aguardiente sin mínimas normas de calidad ni de higiene, ¿cuál debería de ser la pena a los culpables).

Si compras un carro hay un mecanismo tácito y práctico que te llega a hacer confiar que el carro que te están vendiendo no es robado (la factura es la más elemental, aún se podría falsificar ésta, pero ya se llega a demasiado trabajo por un carrito), pero no hay ilegalidad en sí en que te vendan uno que no esté en buen estado (aunque existe el concepto de garantía, también existe el concepto de “vendido y comprado tal como esté”), de eso se encarga el sentido común, la poca o mucha experiencia del comprador, la definitiva ventaja de parte de su vendedor de tener más información sobre el carro que del pobre e ingenuo comprador (si yo les contara…), pero al menos se espera que el vehículo sea propiedad de la persona que te lo está vendiendo (o mínimo a consignación o comisión).

En este sentido del carro son los particulares en USA (un grupo de ellos al menos) los que definieron crear un servicio para tener en línea una revisión completa de los vehículos en cuanto a accidentes y robos: al menos ya compras un carro con un pedigrí que esté a tu satisfacción y dejas de comprar los que no cumplan. Esa información está recabada gracias a los seguros de autos que están bastante automatizados con información verídica, completa y oportuna.

O sea, en México sí hay leyes, pero ¿serán las suficientes? O, ¿serán respetadas por todos, como debiera ser? ¿Se han estacionado en lugar prohibido? Ajá, claro.

(En el libro de Luis González de Alba, Los Días y los Años, editado en 1971, cuenta su autor que prior a los eventos de Tlateloco del 2 de Octubre de 1968, en plena efervescencia de protesta política estudiantil, los líderes del Comité Nacional de Huelga fueron entrevistados por un grupo de periodistas franceses que estaban de lo más sorprendidos que ellos, los estudiantes, no pidieran entre otras cosas, lo natural que se estilaba en ese tipo de megaprotestas, que se derogara la Constitución Mexicana, exigencia que ellos sí habían hecho meses antes en los eventos del Mayo Francés, sino que en México los estudiantes estaban exigiendo ¡qué se respetara la Constitución de parte del gobierno mexicano! País kafkiano como pocos, el nuestro, la verdad.)

Las leyes están, es sabido en su generalidad, para que nos conduzcamos y nos traten con equidad, o sea, a cada quién lo que le corresponda, ¿pero será así con todos, todo el tiempo? ¿O sólo con algunos alguna parte del tiempo? ¿Igual los que están en el Poder y en el Dinero que los de la calle y banqueta? ¿O será que como siempre hay ciertos privilegiados que a ellos siempre se les podría dar una excepción, de parte de los que tienen como obligación cumplir la ley y que utilizan su omnipotente discrecionalidad, y falta de transparencia, cuando a ambos se les ocurra y puedan?

Continúa luego John Kay en su libro a trabajar con cifras y a utilizar el concepto denominado como el ya conocido Producto Interno Bruto (PIB) de varias naciones para poder hablar de peras con peras y de manzanas con manzanas. Sólo que hay que agregarle un detallito, la cantidad de habitantes por país. Porque una cosa es que México sea la décima o la undécima potencia mundial en cuanto a PIB, sino, dividámoslo en la cantidad de personas que lo creamos. Ahí estaría el pequeño detalle.

(En el norte del país se saluda mucho con la frase “¿Qué ha habido?”, el aludido responde normalmente (con variaciones, claro) “Todo bien, ¿por allá?”. Una de las variaciones más celebradas dice: “Ha habido mucho, pero mal repartido”. Ya sé, ya sé, no le encontraron gracia porque no estuvieron ahí.)

De acuerdo, están con el PIB más alto: Suiza, Noruega, Japón, EU, Dinamarca, Hong Kong, Suecia, Inglaterra, Holanda, Austria, Finlandia, Bélgica, Alemania, Irlanda, Francia, Canadá, Singapur, Australia e Italia, y es por eso que este grupo de 19 naciones son, se deduce con sencillez, los países más ricos del mundo.

Pero se avanza un poquito más: en un segundo grupo están las Economías Intermedias Ricas: Israel, España, Nueva Zelandia, Grecia, Portugal, Taiwán, Corea del Sur y Eslovenia.

(Me sorprendió Eslovenia, es el paísito sobrante de la antigua Yugoslavia que hace frontera con Italia y con Austria, el progreso limítrofe se pega….excepto cierto país que conozco muy bien que hace frontera con otro país que no conozco tan bien)

Luego siguen las Economías Intermedias Pobres: ahí está en orden Arabia Saudita, México, República Checa y Hungría. Ni más ni menos.

Después los 107 países del mundo restante medibles, naciones pobres, pobres (Tengo mis dudas respecto a Chile, creo que un día pronto ya la veremos entre las intermedias).

No sabes si enarcar las cejas o qué.

Para acabar este punto habla de un estudio en el que midieron la riqueza per cápita en el año 1820 para dar una idea de cómo comenzó todo o para poner al menos un límite hacia atrás para analizar las causas de porqué hoy por hoy hay países ricos y de porqué hay países pobres.

En orden están en dólares de 1990 (sí, para todo hay estudios): Inglaterra (1,756), Holanda (1,561), Australia (1,528), Bélgica (1,295), EU (1,291), Dinamarca (1,225), Francia (1,218), Suecia (1,198), Alemania (1,112), Italia (1,092), España (1,063), Noruega (1,004), Irlanda (954), Canadá (893), Checoeslovaquia (849), México (760), Finlandia (759), Rusia (751), Japón (704), Brasil (670), Indonesia (614), India (531), y China (523).

Al hacer análisis someros de estas riquezas y pobrezas uno llega a conclusiones claras y objetivas (o al menos tratamos de que sean claras y objetivas). Obviamente se eliminan las causas de los muchos recursos materiales, ahí están Singapur (una peninsulita) y Japón. México por ejemplo sí tiene recursos naturales. También elimina las circunstancias de que si fueron imperialistas o no, Japón de nuevo y Alemania fueron destruidos en sus poderíos agresivos y ahí están de nuevo. Corea fue más destrozado todavía que ambos países anteriores y ahí está poderoso y amenazante en el mundo del comercio.

Y no vamos a decir que todos los países de a mero arriba eran similares en cuanto a forma de gobierno, Inglaterra era una monarquía constitucional, EU es una república. Francia acababa de dejar de ser imperio, derrotada por la Sexta alianza, ¿Finlandia? Sepa, antes de Nokia sólo hacían muebles y le tenían mucho miedo a la entonces masiva Unión Soviética.

¿Crees que tus problemas radican en qué te invadieron muchas veces? ¿Corea, alguien? ¿Japón? ¿Alemania? ¿En que a ellos sí los quisieron ayudar y a nosotros no?

¿Alguna conspiración oculta de que un país del norte de nuestro bello río tenga un propósito insano y megalomaníatico para que siempre seamos una economía intermedia pobre?

¿En serio pensamos así?

¿Entonces?

Aquí estoy frente a la sección Estructuras de los Sistemas Económicos. A ver como me va.

(¿Han escuchado la canción de Ojalá que Llueva Café?)

Ojalá que llueva café en el campo,
peinar un alto cerro de trigo y magüey
bajar por la colina de arroz graneado
y continua el arado con tu querer
Ojalá que llueva café
pa’ que en la realidad no se sufra tanto,
Ojalá que llueva café en el campo...

(En lo personal prefiero la versión de Café Tacuba.)

Es una pieza tristísima, en la que habla de ilusiones, en la que se habla de que algún día sucedan las cosas así, de repente. Sólo pidiendo a Dios que las cosas sean como deseamos que sean.

Y es triste y es depresiva. Como si quisiéramos que las cosas nos cayeran del cielo (¿acaso la canción sugiere que eso sea sin trabajar o que sea con el trabajo menos posible?). Como si lo mereciéramos. Como si la vida fuera injusta con nosotros per se. Como si fuera cosa misma o designio oscuro de la naturaleza. Como si no hubiera justicia clara.

Ojalá que llueva café es una canción hermosa, pero vacía. No damos nada a cambio. Es de Juan Luis Guerra, dominicano. Hermano de sangre, pues.

¿O han escuchado la canción de Molotov, la de Gimme The Power ? Dice:

...Porque fuimos potencia mundial,
somos pobres, nos manejan mal.
Dame dame todo el power,
para que te demos en la madre ...

Tienes un punto, Randy o quien sea de Molotov, pero, ¿que harías con el poder? ¿No sería el dárselo a la masa un remedio peor que la enfermedad? Los Robespierres, voces hasta ahora anónimas del pueblo justificando el Terror, están en cada esquina. ¿Realmente creen los de Molotov que fuimos potencia mundial? ¿Metáforas y buenos deseos? ¿Una vez más los mexicanos fuimos marginados de nuestro propio país? ¿Serán los extranjeros otra vez que están contra nosotros en un compló inimaginable? No, no parece, parece que este daño de los que menciona la canción nos los autoinfligimos nosotros.

Para terminar, ¿a quiénes se referirán los de Molotov cuando dicen lo siguiente?

...hay que cambiar al gobierno de raíz,
que no guachas los puestos del gobierno,
hay personas que se están enriqueciendo…


Casualmente estos dos exponentes de grupos y de canciones tocan esos temas macrosociales que sólo nos dejan en la confusión: ¿por qué algunos países son más ricos que otros? Y la otra pregunta más profunda todavía: ¿qué se puede hacer para que nuestro país sea más rico, punto? (en el contexto de habitantes, claro, Sudáfrica es riquísimo, diamantes y oro, pero su gente… Ya, aquí le paro.)

Seguiremos leyendo a John Kay y su libro de Cultura y Prosperidad.

martes, febrero 27, 2007

¡ESTÁS DESPEDIDO!


Acabo de ver un minimaratón de seis horas de El Aprendiz con Donald Trump.

Confieso que jamás lo había visto. El señor Trump nunca fue santo de mi devoción y aún ahora no lo es, pero algo tiene el señor, eso es innegable. Digo, además de megalómano, duro, pagado de sí mismo, etcétera, etcétera.
(Un día conocí a un señor así, tenía como puerta de su despacho una gran como piedra gruesa que se abría con un mecanismo, su oficina era de paredes negras, su abrecartas, una adornada daga marroquí, reposaba quieto en su mesa de mármol negro, el jaguar o leopardo, no recuerdo, que colgaba del techo arriba de él, era impresionante, el taburete en el piso en un rincón que era una pata de elefante en mejores días, esa sí que rondaba en el kitsch más sincero que se pudiera sentir aprecio por él).

El asunto de El Aprendiz es igual al de tantos reality shows de los que han abusado en la TV, ya sea por cable o por TV abierta, de los cuales ya también se ha hablado demasiado.

Pero siento que El Aprendiz se cuece aparte, dentro de lo que cabe.

Ya se sabe la fórmula, un grupo de postulantes quieren algo y tendrán que competir rabiosamente entre ellos para lograrlo, en este caso el objetivo es sencillo, y complejo, trabajar con el mismo señor Donald Trump como vicepresidentes de no se qué, con un sueldo de casi 5,000 dlls a la semana, no poca cosa.

De Donald Trump sé lo básico, un cuate que se metió desde muy joven a la bienes raíces y le fue, no sé si por herencia pero de seguro que sí por habilidad, super bien, teniendo un gran éxito. Trump es un tiburón para los negocios, de mucha fama en los 80’s y a principios de los 90’s quizá coincidiendo con la fiebre del alza de los bienes raíces que se dio en la ciudad de Nueva York en esos años. Tuvo su Trump Tower en mera Quinta Avenida, con terrazas a mucha altura con árboles cuales jardines colgantes de Babilonia, muy distinguido el señor, creo además que tiene un gran casino en Nueva Jersey, no muy lejos de Nueva York para los que no conozcan.

Luego Trump apareció en tabloides por asuntos con la esposa, ahora ex esposa y todos esos líos cuando hay demasiado dinero de por medio. Y así fue que desapareció de los ojos de todos. Hasta que llegó de nuevo con El Aprendiz.

Al parecer el señor no había perdido nada de su brillo. Y me ver tocó no sé si la segunda tercera o cuarta temporada (¡ya son seis!)

Este asunto de los reality es de flojera. Desde el primero que apareció en MTV allá a principios de los 90’s: The Real World. Repulsivos y atractivos al mismo tiempo (bueno, me gustaba The Amazing Race por cada lugar que visitaban en su carrera por todo el mundo, pero las tareas que les encargaban eran absurdas, verdaderamente). Y lo peor, no les acabas de agarrar la onda, hasta que, eso, le acabas por agarrar la onda, como fue mi caso. En este punto me tocó ver el resumen El Aprendiz de esa temporada en particular cuando eran 18 integrantes y como fueron quedando menos y menos.

Estos integrantes tenían que llegar a la producción a través de peticiones con una cinta de video que enviaban a los organizadores y supongo que dependiendo de su apariencia y algún mensaje que les pareciese atractivo, era como se elegían estas personas.

Me pareció que las edades eran de 23 años hasta como 33, y de todo tipo, eso sí, de orígenes diversos, pero claro, debían ser medianamente atractivos. ¡Es TV por el amor de Dios!

La mecánica de ir eliminando es más o menos como sigue: Los integrantes se dividen en dos grupos, se designa un líder de cada uno y a los dos se les encarga un proyecto, el que salga mejor de los dos gana, el líder del equipo perdedor debe de llevarse a los dos peores colaboradores delante del señor Trump quien juzgará junto con dos de sus más cercanos colaboradores quien será el que deba de salir.

Esto se repite hasta que vayan saliendo cada uno de los competidores. Los equipos después se “reestructuran” intercambiando integrantes para que tratar de alguna manera de equilibrar las fuerzas.

Los proyectos van de vender cosas, conceptos, hasta como inventar pizzas y venderlas, o sino diseñar productos y venderlos a las administraciones correspondientes de las compañías que no sé si patrocinan o pagan o son consultadas para que apoyen en la competencia (Ya supe. Sí pagan por aparecer y es una de las principales críticas al programa en EU).

Las dinámicas entre los integrantes son curiosas. Primero hay que notar que ahí están las cámaras omnipresentes en todo momento, como en todo reality que se respete. Los escuchan, los graban, le toman a los gestos de cada quien cuando hay intercambios emocionales de fuerza, en cuanto hay que registrar toda la furia, la decepción, el triunfo, el desengaño.

Se ven las peleas y recriminaciones porque unos trabajan más que otros, otros descuellan sin intentarlo y otros de plano se roban las ideas creativas de sus compañeros en sus narices. Unos más hasta dan zancadillas a sus compañeros y otros más de plano se van a dormir de manera un tanto irresponsable a pocas horas de presentar un proyecto importante.

Al presentar el proyecto a los consultores de la empresa para la que ambos equipos están haciendo su trabajo empiezan a definirse si se utilizaron enfoques originales, atractivos y sobre todo, si el punto era ganar dinero, que ganase uno más que el otro.

Si el punto es que se presentase el proyecto ante la firma de marras que ésta definiese si el proyecto cumpliera con los objetivos previstos, con el sabor deseado por más subjetivo que este fuere. Dependiendo, uno de los equipos gana al otro.

En ocasiones de plano sí se ven decisiones de los integrantes del equipo que envuelven tiempo derrochado, o recursos, o líneas de diseño que se van de lado a lo que pidieron. Hay integrantes que nunca se terminan de integrar y que sin embargo pueden estar sobreviviendo en cada ocasión que su equipo es derrotado ya que a la hora de estar frente al señor Trump hay alguien que siempre sale peor que él.

Ese es el caso de los líderes de proyecto que fueron los culpables ya sea por tomar esas malas decisiones que se llevaron de encuentro a todo el equipo o por sencillamente no ganarse el respeto de sus integrantes. El señor Trump deja hablar en el interrogatorio final a los culpables para ver como ellos se defienden de las acusaciones de sus compañeros que hacía pocas horas se prometían entre ellos amistad absoluta. Conforme se acerca el final y los integrantes son menos, la cosa es clara, la lealtad es hasta que entran a la elegante sala de juntas del señor Trump, porque pasado ese instante cada quién se lanzará hacia la garganta del otro.

Al principio puede ser patético mirar como se echan la culpa entre ellos. Y el espectador con ese ánimo de siempre gustar de observar una buena pelea, se va contra uno o con el otro, si es que aquél realmente no participó lo que debía participar o si aquél tomó una mala decisión al perder el tiempo o si en lugar de hacer una reunión por teléfono con el focus group debió hacerla en persona.

El señor Trump es feroz. Tiene ojos como de rendija, no lo describo más porque, ¿que tal si me demanda?, por ese motivo no mencionaré ni lo de su aparente tupé, que jamás se mueve un instante, al parecer la producción lo cuida demasiado, siempre digno, como un antiguo César que está al pendiente de condenar al gladiador a la muerte con su pulgar hacia abajo (es un mito eso, lo sé, pero la metáfora sonaba correcta en este instante). Nunca quita ese gesto de león molesto. Sabe que los que están en esa sala con él son los perdedores.

De hecho, a los ganadores de cada proyecto los premia de manera inolvidable, como por ejemplo uno de los premios que le dio a cada integrante de un equipo ganador fue llevarlos a un vuelo de 0G, que es uno en el que se van en un avión que vuela hacia las alturas de manera suficiente como para de pronto cambiar de dirección y lanzarse hacia el suelo para poder crear por un corto tiempo la sensación de ingravidez que sólo los aspirantes a astronautas están familiarizados; otro premio fue ir a desayunar con el señor Trump desde su hiperlujosadorada suite, que mira a todo Nueva York, y que hacia donde poses tu vista alrededor del desayunador es todo de oro.

Los perdedores son sujetos de la furia del cielo. Saben que alguno de ellos será despedido implacablemente. Los tres sujetos deberán de defenderse con las uñas por el derecho de quedarse una semana más para poder demostrarle al señor Trump que ellos pueden ganar la próxima ocasión. Pero antes deberán despedazar a sus amigos, compañeros, compadres o comadres.

Las acusaciones vuelan de un lado a otro, se gritan, se irritan, callan al otro, el señor Trump debe de mantener el orden a veces. Sin perder el gesto de desagrado de estar con perdedores, a él sólo le interesan las estrellas que ganarán con él, busca en cada quién la señal inequívoca del perdedor, tal vez no del perdedor nato, sino del que no se pueda adaptar a estar en su grupo. Hace la pregunta de porqué se deberían de ir los otros, de porqué cada quién piensa que debería de irse.

En ocasiones se va contra el líder que no supo tomar las riendas del proyecto, del que vaciló cuando jamás se debe de hacer, del que no tomó riesgos, del que no supo delegar, del que no supo medir la capacidad de sus subordinados. En otras ocasiones más se va contra el integrante que causó con su ineptitud y negligencia la derrota del equipo.

Finalmente se decide por uno y se va contra otro y lo deja hablar. Y si este último, que ya se había salvado, dice una estupidez, el señor Trump cambia de opinión y le dice la frase lapidaria: “¡ESTÁS DESPEDIDO!”YOU’RE FIRED!”.

¿Lecciones de la vida real? Algunas. Tal vez no sea un curso de administración hecho y derecho, pero es el único reality en el que puedes ver interactuar a personas de diversos orígenes, ver como ellos son forzados a formar equipo, observar como cada quién debe de luchar con el amigo-casi-hermano para imponerse por la razón (sea cual esta fuere), atestiguar como se debe de entregar de cuerpo y alma a un proyecto que tiene como fecha de entrega al día siguiente, como éste se debe de entregar en forma excelente, no sólo “bien”; en suma, El Aprendiz nos da la oportunidad de presenciar como se debe de entregar un proyecto completo sin fallas al día siguiente, excelente y productivo como para ganarle a algún otro equipo.

Y no es que sea simplista en cuanto a que lo que vi no tenga ningún valor educativo por menor o mayor que sea, por más que sea trivial y frívolo un programa de TV que no tiene nada que ver con una escuela de administración (la TV tiende a frivolizar y trivializar todo lo que toca, esa es una de sus peores funciones), pero en la vida real, en el mundo de las oficinas, llámese privadas o públicas, el tema es entregar proyectos que tengan cierto grado y clase de excelencia, o presencia al menos acerca de lo que se te encarga. Ahí es dónde se percibe El Aprendiz de manera real. Muchas personas podrían tomarlo más a la ligera, el ver el programa, pero en este caso me ayudó a mí el ver seis capítulos en seis horas una tras otra para poder formarme una opinión al respecto.

En fin, para uno de los integrantes no hay mañana, todo mundo (y eso es lo que extraña algo al verlo) puede estar condenado y aún así, con ese pensamiento que debe de estar siempre en tu cabeza, había algunos integrantes de los equipos que todavía perdían el tiempo, como cuando estabas en la escuela y te tocaba estar con alguien que no se involucraba nunca en el proyecto, y sólo pedía, con una sonrisa cínica, que él lo iba a teclear.

Así las cosas ver El Aprendiz te va mostrando como es el mundo de la competencia feroz en una oficina cualquiera a nivel personal, a nivel simplificado, a nivel de una hora de tu tiempo, a nivel en que puedes ser testigo de esas interacciones constructivas muchas de ellas, destructivas las más.

Pero es que sólo puede ganar uno. Y al parecer ser El Aprendiz del señor Trump vale la pena como para sufrir en 16 semanas su ferocidad, la implacable competencia, el cansancio mental, la tortura de la competencia sin parar, o incluso la desalmada frialdad de que el vender menos pizza que el otro te podrá exponer a estar en la línea de fuego, en la que es posible que ese día escuches la terrible y ya clásica frase de “YOU’RE FIRED!”.

E irte a tu casa a tu normal vida de siempre. Lo cual en este tipo de circunstancias es siempre una bendición.

O tal vez... no.

martes, febrero 20, 2007

Bajo tu propio riesgo: mejor mantén tus Ojos Bien Cerrados

Ayer vi Eyes Wide Shut en TV por cable.

Una película extraña, misteriosa, fría. Tom Cruise y Nicole Kidman son esposos que rozan el concepto de las fantasías sexuales y no precisamente con sus cónyuges.

Una vez más Stanley Kubrick estremece por las vibraciones de frialdad emitidas por sus imágenes, si es que esto puede ser imaginado. Ojos Bien Cerrados, como se llamó en español, fue su última película filmada a lo largo de dieciocho meses y estrenada en 1999, a una semana de la muerte de Kubrick, recién entregada para el proceso de las copias a ser distribuidas para su estreno mundial.

Definitivamente salta a la vista que no es como sus otras películas, más luminosas (me lo podrían discutir, por supuesto), claras (bueno, 2001: A Space Odissey es 2001: A Space Odissey) más sin embargo Eyes Wide Shut también trata de aferrarse a la gran idea, en este caso el de la complejidad y confusión que hay debajo de la mente humana, a la de verla como una cebolla que contiene capas y capas con significados de todos tipos. De un viaje de exploración a las contradicciones que benditamente ignoramos porque a final de cuentas no podemos hacer otra cosa.

En Eyes Wide Shut está en definitiva la elegancia siempre presente, no obstante el papel de Cruise, el doctor Bill Harford es el de alguien sofisticado acostumbrado a no detenerse por pequeñeces como pagar 375 dólares por un disfraz. Así las cosas no es extraño que la idea de que a las personas ricas aunque no famosas, definitivamente pueden quedarse sin ideas para divertirse… para buscar esas diversiones y escapismos en lugares más peligrosos para su propia conciencia y vida.

El argumento está basado en una novela algo desconocida de los años veintes que se llama Traumnovelle escrita por un tipo llamado Arthur Schnitzler y que es denominada como un “thriller psychosexual”, sea lo que eso pudiere significar.

Sólo que ahora son los años noventas y muchas más cosas pueden pasar. Tales como encontrarse con un viejo amigo pianista que le cuenta que hay cada cosa en este mundo… como tocar en un lugar en un evento especial más allá de toda imaginación posible.

A nuestro doctor Cruise-Harford eso le llama la atención y puesto a descubrir que es por viva voz ni tardo ni perezoso consigue la dirección del lugar. Y entonces va y…

Pero antes, bien valdría la pena examinar lo que acompaña a Eyes Wide Shut. Está por ejemplo al principio la escena en la que está una fiesta fabulosa en la que el matrimonio (ex matrimonio, más bien) de Kidman-Cruise les toca separarse por un segundo y ya están conversando con otras personas de sexo opuesto para intenciones imprevistamente non-sanctas. Esto lleva por caminos insospechados para sembrar la sombra de la duda en un matrimonio en general bien avenido.

No es necesario (¿o sí?) mencionar la soberbia técnica de dirección de Kubrick (sí, el señor se puede decir que es frío en su mano directora, ¿pero que es que siempre deberemos adorar sólo a directores que no lo sean, o qué?) como va transcurriendo la cámara en una coreografía exacta y con un dominio total por su ambiente. En las escenas simultáneas del tipo húngaro que trata de seducir claramente a Kidman y en el de las dos chicas que van llevando a Cruise por un pasillo con destino desconocido de pronóstico reservado pero al mismo tiempo esperado, son clases de cine de cómo hacer parecer lo complejo en sencillo, en como pareciera que todo estaba listo para poner la cámara y ¡listo!, una gran escena. Cámara por un lado que baila con la pareja pecadora-to-be y cámara con su favorita técnica de Steadycam (que fue de los primeros en utilizar en The Shining, en 1979) utilizada como conciencia constante preparada para hacernos partícipes de la seducción de ellas (doble premio), las jóvenes anónimas (bueno, una se llama Nuala, algo así) al pobre Dr. Cruise.

Pero aquí, como siempre, interviene el destino de dos maneras. Una, el dueño de la casa, un señor de cierta edad protagonizado por el director de cine Sydney Pollack (director de Tootsie y que ha aparecido en al menos una de las películas de Woody Allen), está en un aprieto: una chica con la que tuvo cierta actividad cae en un letargo producido por una indebida combinación de drogas. Para eso es llamado el Dr. Cruise, amigo de confianza en la que sin perturbarse de la exquisitez de la chica, desnuda en toda su extensión, la saca de su inconciencia. Se llama Mandy, dice Pollack.

Y dos, durante el evento el Dr. Cruise se encuentra con su amigo ex condiscípulo que ahora es pianista y les cuenta lo que mencioné arriba.

En fin, al pasar una situación de cama que implica escuchar a Chris Isaak con Baby did a bad bad thing, con su sonoro bajo que suena a conspiración, complicidad y complacencia, entonada con humo de mariguana, se suceden confesiones innecesarias pero que en la mente de el buen doctor le disparan imágenes indeseables, que eso, le causan deseo de irse a reconocer el bajo mundo de la noche y las luces. Un Nueva York con sus calles malvadas english-made en alguna parte del Londres que tanto amaba Kubrick. O eso, o su temor de volar tan poderoso como siempre.

Bueno, que más da contar partes sí y partes no, ¿verdad? El caso es que el amigo pianista le da literalmente el santo y la seña del lugar donde la siguiente fiesta será y es. Casualidad de las casualidades, esa misma noche, y aprovechando que el doctor Cruise tiene permiso para estar fuera de su casa esa noche por acompañar una situación de fallecimiento de uno de sus pacientes mayores a domicilio, pues se dan las cosas, la verdad.

La trama no se complica, sólo se adereza con la búsqueda de un disfraz y así las cosas ya por fin, entramos en materia.

La escena de la extraña celebración religiosa-sexual no tiene nombre. Inolvidable y sin comparación. La ambientación está rodeada de cantos extraños, que no eran más que de una misa al revés hablada en rumano.

Un ambiente circular en una gran sala de dos pisos llena de personas con máscaras tipo venecianas, unas estilizadas y otras sencillamente grotescas, que rodean el centro de la escena. Si en alguna ocasión la puesta en escena, como la llaman los franceses es una mise-en-escene es aquí mismo.

La gran sala está llena de una gran tensión. Hay un rito en marcha. Se siente que es un rito nada apegado a lo que estamos acostumbrados. No creemos que tenga tintes diabólicos, aún y que el que lleva la voz cantante está vestido de rojo, siempre con su máscara y en su mano izquierda llevando un incensario.

El incensario está dirigido hacia las ocho personas que están hincadas en el piso, haciendo un círculo también con máscara, capa y capucha. Se despojan a una señal de su capucha y se ve que están desnudas con excepción de una tanga y tacones terminados en punta. Son mujeres jóvenes con sus cuerpos bellos, rozagantes, firmes. Se besan a través de sus máscaras en un acto de solemnidad cada quién con la que está a su derecha una por una, como si hubiera un beso de algún sentimiento desconocido entre cada quién. Fraternidades ocultas para los espectadores.

El doctor Cruise está ahí de intruso. No sabemos que hay en el alma humana que nos impele a buscar lo desconocido, de ir a buscar dónde no nos llama, cuando la curiosidad nos posee y el deseo de lo que no sabemos es tan poderoso, nada podemos hacer. Nadie en nuestras medidas y escalas.

Su mascara no es de las grotescas, en teoría no debería de llamar la atención, es blanca, con adornos dorados, delicada. Las máscaras que ocultan tu persona, las máscaras que por esta vez sí son físicas y que todo mundo sí ve que usamos sin que tengamos que mentir.

El doctor Cruise observa con intensidad a las mujeres a través de las ranuras de su bella máscara. Todas ellas son perfectas en sus proporciones, en sus caderas, en sus pechos, en sus hombros. No sabemos por sus propios disfraces si serán hermosas o no, pero creemos que sí. Deseamos creer que sí. Que esas perfecciones de cuerpos, resaltados por los estiletes que usan de tacón que en alguna parte este rito sexual será oscuro y misterioso, quizá hablan de un umbral que si supiéramos de que se trata no desearíamos seguir.

Ellas ya están de pie. Y empiezan a moverse, a caminar con una lentitud y pausa delicada, tal vez estudiada, firme, creando ondas de vértigo que fluyen a todas partes, especialmente hacia la cabeza del doctor Cruise, tan alejado en su vida de ese ambiente, de esa decadencia que causa mareo por su irrealidad.

Cada una de las mujeres va hacia uno o una de las presentes. Y una se mueve hacia el doctor Cruise, en su cara no sabemos, pero la incredulidad se ha de hacer presente. Una mujer desnuda te toma de la mano y te lleva, ¿hacia dónde?

El sinuoso y nada arduo camino de la hermosa mujer que lleva al doctor Cruise es acompañado por la cámara de manera continua esta vez sin Steadycam presente y más bien tomado con una handheld camera que nos recuerda el propio camino de David Bowman al recorrer los pasillos lúgubres de la nave Discovery hacia su cita mortal con HAL-9000, con todo y sus movimientos pausados en los mundos perdidos de 2001: Odisea del Espacio. Tal vez, el camino de la pareja, desnuda una y oculto el otro tendrá sus tintes mortales, peligrosos. Los negocios riesgosos de Tom Cruise que parece que son sus panes de él de cada día.

Pero a diferencia de la nave Discovery errante en órbita decayente frente a Júpiter y al Monolito-Puerta-de-las Estrellas, no entramos a pasillos llenos de interruptores de diseño sesentero-espaciales-futuristas-que-no-existieron-jamás, entramos más bien a salas y salas aparentemente prohibidas en la que vemos los placeres del sexo exhibicionista, de tonos eróticos y decadentes en parejas que sin desinhibiciones explosivamente y en silencio anormal copulan también en coreografías armadas de manera que no logran sin embargo lograr excitación a menos que nos mintamos todos de lo voyeuristas (porque de que nos incluyeron, nos incluyeron) que podemos llegar a ser, dueños de toda la voluntad posible (¿podrías creerlo?)

Todas las expresiones de todos los presentes son esos rictus tan escondidos debajo de sus máscaras que jamás sabremos que hubo-hay-habrá debajo de los ojos de cada persona, testigos de placeres que en ocasiones, a deducción del lenguaje corporal de algunos de los asistentes, por decir una pareja de mujeres que están en uno de los sofás, arregladas las dos en abrazos indiferentes, llenas de hastío, llenas de vacío, si eso fuera posible.

Quizá el aburrimiento ya está en la mente de los testigos de tantas y tantas copulaciones (¿o cómo llamarlas? ¿Simples actos sexuales? Tal vez, pero, eso ya es en sí, otro lugar común que fastidia, harta, causa vacío e indiferencia), quizá el fastidio se apodera de todos, quizá hay que ir empujando más allá y permitir que nos envuelva además de la decadencia, la degradación, ¿qué seguirá? ¿Las pasiones asesinas del marqués de Sade? ¿Un club de suicidas? ¿Un club de caníbales? ¿Una patrulla de boy scouts?

La larga escena del club de si-tu-tienes-que-preguntar-de-que-se-trata-es-probablemente que-jamás-te-inviten no es agradable ni con mucho, eso sí, es fascinante, repulsiva y atractiva a la vez, como lo es la pornografía, como son los accidentes de tránsito, como son las biografías de los niños actores que nunca llegaron a ser más que fracasados.

¿Qué más hay después en la película Eyes Wide Shut, Ojos Bien Cerrados de Stanley Kubrick hacedor de sólo 13 películas en su vida que llegó a los 70 años?

Las reverberaciones de nuestros hechos nos seducen y nos condenan. El doctor Cruise hizo algo indebido en su mundo de infelicidad y tendrá que pagar de una manera, que no será onerosa, y tal vez esa es la parte que más esperábamos.

Pero no sé, quizá al quitársele la venda de sus ojos, ya no tan cerrados, fue condenado a ser parte de un mundo que ya sabe, que ya confirma, que no hay más allá. Que el ser común y corriente no te impide recordar de por vida que hay mundos (que te atreviste indebidamente a ver por tus propios ojos bien abiertos) en los que no se te permitirá entrar por más que seas doctor, rico, agraciado por la vida, por más que seas perfecto en los cánones que el mundo crees que le importan.

Porque ni tu poder temporal, el que tengas, será suficiente para resolverte todos los problemas de los que son culpables tus propios deseos y oscuridades, y de entre los que estás más consciente de que los ignoras, y más los que subyacen en tu mente, de los que sospechas que están encadenados a una pared delgada y endeble de mínima cordura, y que lo terrible de todo es que también intuyes en tus sueños intranquilos que esos rasgos oscuros de tu mente están tan al borde de desencadenarse y que tienes la firme y terrible idea de que no sabrás como regresar a ese tu hogar de paz y sanidad, que no quisieras que sea, que no quisieras descubrir, que podría ser destruido con sólo un soplo de locura violenta, la tuya propia.

Kidman y Cruise viven vidas aparte, lejos el uno del otro, ¿amargados? ¿infelices? Sólo ellos saben. Misiones de reunirse de nuevo Imposibles, y con los Otros, todo el mundo también todos-somos-voyeurista mirando. Sólo recordemos que Stanley Kubrick siempre supo sorprendernos, que tuvo la terquedad de alguien que quiso entregarnos sus puntos de vista, de los amores ilícitos imposibles indebidos incorrectos, pecadores, del fin del mundo cómico-trágico, de la tecnología-cósmica-mágica-universal incomprensible, de la ultraviolencia que nos acecha a ti y a mí, de la exquisitez frívola de tiempos pasados que nunca fueron mejores, del mismo terror sobrenatural imaginado en la soledad congelada, de la guerra que despedaza los sentimientos y sensibilidades, y aquí, los reductos mentales y emocionales perdidos o prohibidos, que nunca jamás podríamos recuperar o que más nos valdría jamás recorrer.

Ahora, si tan sólo alguien me dijera cómo pasaron la Naranja Mecánica por televisión abierta sin que esta pierda sentido, orden y significado, sería fabuloso. (Y al mismo tiempo, el que la transmitan es una muestra irónica de cómo el destino de Kubrick nos alcanzó en una película que en su origen, 1971, hará 36 años, fue permitida sólo para adultos mayores de 21 y que ahora sus primeros espectadores tendrán mínimo más de 57 años, que se encontrarán con el panorama de ver esa misma película con sexo, violencia y brutalidad que de seguro pasará en medio de comerciales de lotería, sorteos y automóviles, que pensándolo bien de seguro en alguna medida traerán sus mensajes mezclados con sexo, con violencia y esperando ellos, de seguro, que seamos nosotros los que pongamos la brutalidad.

Ah, entonces está bien.

Supongo.


viernes, febrero 16, 2007

El Grave (en verdad MUY grave) problema de la Confianza (sobre todo en los Mexicanos)



De repente uno se encuentra con detalles que empiezan de manera sencilla en un tema y ni se da cuenta de como acaban demoledoramente en otro.

Así me sucedió cuando leí Fragmented Future / Multiculturalism doesn’t make vibrant communities but defensive ones (trad. del pésimo título: Futuro Fragmentado / El Multiculuralismo no crea comunidades vibrantes sino defensivas) un artículo de portada de la revista American Conservative (ya sé, las cosas se toman de quien vienen, pero en este caso haremos una excepción) firmado por Steve Sailer, un renombrado crítico de cine.

Cuando uno habla de “multiculturalismo” uno piensa inmediatamente en circunstancias que reúnen lo mejor de varias etnias. Una ciudad poblada de varias etnias debería de ser abierta, debería de ser, la palabra que más se usa es: “vibrante”. Así se describe a Miami, a Los Ángeles, a las ciudades en las que hay población diversa de orígenes de todas partes del mundo.

Pero he aquí en el artículo aparece una premisa interesante de un profesor de Harvard llamado Robert D. Putnam: “…en la presencia de la diversidad étnica, nos retraemos, actuamos como tortugas. El efecto de la diversidad es peor de lo que habíamos imaginado. Y no es sólo que no confiemos en la gente que no es como nosotros, en diversas comunidades, nosotros no confiamos incluso en gente que se parezca a nosotros”.

Eso puede explicar ciertas cosas de la vida con la que nos enfrentamos a diario.

No sé en Hispanoamérica (un saludo a todos nuestros amigos hispanoparlantes) La desconfianza que nos rodea es impresionante.

Tiene que ver con la llamada Edad de la Ironía. A todo lo que escuchamos en radio, en TV, en instancias de todo tipo con un “ajá, cómo no…”.


A cualquier circunstancia le buscamos el doblez extra, le buscamos la conspiración, le buscamos a quién le podrá beneficiar realmente tal situación. He llegado a escuchar que incluso en circunstancias públicas obvias negativas de algún personaje público, sale alguien que se dice sabihondo y que afirma “él siempre estaba en control y sólo lo simuló todo porque le convenía así”. Cómo si por decir, lo que le pasa al gobernador precioso lo armó todo él desde el principio, y al gobernador penoso, fuera el mismo el que creó la estrategia de la APPO y su bárbara ocupación de Oaxaca.


Claro, eso sí, cosas más extrañas pasan día con día.

Pero por lo general, los mexicanos solemos creer en las conspiraciones, en los beneficios ocultos, en que no te dijeron toda la verdad de algún hecho. ¿Quién mandó matar a Colosio? ¿Quiénes eran los halcones? ¿Quién es el verdadero culpable de la matanza de Tlatelolco? ¿Quién mandó matar a Buendía? Cada circunstancia específica tiene más entradas que un laberinto de un palacio bizantino.

¿Por qué somos así? ¿Será cierto que no confiamos en nadie más que en nuestra propia familia? ¿Será cierto que ni aún en nuestra familia podemos llegar a confiar? ¿Es así el mexicano porque quizá lo trae en la sangre? ¿Será porque todavía se siente indio traicionado por sus propios gobernantes como Moctezuma lo hizo? ¿Será porque los tlaxcaltecas se aliaron a los españoles y ni aún en la gente como nosotros podemos confiar contra un extranjero? ¿Será porque un sector de mexicanos fue con Napoleón III de Francia a pedirle un emperador de sangre de Habsburgo para poder gobernarnos? ¿Será porque un indio oaxaqueño, Porfirio Díaz, prefirió beneficiar a gobiernos extranjeros para que invirtieran en México en detrimento de sus propios compatriotas? ¿Será porque un grupo de mexicanos (como afirma más abajo Alan Riding) durante setenta años utilizaron el poder para conseguir riqueza y otro grupo de mexicanos utilizaron la riqueza para obtener poder?

¿Será esa la causa de la desconfianza de los mexicanos frente a los medios, a las declaraciones oficiales, a los partidos políticos, a los gobernantes, a los legisladores, al poder judicial, a las fuerzas policíacas, a la misma Iglesia, y al mismo ejército? Bueno, el ejército sí se salva en esto, según encuestas.

¿Será por eso, entre otras cosas que los mexicanos no creemos?

¿Será por eso que nunca estaremos realmente unidos? ¿Será por eso que sólo en caso de desastre, como podría ser, digamos, un terremoto de magnitud 8.1 Richter podremos estar unidos? ¿Será que hay algo en los mexicanos o latinos que siempre pensamos que el de más allá nos va a fregar si nos descuidamos? ¿Será por eso que en las oficinas los mexicanos no confían ni en su propia sombra?

En fin.

Es impresionante como hay tantas cosas que damos por sentado y que sólo poniendo un poco de atención podríamos deducir que son erróneas. Pero el sentido común es engañoso. Suficientemente como para permitir engañarnos o para querer autoengañarnos, lo cual es peor tal vez.

Este doctor Putnam, un profesor de ciencias políticas que antes escribió un libro llamado Bowling Alone, algo así como “Jugando Boliche en Solitario” le confesó recientemente a un columnista del Financial Times que su último descubrimiento en sus investigaciones al respecto, -el hecho de que la diversidad étnica decrementa la confianza y la cooperación en las comunidades- era tan explosivo que no se había atrevido a publicarlo en cinco años “hasta que él pudiera desarrollar propuestas que sirvieran para compensar la confianza y la cooperación en las comunidades para subsanar los efectos negativos de la diversidad, agregando que sería irresponsable publicarlos sin ellas”.

Lo que mostraron los resultados fue que en un estudio de 40 comunidades americanas los residentes perdían la confianza en todos, en el alcalde, en el periódico local, en otras personas y en las mismas instituciones. Y el lugar de menor confianza en el prójimo fue en la mera ciudad de Los Ángeles, donde reside la más diversa comunidad humana en la historia de la misma redundante humanidad.

Obvio, cuando se publicó ésta información al doctor Putnam irónicamente le llegó una lluvia de correos de racistas felicitándolo por comprobar sus creencias.

Lo peor, el doctor Putnam sólo pudo enfurecerse con el columnista, pero como no se escribió ninguna mentira al respecto, no pudo hacer más que eso.

El doctor Putnam afirma en una parte que “lo que no se debería de hacer es decir que los inmigrantes sean como nosotros, sino que nosotros construyamos una nueva identidad: un nuevo NOSOTROS”, que es como diría Berthold Brecht, menciona el artículo, refiriéndose al levantamiento de los alemanes orientales de 1953 contra su gobierno: “¿no sería más fácil que el gobierno disolviera a la gente y eligiera a otra?”

El problema lo podemos ver en cada barrio. Mientras sea la gente de la misma zona es más sencillo de realizar actividades en pro de la comunidad., Mientras sea más diversa la gente se entiende menos. Tú puedes llegar con la mejor de las intenciones a un edificio de departamentos y sabrás, de inmediato, que no eres bien recibido, y serás criticado de muchas maneras hasta por la forma en que barres la basura.

(Y yo personalmente, el que escribe esto, uff, lo que no he encontrado de shocks culturales en mis andanzas. Ya luego lo contaré.)

Sailer en su artículo continua hablando acerca de la cooperación, que si se pone uno a pensar, parece decir algo así como co-operación, o sea, operación en co-njunto, para simplificar raíces grecolatinas. La co-operación parece que es un valor o un término que aparece y desaparece en el devenir de los siglos. Notablemente menciona a un estadista y erudito árabe llamado Ibn Khaldun, que documentó que las dinastías norafricanas típicamente empezaban como tribus nómadas del desierto, pobres en todo sentido excepto en un concepto o término denominado “ASABIYA”, o solidaridad social.

Había un deseo de sentido de sacrificio que era impresionante, sobre todo en batalla. Pero, continua Sailer, una vez que ellos conquistaban un estado civilizado a lo largo de la costa, el crecimiento inevitable en sus diferencias comenzaba a minar la asabiya (suena a lo que le pones al sushi como picante) hasta que después de varias generaciones las fracturas crecían de tal modo que un nuevo clan unido emergente llegaba del desierto y los derrocaba.

Y sí a esto le aunamos el detalle de que nada fomenta más a la asabiya que un enemigo común, como es visto innumerables veces de maneras diversas (los argentinos por ejemplo, en 1982, fueron manipulados por su gobierno para generar ese concepto de solidaridad social al convocar a la población a ir a invadir inútilmente a las Malvinas, que aunque puedan ser argentinas, en ese momento los argentinos no podían hacer gran cosa contra los británicos y sus aliados (no exactamente aliados, pero los norteamericanos y los chilenos no eran otra cosa). Pero los distrajo de las crisis económicas, de las inflaciones y sobre todo, de las guerras sucias, por varios meses.

Otro ejemplo histórico pudieran ser las 13 colonias americanas que tuvieron como enemigos comunes a los franceses, a los indios y luego a los británicos. Ellos supieron generar su asabiya cuando la necesitaron.

Ese es el punto, “cuando la necesitaron”. Lo mismo pasó con los mismos EU en las guerras mundiales, se hablaba entonces que aunque fueran un pueblo “crisol” (concepto duramente cuestionado en estos últimos años), se unieron frente al enemigo común.

De hecho estaba leyendo en la autografía del recientemente fallecido Peter Drucker (un tipazazo, un ídolo, la verdad), Adventures from a Bystander escrita por él en 1979, que analizando el punto, los EU se unieron como nadie en los tiempos de la Depresión, la década de los Treintas (le llamaba al hecho histórico-biográfico Los Estados Unidos de la Crisis) como si este gravísimo fenómeno económico se tratara de un desastre natural en el que todo mundo, extraños y amigos, se daban la mano de una manera totalmente extraordinaria.

Claro, las olas de los tiempos mueven la endeble barca de la Sociedad continuamente por aguas tenebrosas y agitadas, de ese modo llegaron los miedos del McCarthysmo en los cincuentas y la asabiya comenzó a retroceder, hasta llegar a los problemas detectados por el Dr. Putnam. Y no se diga Vietnam, los Documentos del Pentágono, el allanamiento de Watergate, la Crisis del Petróleo Árabe, la renuncia de Nixón, el perdón de Gerald Ford a éste, la toma de la Embajada Norteamericana en Teherán, la humillación norteamerican en manos de los iraníes.


Eso en un lapso de 15 años solamente.

¿En México? Tlatelolco, 10 de Julio, Echeverría, flotación-devaluación, fraudes al por mayor, López Portillo, el ascenso del narco, otra devaluación, San Juanico, primeros asesinatos de periodistas, terremoto 1985, crisis económicas al por mayor, fraude 1988, quinazo, zapatismo, Colosio, Ruiz Massieu por partida doble, el fraude del Encanto, el error de Diciembre, Aguas Blancas, Acteal, Fobaproa, y un gran etcétera.

¿Será por eso la desconfianza del mexicano más allá de los límites familiares? ¿Será por eso que la gente no paga impuestos? ¿Será por eso que mucha gente no va a votar? ¿Será por eso que los jóvenes de hoy son apáticos? ¿Indiferentes? ¿Será por eso que los bancos mantienen altas tasas de interés, porque ya descuenta de antemano que los mexicanos no van a pagar?

Y sigámosle, que hay mucho material de estudio para científicos sociales, profesionales o aficionados.

¿La cooperación mexicana será un oxymoron en sí? Nota: Un oxymoron es una frase contradictoria en todos sentidos como si dijéramos “Agencia Central de Inteligencia” o como si dijéramos “Valle Hermoso, Tamaulipas”.

Sigamos con lo de la co-operación.

Y así es como se estudia la cooperación en estos días. Se basa en premisas de que hay un interés individual en los seres humanos que te conducen a tener que cooperar en un ámbito social localizado en un punto definido en el nombre de un “bien para la humanidad”.

Incluso, aquí sí lo pienso yo: puede ser cierto lo que hablaba Richard Dawkins acerca del altruismo, que en realidad se trata de un altruismo egoísta, en razón de que haciendo el bien a los demás nos lo estamos haciendo hacia nosotros mismos; por ejemplo en el caso de que un joven en un semáforo nos pide dinero mientras agresivamente nos lava los vidrios (y ustedes bien saben que es cierto lo de “agresivamente”), y se lo damos porque quizá en nuestro interior pensamos que al menos así él u otro como él no nos asaltará posteriormente. Cómo si hubieran dos pools de jóvenes que son de uno de dos tipos, o limpiavidrios o delincuentes, pero que al final ambos se comunican. Y es duro entenderlo así.

Ahora, allá afuera suponemos que existe una sociedad civil que pensamos que existe, así, sin nombre o cabeza, que busca colocar valores y que tiene expectativas en las personas que la conforman, de alguna manera u otra, y aquí vamos llegando al meollo:


¿Qué es con certeza lo que denominamos como la “sociedad”?

¿A qué nos referimos cuando hablamos del “bienestar de la sociedad en su conjunto”?


¿Es acaso por el “bien de la sociedad”?

¿Quién habla en nombre de ella? ¿Tú? ¿Yo? ¿Un conjunto de notables? ¿Los llamados o autollamados o porque-ultimadamente-no-había-nadie-más denominados por los medios (otros que se sienten con derecho de dirigir la mente de las masas), “líderes de opinión”?

Sailer hace mención del celebérrimo Francis Fukuyama (si pudiera cobrar las puras menciones de su nombre en artículos intelectuales, el señor Fukuyama sería más millonario que lo que pudiera ser por su trabajo normal) y su artículo: Confianza: Las Virtudes Sociales y la Creación de la Prosperidad, de 1995, donde afirmaba que los norteamericanos, los europeos noroccidentales, y los japoneses, tienden a trabajar bien juntos para crear grandes corporaciones, mientras las compañías de otros países avanzados, tales como Italia y Taiwán, raramente pueden crecer más allá de ser firmas familiares.


Y aquí Sailer agrega que Fukuyama prudentemente no mencionó nada de las grandes áreas del mundo que están bajas en confianza Y en tecnología como el Medio Oriente, África y… América Latina.

De pronto la cosa se pone triste. O patética. O lamentable.

Para nosotros mexicanos.

Sailer menciona que cuando era joven y libertario, en los setentas, anduvo de vacaciones en Acapulco, y que en el viaje él y sus amigos batallaban para quitarse a los ambulantes. Pero el que le causó más impresión de estos era un joven que quería a fuerza venderles droga. Los amigos de Sailer dijeron que no traían efectivo y que en eso el narcomenudista saca su máquina de tarjeta de crédito: Sailer afirma que eso era impresionante aún para ellos, ¡eran los setentas!

Eso le puso a reflexionar acerca de porque los norteamericanos son los que están en las playas de México disfrutando de sus lujos y NO VICEVERSA. Los ambulantes eran tan ambiciosos y emprendedores como ellos (así lo menciona). La respuesta a la que llegó es que los problemas económicos de México tendrían que ser sus propias organizaciones corruptas e incompetentes (ni más ni menos). Y concluye que los mexicanos no parecemos que hacemos buen equipo más allá de la escala familiar.

Y Sailer ahora menciona lo que adelanté arriba respecto a Alan Riding (maldición, se me deshojó ese libro) en Vecinos Distantes, de 1984: “LA VIDA PÚBLICA PUDIERA SER DEFINIDA COMO EL ABUSO DEL PODER PARA OBTENER RIQUEZA Y EL ABUSO DE LA RIQUEZA PARA OBTENER PODER”. ¡Tómala! (Ya, ¿a quién pretendo engañar? ¿A quiénes, ustedes lectores mexicanos díganme, a quiénes pretendemos engañar, pues?)

Sailer agrega: Se asume que cualquiera fuera de la familia extendida tiene malas intenciones, lo cual explica la famosa calidez y solidaridad de las familias mexicanas. Y vuelve a mencionar a Riding: “Los mexicanos necesitan pocos amigos porque tienen muchos parientes”.

Aparece ahora Humboldt, Alejandro Von, con lo que escribió hace 200 años: “México es el país de la desigualdad. Quizá en ningún país del mundo hay una más HORRENDA DISTRIBUCIÓN DE RIQUEZA, CIVILIZACION, CULTIVO DE LA TIERRA Y POBLACIÓN”.

¿Qué nos queda hacer? ¿Demandar por difamación al venerable (y admirable) germano? ¿A sus descendientes?

Volviendo a Los Ángeles resulta que en la investigación de Putnam, los hispanos fueron los que más desconfiaron de todos en grandes porcentajes. Y hasta entre hispanos mismos, que fue lo peor. Un columnista de Los Angeles Times, Gregory Rodríguez dice: “en Los Ángeles, hogar donde hay más mexicanos que cualquier otra ciudad en los EU, no hay un solo hospital étnico mexicano, universidad, cementerio o institución de caridad…”.

Aún peor: Dado que ellos raramente se organizan fuera de la familia, los millones de mexicanos extrañamente hacen muy poca contribución a la vida cívica y artística local. Todavía más. Sailer, el mencionado autor del artículo de la revista American Conservative, sigue: “L. A. está inundado de talento creativo subempleado que ocupan su abundante tiempo libre poniendo obras y construyendo espectaculares casas encantadas cada Halloween… (¿Habrá querido decir Día de los Muertos?) y todavía hay poco traslape entre la enorme industria del entretenimiento y la gran comunidad mexico-americana.”

Los mexicanos no son “vibrantes”. No. No lo son. No lo s-o-m-o-s.

Ahora agrega: Miami sí es vibrante, porque siempre ha atraído a la gente Latina acomodada y educada. Y lo que muestra Los Ángeles es sólo la profecía del futuro de Estados Unidos porque importa trabajadores y campesinos (¡Tómala! Parte 2)

Sigue el tema ya no de la confianza, sino de “lo que vale la pena confiar” o de “en quien vale la pena confiar”. O “¿por qué debo de pensar que esa persona es como yo?”

El espinoso tema de la honestidad.

Digo, y la palabra “confianza” es sólo una palabra.

Leámosla bien: “C-O-N-F-I-A-N-Z-A”.

Toca el turno a los asiático-americanos. Ellos vienen de sociedades de baja confianza, pero cuando llegan a la vida típica americana de clase media, se adaptan bien porque, dice Sailer, su alto grado de H-O-N-E-S-T-I-D-A-D los hace vecinos y compañeros de trabajo dependientes de los demás.

Los hispanos en EU tienen una alta tasa de crimen registrada. ¿Lo peor de esto? Está aumentando. Por decir otro dato: los nacimientos ilegítimos andan por la tasa de 48 % entre hispanos (entre blancos es de 25%) y es mayor entre mexico-americanos nacidos en EU que entre los nuevos migrantes de México.

Hasta aquí el artículo de Steven Sailer. Se desvía hacia cuestiones de que hacer al respecto de la confianza en USA y menciona temas que tienen que ver con el ejército y con los cristianos fundamentalistas, conservador que es él, conservadora la revista, al respecto de la confianza y de la discriminación del extraño diferente que uno por razones militares tienes que confiar en los demás y el otro, el que es cristiano confía en los demás sí por cuestiones de religión porque tu religión así te lo ordena.


YTC. (Y te callas).

¿Habrá soluciones?

¿Nos organizaremos algún día, más allá del Culto a la Virgen de Guadalupe? ¿Más allá del Teletón? ¿Más allá del Mundial de Fútbol que siga?

Decir que el Futuro es Incierto es caer en un lugar común.

Las muchas preguntas son… ¿Cómo se crea la confianza en una persona? ¿Cómo se hace para que ésta sea duradera? ¿Cómo se crea la confianza de una persona en su semejante? ¿En una institución? ¿En todas las instituciones? ¿Para que sea realmente “¿tienes el valor o te vale?”?

Es como el chiste de la diferencia entre los cangrejos mexicanos y los cangrejos japoneses:

En una marisquería hay entre muchas dos cajas que tienen cangrejos, una tiene reja en la parte superior y la otra no. Una persona pregunta eso precisamente: “¿Por qué una tiene reja y la otra no?” La otra persona le responde: “lo que pasa es que en esta caja hay cangrejos japoneses y todos se ponen uno arriba de otro para que los demás asciendan y así se puedan escapar todos, y en esta otra, lo que sucede con ella es que son cangrejos mexicanos y cuando uno quiere salir los demás le estiran de las patas con sus pinzas para volver a tumbarlo y se tenga que quedar, por eso estamos seguros de que jamás escaparan...”.

Para responder a todo lo anterior hace falta tiempo.

Estaba pensando... ¿No te gustaría darme un voto de confianza para con ello sentirme seguro de poder ayudar a desentrañar la solución o las múltiples soluciones a estos problemas?


¿No te gustaría recomendarme con el Presidente Felipe Calderón para empezar a atacar este problema básico y ultragrave de la psique nacional que enturbia las posibilidades del futuro y del progreso real de nuestro país?

¿O qué? ¿Acaso no confían en mí?

lunes, febrero 12, 2007

Torta Española: Los Bravos y la, en definitiva, muy curiosa cultura española


Con excepción de sus conocidísimas excepcionalidades los españoles son algo disparejos. Hay cosas geniales y hay cosas que sólo te hacen preguntarte cosas al respecto de qué estarían pensando en ese momento. (¿Joselito o Joan Manuel Serrat? ¿A quién le van?)

TV Española (Internacional) es un caso particular. No tengo Antena 3 y no puedo opinar de ahí. Pero TV Española, que barbaridad. ¿Han visto sus programas de concursos? ¿Sus programas de variedades? Infumables. Lo Kitsch de lo Kitsch. (Me dicen que los programas de “corazón” son especialmente patéticos).

Para mí se salvan el material europeo de hace más de treinta años que consiguen por decir del rock clásico que jamás vimos por aquí, o la serie esa de Cuéntame como pasó que se me estaba siendo genial hasta que llegó a este seguimiento actual de historia que cae ya en el franco (perdón por el chiste) melodrama y pierde el ritmo de una familia típica y harta representativa en el ocaso del franquismo y en el alba del renacimiento de una nación que saltó hacia la modernidad en una generación (esa sí que es envidia, ¡caramba!).

Cuéntame como pasó es los Años Maravillosos español, aunque más intenso en cuanto a las noticias del mes tras mes de esa España de 1968 a 1975, supongo, casualmente los mismos años casi del programa norteamericano.

La política está más entretejida, el temor, la censura, los miedos, la obediencia, aparecen en medio de los personajes de manera muy vivida. Por decir ellos, la familia, están en el carro en las calles de Madrid a una cuadra de donde explota el carro (¡voló hasta cuatro pisos de alto!) del Almirante Luis Carrero Blanco el veintitantos de diciembre de 1973, situación que impactó tanto a la familia como al gobierno español de entonces.

Y como dije, tuvo arcos de historias bastante interesantes como cuando el párroco del barrio renuncia a sus votos para (creo) arrejuntarse con una de las hijas de la familia. O el típico y totalmente esperado ascenso de la sexualidad en el narrador-niño de la serie (como Kevin Arnold, ¡vaya! ¡Que gran idea!). La de los jóvenes protestando contra la censura. Y ahora, la del papá que pierde no sé que ahorros en el juego cuál melodramático protagonista de nuestro propio y arquetípico cine nacional mexicano.

Pero en fin. Recientemente tuve en suerte de ver unos resúmenes de los cincuenta años de la Televisión Española (situación que se está dando en muchísimos canales de televisión de todo el mundo porque alrededor de los cincuentas se fundaron esos pioneros de la TV).

Y aunque yo no soy español, disfruté intensamente la transmisión de 250 segmentos de televisión de un minuto transmitidos en tres emisiones que fueron sencillamente espectaculares. Para alguien de México alejado geográficamente de la Madre Patria se siente un afecto curioso por España. O sea, allá están las raíces, ¡hombre! Algunas al menos.

En esos segmentos desfilaron Mocedades, Curro Rivera, Franco, la familia Telerín, Rocío Durcal, Joselito, el rey Juan Carlos, Alfonso Suárez, el intento de Golpe de Estado del 81, Joan Manuel Serrat, series norteamericanas habladas en castizo como Bonanza, el Doctor Kildare, y espectacularidades de impacto como la primera vez que la Ciccioliona apareció desnuda de manera integral frontal formal y sin frío ¡en TV!, los Eurovisiones Kitsch, las Ketchup, la Macarena, los eso sí, impactantes teleteatros y miniseries que estos cuates hijos de Castilla sí saben hacer, los programas de muñequitos, de circo, de discusión y polémica, infantiles, de deportes, de la Eurocopa, del Mundial 82, del intento de asesinato del Papa también de 1981, de noticias internacionales, de Dallas, y como un largo 220 etcéteras.

No deja de llamar la atención que en algunos de esos 250 espacios apareció Vicente Fernández, Armando Manzanero, Luis Miguel y ¡Enrique Guzmán! Puntos extras ganados porque no vi a Paulina Rubio ni a su repugnante compañero vendedor de reportajes a revistas del “corazón”.

Y una gema que tuve la increíble suerte de ser testigo.

Seré breve: En 1966, había bases aéreas norteamericanas en España, creo que hoy también las hay. Supongo que en Torrejón y en Zaragoza, según Wikisomething. Bueno, resulta que en esos tiempos de Guerra Fría volaban siempre varios Bombarderos B-52 con bombas no atómicas, peores, de hidrógeno. Esto lo hacían como una especie de guardia eterna contra los soviéticos en la que nunca descansaban. (El B-52 es impresionante, es un avión que empezó a volar desde 1962 y seguirá volando treinta y cinco años más, hasta 2042, según esto, es decir, es un avión con un tiempo de vida estimada ¡de ochenta años! ¡Y el Rock de la Langosta, es genial, también!).

Basta de digresiones. Por este asunto de llevar siempre bombas en vuelo se tenían que surtir de combustible por aviones nodriza KC-135. En una supuesta maniobra archiconocida, ¡y nada, que explotan ambos aviones! Y en la zona, Palomares, pueblo de pescadores frente al Mar Mediterráneo, caen los restos de los aviones con todo y bombas.

De inmediato encontraron tres, pero eran cuatro y de ahí la histeria: se tardaron varias semanas en encontrar la otra.

Bueno, eso fue todo y han pasado años y años de controversia para averiguar que sucedió, si hubo radioactividad o no, si Palomares, España se iba a convertir en un Euroshima antes que la palabra se pusiera de moda, etc.

Pero el especial, mis amigos, el reportaje especial de TVE conmemorando los cuarenta años del incidente, ¡una maravilla!

Iban y venían al tema, era simpáticos por momentos (con la versión-parodia ad-hoc de La Chica Ye-Yé cantada por un grupo de jovencitos, guau), patéticos por otros, pero lo que sí fue surrealista, de verdad que lo fue, es que parpadeé y algo había sucedido: ya estaban en la pantalla los problemas de los derechos civiles de los negros, que cantaban melodías que eran originalmente cantadas por Bob Dylan, quien apareció en una imagen, y que como era adorado por los jóvenes de entonces fue el pretexto para que en otra serie de imágenes aparecieran los hippies, que se la pasaban en su mundo protestando por Vietnam y de ese modo se la pasaron mostrando viñetas de la Guerra del Sudoeste Asiático y de esa forma concatenatoria se fue pasando la media hora intermedia del programa, yo, al no entender que estaba pasando, me dije, ¿éste podría ser un relleno? Y sí, así de sencillo: empezó en Palomares, se fue la imagen a los problemas del entorno mundial de entonces y volvió a Palomares y terminó. Las cosas, sí se saben manejar, pueden hacer lo complejo en sencillo y viceversa.

S-o-r-p-r-e-n-d-e-n-t-e.

Y fenomenalmente divertido, también.

Bueno, el último punto es una película de los sesenta, española en la que apareció el mejor grupo de rock español de los sesentas (hubo dos, al parecer, el otro se llamó los Brincos): Los Bravos, que en una película llamada Los Chicos con las Chicas, que transmitieron hoy, pude ver en todo su esplendor la concepción que de cine Lesteriano (A Hard Day’s Night school) tenían los españoles. El director, de apellido Aguirre, realizó en una película sencilla, agil, y sin pretensiones, una divertida puesta en escena de cinco tipos que se quieren meter a fuerza a “rescatar” a su amigo cantante del grupo que están en una escuela para señoritas (¿dónde más podría ser?) y hacen desastre y medio, bastante contenido y estúpido (esto dicho en el mejor de los tonos, por supuesto).

Con escenas divertidas (la del baño con las tuberías de agua descompuestas está graciosisìma), y con encuadres gráficos imaginativos y de avanzada (imágenes del grupo en forma animada superpuestas a las imágenes en sí) que no le piden mucho a sus contemporáneos ingleses y norteamericanos, sacaron una película de rock pop español decente, que a mí en lo particular, me mantuvo entretenido por la casi hora y media que la vi.

Y escuchar Black is Black, I want my baby back, por Los Bravos, con los gritos desgarradores de Mike, el berlinés, fue, en definitiva, fenomenal.

Este es mi reporte de algo que comenzó en la España de Televisión Española Internacional, con un segmento de 250 con Ana Belén y que se fue hasta la España de Palomares, la de Franco y la de Los Bravos, ni más, ni menos.

viernes, febrero 02, 2007

¿Todo tiempo pasado fue mejor? (¡Jamás!)


Ya lo había comentado antes. El tema de la ciencia está alejado del hombre común y normal.

Sólo ve ciencia, y eso de vez en cuando, en medicinas y en nuevos descubrimientos tecnológicos que aprovechan esa ciencia (un microprocesador de computadora personal con sus 3.7 Ghz, básicamente es ciencia aplicada, igual un celular, igual un nuevo puente con nuevos materiales, un nuevo maquillaje, nuevas telas, etc.).

Por lo demás la gente está más motivada emocionalmente EN CONTRA de la ciencia. Está por ahí la emoción que pulula en contra el tema nuclear, el de las centrales eléctricas o al menos sus torres eléctricas, el tema de los productos transgénicos (que no se comprenden en realidad), y así hay muchos temas similares donde la ciencia y la tecnología son villanas contra la humanidad.

Hasta del calentamiento global han de culpar a la tecnología, y a la ciencia. Me ha tocado conocer incluso personas, como de seguro hay muchas más, que añoran los tiempos pasados, como si estos hubieran sido más sanos para la humanidad.

Y en relación a esto acabo de leer que en 1956, de cuando al presidente Eisenhower tuvo un ataque cardíaco. Su jefe de médicos recetó, entre otras cosas, que su esposa, Mamie Eisenhower, se recostara junto con su marido para “darle calidez durante los momentos difíciles”, algo así. Sí, que se recostara con su marido.

El hecho es que en estos últimos cincuenta años se han inventado muchísimas cosas que han aumentado la vida promedio del norteamericano promedio, de 65 a casi 74 años. Ese es un aumento gigantesco en cantidad de años de vida promedio.

Estas cosas son drogas, tecnologías (marcapasos, por ejemplo), nuevos procedimientos, nuevos enfoques a la salud, nuevas formas de enfrentarse a las enfermedades, en este caso, coronarias.

Si a la gente le gusta escuchar a sus abuelitos decir que que bella era la época del pasado, claro que era bella… mientras vivieras, mientras no te enfermaras de virus peligrosos, mientras no se te infectaran heridas sencillas, mientras no requirieses cirugías complejas.

Y de hecho, esto tiene sus derivaciones sociales interesantes. Antes de 1918 la esperanza de vida promedio era de 40-45 años. Luego fue aumentando poco a poco hasta llegar, como ya mencioné, a los setenta y tantos años en estos tiempos (incluyo México).

Por eso a los que contraen matrimonios tradicionalmente se les decía con tranquilidad (bueno, y se les dice): “hasta que la muerte los separe”, ¡porque la gente no duraba mucho en aquellos años! En otras palabras, lo que dure el asunto.

Por un lado eso también indica que uno de los dos moría relativamente joven. O sea, había viudos, viudas y huérfanos por doquier. Novelas y novelas de Charles Dickens, de Víctor Hugo y de Emilio Zolá están hechas de ese material humano.

Y esa probablemente sea una de las causas de que al escarbar nuestros árboles genealógicos siempre nos encontremos con la circunstancia que tal y tal viudo o viuda parientes nuestros desaparecidos hace décadas se casaron en segundas y hasta en terceras nupcias con otras personas contribuyendo con ello a tener a familias nutridísimas, a parentescos inexplicables, a referencias familiares cruzadas y sobre todo, a testamentos complejísimos de entender.

Todo esto porque la vida era implacable: en un sentido, no había muchas formas para defenderse de la enfermedad, y las condiciones de entonces eran antihigiénicas, existían sin servicios sociales de salud, y por consiguiente la esperanza de vida promedio, redundo, para hombres y mujeres eran casi treinta años menos que en la actualidad.

“Porque todo tiempo pasado fue mejor”. Visiones románticas, que no son malas en sí, pero como en todo, dependen del cristal. Manías de querer siempre embellecer con la memoria selectiva nuestros recuerdos, resaltando los buenos y empañando los malos.

En el año 2057, probablemente los médicos de entonces se reirán de nuestras drogas, de nuestras técnicas, de nuestras visiones del mundo. Y la esperanza de vida, quién sabe, tal vez será de noventa y tantos años.

Y eso, en esas épocas futuras, será interesante de presenciar.

Si los llego a ver por entonces, les contaré.

Y de seguro, la gente seguirá despreciando a la ciencia.

Triste realidad, indeed.