sábado, julio 29, 2006

En el simulacro y otras historias

Lo supe apenas ayer.

Estaremos en un simulacro de una pandemia de gripa aviar. Todas las autoridades del ramo están alertas así como muchas dependencias federales y estatales. A eso de las dos de la tarde “llegarán” los primeros pacientes.

Aunque todos son de papel, no dejan de inquietar.

En nuestro simulacro nos dijeron que la enfermedad se estaba expandiendo desde Asia para acá.

Todas las comunicaciones, correos, faxes, insistían, ESTO ES UN SIMULACRO.

Me imagino que la enfermedad llegará a México desde Estados Unidos.

Miro a mis compañeros. Imposible saber si ellos saben de que se trata esto. De las implicaciones en sí. Pienso por un instante que puede que yo sea el único que ha leído algo del tema y por tanto me quedo con la fatua y frívola impresión de que soy el único consciente de la gravedad de algo de ese tamaño.

En una rápida segunda revisión de opinión, me caigo sólo del “pedestal frívolo del dícese enterado”. No creo que el haber leído suficientes novelas, películas y reportajes tanto en el New Yorker o en los canales de tipo documental, tales como Discovery y National Geographic Society me den un punto o mas arriba para acercarme a lo que sabe el personal médico. Bueno, esa fue una necedad de mi parte.

Después de todo, algunos de ellos califican como epidemiólogos. Nadie bromea del asunto. Saben que son cosas que pueden pasar. Que siempre hay que estar preparados.

Un día una epidemióloga de Monterrey me dijo que estaban siempre al pendiente de casos raros como de animales que normalmente no muerden al hombre, que de repente lo hagan.
Obvio, lo dijo con absoluta seriedad. Que de inmediato se reportan.

No estoy para defender a estas personas, ni para ser apologista de políticas determinadas, digo, esas son opiniones reservadas para cada quién. Pero de lo que sí estoy seguro es de que sí, hay sectores que sí, que por lo menos sí nos cuidan como sociedad.

Leí casi en la misma época “La Danza de la Muerte” de Stephen King, “La Peste Blanca” de Frank Herbert (el de “Dunas”), “El Día de los Trífidos”, no quiero equivocarme de quien lo escribió y posiblemente vi por entonces la película de “El Día Después”.

Eran los años de 1981-1983.

“La Danza de la Muerte” habla de una “supergripa” que mata al 99% de la humanidad (King decía que si hubiera muerto toda la humanidad, no habría novela, totalmente de acuerdo). Esta “supergripa” tenía la característica de que fue creada por los humanos mismos y en un accidente caprichoso se suelta, rebasa las previsiones de seguridad y se expande hacia la calle. (Eso sí fue totalmente terrorífico.) Su descripción de las calles y túneles en la ciudad de Nueva York llena de muertos en sus autos, huyendo, son sobrecogedoras. Un comienzo de un capítulo en particular dice: “El olor era espantoso”. Sucedía en un verano. Suficientemente evocador. (El que la novela derive hacia lo misterioso y fantástico posterior no le quita ese terror primordial del humano estúpido que suelta los males resguardados dentro de la Caja de Pandora).

“La Peste Blanca” es algo similar, pero aquí es una enfermedad desatada por un científico resentido que “sólo” quiere destruir Inglaterra, pero se le pasa la mano, viajando ésta por todo el mundo. Lo que suelta es una enfermedad creada que sólo mata a mujeres quedando sólo una viva por cada cinco mil muertas.

“El Día de los Trífidos” es acerca de que la humanidad se queda ciega a causa de una radiación espacial y quedando a merced de unas plantas que llegaron del espacio décadas antes, que fueron utilizadas para la industria con el beneplácito de todos, pero que ahora con la humanidad disminuida adquieren, o ya tenían, movimiento y toman control de ella. Lo acepto, pero lo ingenuo no le quita lo terrorífico.

“El Día Después” fue una película muy sonada, medio pacifista, que describe los hechos después que un ataque nuclear soviético, que siguió a los lanzamientos de proyectiles nucleares hacia ciudades soviéticas, destruye una pequeña ciudad de Kansas, con todo y lluvia radioactiva.

Luego lee uno años después, el tema de “Hot Zone” (1996), aquél libro acerca de un brote de epidemia de alguna enfermedad hemorrágica altamente contagiosa que sucedió REALMENTE en el este de los mismos Estados Unidos. Leí que le llaman así, “The Hot Zone” al punto en donde las cosas se ponen verdaderamente calientes. Supongo que sería visto así como en un mapa con el punto originario visto de un color rojo blanco. Algo como un “Ground Zero” biológico.

En la película de “Epidemia” (1998) con Dustin Hoffman, un pueblito africano lleno con enfermos al principio de la película, es volado nuclearmente, creo, no estoy seguro, para evitar que se salga la enfermedad de control.

Lo anterior me recordó también aquella excelente película, la de “La Amenaza de Andrómeda”, (1971) escrita por el entonces no tan célebre Michael Crichton (“E.R.”, “Parques Jurásicos” y anexas), en la que llega una enfermedad del espacio que también mata a todo un pueblo, excepto a un bebé y a un anciano. Casualmente se dan cuenta poco antes de querer volar el pueblito también nuclearmente, que el calor provoca el reforzar al virus alienígena y hacerlo más peligroso. Mejor no hacerlo. ¡Salvación!

Lo anterior si acaso queda en el rango de lo ficticio o lejano, crea una paranoia nada sana. Otra.

Posteriormente uno sabe de los brotes que aparecen cada tanto en Zaire y ese tipo de países, sabe uno del Ébola que mata hasta los enfermeros y doctores que tratan de controlar la enfermedad, y se encuentra uno pidiendo de que quede aislada del mundo, que no pase de ahí.

También lees acerca de que esos virus desgarrantes se trasladan incluso por aire.

Digo, pienso en todo eso y reflexiono en que tengo hijos, esposa, madre, hermanos, amigos, amigas.

Brrr.

En una de las reuniones del simulacro, escucho: “ya expidieron provisiones para pedir tres mil bolsas para cadáveres”.

Todos se sobresaltaron, pensando para cada quién tal vez: “¿Tres mil bolsas? ¿La situación estará tan grave como para eso?”

Alguien pregunta siguiendo la secuencia de envolverse en lo mismo del simulacro, “y... ¿ya se han hecho previsiones para guardar o enterrar tres mil cadáveres? ¿Traxcavos, terrenos, fosas comunes, cosas así?”

Es una terrible cantidad de personas.

El simulacro en nuestras mentes ya no se ve tanto así como que estamos “actuando” o “jugando a ser...”. Cada quién se imagina lo que se expresa arriba y se pregunta, ¿y nuestros familiares? ¿Sería esto, de pasar como lo estamos viendo en esta misma sala de juntas, tan grave?

Se mencionan más situaciones, se perciben problemas serios: personal que no sabe su rol exactamente, deficiencias en la cadena de mandos, en la cadena de comunicación, quién manda qué, que le toca a quién.

Bueno, de eso se trata un simulacro. Cualquier simulacro, como lo que se hizo en todas las compañías con computadoras hará seis años con lo del año dos mil. El famoso 2KY ERROR. Todos los sectores se certificaron. Y salieron con bien.

Los simulacros no sirven para no cometer errores. Se trata de percibir donde están los posibles problemas y resolverlos antes de que se enfrente una situación real.

Hará tres años que aparece lo del SARS, y otra psicosis mundial.

Yo la leí a la distancia, en Internet, y revisé con cierta ansiedad a quien le daba y a quien no, leí de los esfuerzos de los doctores vietnamitas, de los de Hong Kong, de los de la misma China. ¿Detienen ellos la enfermedad o se detiene sola?

El SARS. Llegó hasta Toronto. Los Rolling Stones iban a tocar ahí y lo suspendieron.

Nadie tiene la precisión de saber con exactitud que sucedió. O el porqué se detuvo.

Los canales de documentales esos que mencioné, han hecho programas analizando la pandemia de la influenza española de 1918 que mató a más de 20 millones de personas, muchas recién salidas de la primera guerra.

Cuentan acerca de que durante las investigaciones actuales se están buscando cadáveres congelados de los fallecidos por la enfermedad, enterrados por entonces en zonas de permafrost, como Alaska y Noruega, en la búsqueda de pistas para saber como era ese virus, para poder detenerlo en caso de que vuelva a salir.

Hay personas que afirman que hacer eso, investigar en los cuerpos de muertos congelados solo va a remover un virus también congelado, pero sólo dormido, esperando a que se despierte y ataque repentinamente a los seres humanos que en su ignorancia se atreven a despertarlo. Eso también salió en los “X-Files”, y en “The Thing”.

Como anti-cereza del anti-pastel en estos temas, antier leo en www.discover.com (nada que ver con el Discovery Channel, aunque los dos se dediquen a la difusión de la ciencia), acerca del cocoliztli, la presunta enfermedad que provocó la muerte de los aztecas en el siglo XVI, por lo menos en 1554 y en 1575.

Una de las preguntas que se hacían era, ¿por qué sucedió treinta y tres primero, y cincuenta y cuatro años, después de la terminación de la Conquista? Básicamente ya había pasado tiempo desde aquello.

Eso por un lado y por el otro el punto de que quienes relataron eso eran historiadores y frailes, que escribieron que las enfermedades victimarias eran tifoidea y varicela, pero está la reflexión en el artículo de que ellos eran sólo eso, historiadores y frailes, no epidemiólogos.

Resulta que por mucho tiempo se ha creído que fue el español (así, en genérico) el que trajo las viruelas y otras enfermedades que diezmaron a los aztecas en una escala sin precedentes. Un tipo de masiva guerra bacteriológica, aún así quirúrgica, precisa y exquisita (atreviéndose a bordear el mal gusto, claro) que no tocó más que a la población india.

Es parte de la ideología nuestra del mexicano en contra del español, a algo contribuye a ese sentir de que fuimos destruidos de manera despiadada, aunque el español no fue plenamente consciente del hecho. Y ni eso lo disculpa en algo. Es un argumento poderoso más en contra de lo español.

Pero dice el artículo de la revista, que recientes hallazgos realizados por un doctor mexicano, el epidemiólogo Rodolfo Acuña-Soto, lo hacen concluir que la enfermedad que causó la megamuerte de nuestros indios provenía de nuestra tierra misma.

Que una causa posiblemente esté relacionada con sequías largas y con lluvias tremebundas posteriores a esas sequías. Que eso desencadenaba un desasosiego con los roedores que habitan siempre a ras del suelo y que de alguna manera medraban en cantidad al llegar las primeras lluvias aprovechando las nuevas cantidades de comida y agua y de cierta manera comunicaban su virus a los indios, que estos como estaban en el stress total, siempre al borde del hambre, en la desnutrición y en condiciones totalmente insalubres, debido a como había quedado la sociedad en la Nueva España. Así se consiguió el barrido racial. De 22 millones de habitantes que había en el país a la llegada de Cortés, a llegar a ser sólo 2 millones al finalizar ese mismo siglo.

Se le da un nuevo significado a la palabra “diezmó”. Más que la proporción de los muertos de la Peste Negra del siglo XIV en Europa que mató “sólo” a la cuarta parte de su población.

La enfermedad consistía, según análisis de documentos muy prolijos y profesionalmente escritos para esos tiempos, en fiebres hemorrágicas. Como las del Ébola, Margburg y similares.

Los españoles ni estaban en riesgo, ellos estaban seguros allá arriba, resguardados en sus clases aristocráticas.

Y bueno, el tiempo pasa y ahora es 2006. Pero el doctor Acuña-Soto dijo, al final de ese artículo, “sólo hay que estar preparados, por si acaso”.

En todos los años que me ha tocado estar al pendiente del mundo a través de los medios, por decir también me di cuenta de otra de las epidemias, pero como esta es mas lenta, no es considerada como tal.

Pero primero antes, en 1976, todavía recuerdo lo de la Enfermedad de los Legionarios, una que sucedió en Filadelfia en ese año a un grupo de personas que así se denominan, Legionarios, debido que a pertenecen a no se qué Legión. En su Convención Nacional Anual o así, se enfermaron como setenta personas de cómo doscientos. Murieron ya ni me acuerdo, como diez. No fue nada de una enfermedad que pudo ser algo que comieran o algo así. Nunca supieron con claridad que fue. Sólo que fue viral y que ahí quedó.

Luego en 1981 ocurrió algo raro en Nueva York. Empezó a suceder entre una comunidad una enfermedad rara, como la de un cáncer, de hecho, así le pusieron, debido a que eran homosexuales, la gente le denomino que era un “cáncer rosa”. Sólo hasta un año después le pusieron nombre, adivinaron, era el SIDA.

Esa epidemia o pandemia es igual que las demás, pero más lenta. Nunca se ha podido establecer con precisión porque unos se contagian de SIDA y porque otros no. Pero de que cambió las maneras de pensar de miles, de millones, lo hizo.

En áreas desarrolladas en el mundo se detuvo el avance del SIDA en la población, en las áreas no desarrolladas, de manera lamentable, sigue avanzando inexorablemente. Y la búsqueda para detenerla continúa. Lo malo es que eso lo han dicho desde hace más de veinte años y no se ha podido llevar a cabo.

Y con todo el dinero del mundo, no ha habido avances para vacunas que prevengan o que curen, más que para desarrollar caras medicinas que logren retrasos en el desarrollo del padecimiento en el cuerpo del enfermo.

Así estamos, frente al simulacro. Sólo para estar preparados.

Por si acaso.

Sí, lo haremos bien. Lo posible que se pueda, lo haremos bien.

Hablando de VH1 y de MTV a 25 años de este último



Porque hay vida aparte de la política.

Tengo cuarenta y tres años. MTV tiene está a punto de cumplir veinticinco. MTV nunca fue sólo un sencillo canal de televisión especializado en videos. MTV fue una máquina subversiva (Marx, Lenin y Stalin le hubieran temido y Castro le teme, Lopez Obrador y Felipe Calderón... lo usaron para comunicarse) de cambiar subliminalmente el estilo de vida de las personas jóvenes, en su nada despreciable e incuantificable hasta cierto punto aspecto de estilo, moda, entretenimiento, y sobre todo, de gustos musicales.

Como digo, eso traducido en influencias en la masa juvenil mundial, traducido en cambios en patrones de conducta de modas, y finalmente traducido en dinero no es nada despreciable. Nada.

VH1, (el original) tendrá, no recuerdo, ¿quince? ¿veinte años? El punto es que en aquellos años en que yo tenía casi diecinueve fue cuando apareció MTV.

MTV se inauguró como canal de TV de cable especializado en videos musicales el 1ero de agosto de 1981. Hace veinticinco años.

Fernando, un amigo de la carrera que vivía en Nuevo Laredo pero que estudiaba en Monterrey, me dijo en diciembre de ese mismo año, 1981, que “allá con los gabachos existe un canal de televisión de cable que transmite puros videos las 24 horas”.

Bueno, la aparición de un canal dedicado a videos todo el día, toda la noche, se me hacía tan tirada de los cabellos que no le creí. Hasta que le creí.

Con sus videos extraordinarios, música rock novedosa, más allá del New Wave, el post disco y el post punk, la aparición de MTV fue una manera apropiada para empezar, de nuevo, la década de los 80’s. (El asesinato de John Lennon, el 8 de diciembre de 1980, ocho meses antes,fue una muy mala manera de comenzar una década, de hecho, cualquier década).

La adicción total a la música en video se desarrolló en pocos minutos, pero, hablaré de MTV con propiedad en otro día.

El mensaje era el video, a través de ello era popularizar un grupo en particular, al popularizarlo lo que se quería era vender al grupo, al disco, a la canción. Por eso se vendió en lugares desconocidos Oingo Boingo, The Thompson Twins, Dire Straits (bueno, su video de “Money for Nothing” tenía una crítica hacia MTV y lo transmitía MTV, algo era algo, y Neil Young con su video de “This Note is For You” criticaba a los grupos de música que eran patrocinados en sus giras por compañías).

No que yo pensara en copiarlo en sus modas propuestas, ni en el gusto, o en los posibles patrones de conducta subjetivos o no, ni en la búsqueda del dinero para cubrirlos en caso de..., pero era fascinante la manera en que nos gustaba perder el tiempo.

Un paréntesis:

Por supuesto que en nuestro país estos canales los veíamos sólo a través de antenas parabólicas de las que se decía que en Monterrey había tal cantidad de ellas que era la ciudad del mundo con mayor número de ese tipo de aparatos. ¡No per cápita, sino en total!

Por tanto íbamos de casa en casa de amigos a ver eso, la parabólica, y en especial, el MTV. Pasamos por la casa de Pepillo, del que decía Guillermo, de Reynosa, que siempre tenía dos de todo, ya que éste tenía dos videocasseteras, dos carros AMX 1979 y por supuesto, dos parabólicas; o íbamos a la casa de los papás de Isaac (una de las casas más bonitas, digo, de las normales, en las que me ha tocado estar); o incluso en ocasiones iba a casa de la tía Blanquita (la tía de mi novia de entonces, Carmen) durante el verano, cuando la tía estaba de vacaciones (ahí en su casa vi gran parte del Live Aid original, el 13 de julio de 1985, cuyos DVD apenas salieron el año pasado).

Cuando apareció el VH1 años después, lo vi como una mala copia de MTV, es decir, aun y que MTV perdió la programación original de video tras video tras video tras video (que eran la verdadera maravilla enmascarada) por los programas regulares dedicados a Heavy Metal, o a Rap, o el verdadero comienzo de la decadencia del Mundo Occidental y el fin del mundo tal y como lo conocemos a través de Beavis and Butthead, que se me hacían algo (o en algun caso demasiado) extremistas en su propia frecuencia, aún a pesar de eso seguía teniendo de cualquier manera algo de su atractivo inicial de ver música del momento, videos del pasado (el tiempo es el que pasa rápido, desgraciadamente) y todo lo que le rodeaba, incluso los comerciales que de cierta manera eran lo último en cuanto a tendencias significativas, y no tanto, con las cuales estar al corriente con un mundo todavía algo preglobalizado y definitivamente protoneoliberal.

Se cierra el paréntesis.

VH1 (el gringo de finales de 80’s y principios de los 90’s) era en esos tiempos endeble, débil, enclenque, sin fuerza, pasaban videos demasiado aburridos: Lionel Ritchie, Bette Middler, Berlín, y cantantes de ese (mini) calibre así. No había emoción, no causaba interés, su segmento demográfico era para personas de 30 años o más (y hay una pequeña contradicción personal aquí, lo sé).

No era mi sesgo, ni tampoco mi estrato. Además VH1 llegó cuando mis visitas a casas con parabólicas escasearon, ya no veía a Pepillo (habíamos terminado la carrera de sistemas años ha), ya había terminado con Carmen (debí haber terminado con ella antes, lo sé, no me insistan), y con Isaac ya no íbamos a casa de sus papás porque éste ya era mayor y se había casado con Paty (le dijimos que no se casara, que eran muy chavitos y ya ven, pero no hacen caso estos muchachos).

Pasaron los años. Las antenas empezaron su declive ya que los canales empezaron a cerrarse poco a poco para ser bajados exclusivamente por sistemas de cable y a exigir pago para poder ser vistos (para eso eran los comerciales, ¿no?, para que los canales sacaran lana de ellos). Las antenas parabólicas se convirtieron en parte del wasteland urbano, sin uso, llenas de polvo, desgajadas, símbolos de una prosperidad de antaño, aparentes cascajos o esqueletos fósiles de una acelerada búsqueda de la distinción vana y frívola que sus propietarios...

Ya, ya, ya...

Hubo apertura con los sistemas de cable, etc. Apareció el sistema de Direct TV y el sistema SKY y también muchos muchos canales más.

De alguna extraña manera (que eso sí, no puedo platicar aquí, por falta de... espacio, ustedes saben) tuve el Direct TV gringo en mi casa en Monterrey, que debo de decir que entre todo fue muy gratificante. Tuve el gusto de ver Woodstock 99, en agosto, con todas sus quemazones al final de sus sesenta horas ininterrumpidas de programación y... fue increíble. Ya no veía a MTV, a mis 37 años ahora miraba VH1 y los mejores Videos de la Historia, los “Behind the Music” de las grandes bandas de rock de la historia y cosas así. Nada trascendente en realidad.

En siete años más y después de muchos cambios en mi vida y en la vida de todos los demás, el VH1 llegó por fin a mi sistema de cable y por lo mismo, a mi sistema de vida.

Ahora estoy con la idea de que tal vez ya hasta me pasé, de ese codiciado segmento demográfico comercial tan ansiosamente requerido por los anunciantes.

¿Por qué veo VH1?

Bueno, lo veo así como normal, como hay canales, como el de BandaMax, que no veo.

Ni veré.

Es divertido perder el tiempo de esa manera. Es un viaje en el tiempo encapsulado en tres minutos. Ver en cortinillas a grupos como los ultra fakes falsos de Milli Vanilli (con “Baby, Don’t Forget My Number” y su fondo de escenario copiado o ¿sampleado? directamente de la portada del disco “Animals” de Pink Floyd), los famosísimos (ajá) Men Without Hats, los eso sí, más perdurables Duran Duran (con un excelente mix de sus principales éxitos), Rick James (el verdadero “Superfreak”), algo de Sinead O’Connor (“Nothing Compares to You”), Depeche Mode (“Personal Jesús”), y decenas más. O sea, un cofre lleno de recuerdos de videos que hacen eco en las pápilas y conitos y bastoncillos auditivos (sic de mi parte, no error de primaria y disculpen la aclaración) de mi sección sinestésica cerebral.

Eso es en el lado estrictamente musical.

Pero hay también otro aspecto. Las cortinillas con imágenes animadas de manera simplificada, en la que ponen música de la que no existen videos, tales como “Ring My Bell” de Anita Ward (música disco de 1979), “Funkytown”, de Lipps, Inc. (ya queda en lo tradicional, es de marzo de 1980,), “Let’s All Chant!”, de Michael Zager (o Sager) Band (una canción disco tipo crowd pleaser de finales de los setentas) y Abba con “Mamma Mia”. Lo sublime y lo verdaderamente kitsch del mundo.

Otras cortinillas que trae VH1, son eso sí, porciones de videos tales como “YMCA”, de Village People, “Ice Ice Baby” de Vanilla Ice (otro fake, cuyo video mismo supe que fue destruido FISICAMENTE en el MTV gringo, para que no se volviera a transmitir jamás), algo de Parliament C, Funkadelic o algo así de George Clinton (no muy conocido, la verdad), “Wild Thing” del afroamericano que sacó “Funky Cold Medina”, etc.

Pero el que se lleva las palmas en cuanto a cortinillas se refiere en VH1, es la que corresponde a The Vapors (reto a quién sea, a que haya sabido que ESE era el grupo) con su inmortal canción de “Turning Japanese”.







El video de The Vapors, que estoy casi casi casi seguro porque he explorado mi videomemoria arqueológica-musical, lo dieron, si acaso, sólo durante 1981. Porque lo que es a partir de junio de 1982 (sé perfectamente la fecha) ya no lo daban en la rotación de MTV porque tal vez, con ese sentir de lo que es fugaz y efímero, ya no era famoso.

Ni nunca más lo volvería a ser.
El cantante del grupo (ultraflaquísimo y jovencísimo) va saltando como cola de lagartija de un lado a otro cantando, primero con un micrófono, luego con una cámara fotográfica, blandiendo un sable, y otra tanteando o coqueteando a la geisha (no muy joven, pero eso sí, muy mona) que sólo está sonriendo hacia nosotros, ignorándolo.

Se notaba del chavito este que tenía a la juventud delante de él, toda.


I've got your picture,
I've got your picture


El tono de VH1 es fresco, cínico, burlón, sarcástico. De repente es mejor que el MTV porque durante los primeros años 80’s este canal no buscaba más que ser anodino, sólo transmitir entretenimiento, nada de sátira o la búsqueda de ser desenfadado (aún y como lo comenté, con la aparición de Beavis y demás, se puso abrasivo, y agresivo también, se fue al extremo sin gradualismos) sí ahora MTV trajo a Los Osborne, el Jackass y cosas así, pero ya demasiado tarde para mí). Aún y que hay programas en VH1, como el de Supergroup, o el de Hogan, etc, hay más horas de video tras video tras video.

En VH1 sacan ahora también películas cada viernes que tengan que ver con el tema de la música (el que hayan dado a “Selena” todavía no lo entiendo), pero el otro día dieron la película de culto más importante y popular (otra contradicción), según muchos, la de “This Is Spinal Tap” (1984), acerca de un “documental” de un grupo de rock (fake el documental, fake el grupo) y el resultado fue hilarante totalmente. Genial.

Y aprovechando que va a salir la película de “Miami Vice”, dirigida por Michael Mann, el creador de la serie, están dando los episodios originales de los 80’s de “Miami Vice”, y le agregan el título de “División Miami Policía Elegante Sport”, o algo así, en donde hicieron cortinillas excelentes con nuevos doblajes, con, creo, las voces originales, en donde hablan en escenas fuera de su contexto que envuelven a tipos huyendo o que están siendo arrestados, hablando sobre temas que son francamente en algunos casos hasta gays, sobre el cuidado especial y primoroso con el que hablan acerca de la ropa, y de que si les pasó algo al plancharse las camisas o situaciones absurdas similares.

Ya hablaré más de “División Miami Policía Elegante Sport”, su significado en aquellos años y el hecho de que los estén dando hoy por hoy, después.

Aún y que VH1, su look, su actitud, su visión, su pasión, sus objetivos de entretenimiento puedan ser, finalmente, calculados de manera fría en alguna sala de juntas anónima para nosotros; aún y que sea algo emanado de un corporativo globalizado como Viacom o no sé; que haya dictado misión, visión, objetivos de mercado, objetivos de largo plazo, de posicionamiento y finalmente producido en alguna gráfica de Powerpoint anónima siguiendo lineamientos generales de tipo de entretenimiento musical con sabor latinoide, me divierte pues.

Al final del día, me divierte...
I’m turning japanese,
I’m turning japanese,
I really think so

I’m turning japanese,
I’m turning japanese,
I really think so

Y yo realmente también lo pienso así...

P.D. Leí por ahí que el 25aniversario de MTV lo van a transmitir este 1ero de agosto a través de VH1 Classic. Y lo harán repitiendo exactamente lo que se transmitió el primer día de MTV, el 1ero de Agosto de 1981. Primer video: “Video Kill the Radio Star” de The Buggles.


Buen apetito.



Addenndum: 10 de Julio de 2013.


El VH1 también corrió el camino de MTV, programas tras programas sin rumbo, menos música cada vez, "Behind the Music" de gente sin valor,  realitys estúpidos, en fin, no queda mucho de aquello de lo que ya no quedaba mucho. 

No hay nada que me diga: "me quedo esta tarde de sábado con el VH1 de fondo". Así las cosas, a buscar otras opciones por ahí.

Triste caso.


(Y no, no es que crecimos y ya no somos ese nicho mercadológico deseado. o sí así fuere, pues pobres de los que siguen).

lunes, julio 24, 2006

Rice Krispies


Los viajes al super son inevitables... a menos que se tenga la jerarquía suficiente para que alguien más nos “haga” el super,

En mi caso particular no es así, yo voy al super.

Llámese que el ir sirve de terapia para mirar personas y ver como está la comunidad, llámese que sirva de reflejo al proceso de búsqueda de nuestros antepasados en la parte que corresponde al forrajeo y recolección del alimento. O para ponerlo más emocionante, a la cacería de nuestras presas.

Sólo que nuestras presas ya fueron cazadas y destazadas por alguien más y fueron convertidas en jamón, chorizo, milanesas, etc.

Los forrajes pasaron por industrializadoras y se convirtieron en sopas, pan, mayonesas, aceites.

Claro, aquí en el super la situación en sí de la cacería está muy viva pero también almismo tiempo, lo acepto, distante, ya que al llegar a la caja con “bienes” debo de dar algo a cambio a la señorita que me pregunta con amabilidad forzada si encontré todo lo que buscaba.

En ese punto pienso que sigo en una modalidad de trueque con rancios antecedentes en el que yo intercambio “dinero”, el cual obtuve a cambio de “trabajo”, que me servirá para que “ellos” me permitan llevarme esos “bienes” que hasta ese momento no son míos, y de los cuales no puedo prescindir, a mi casa-cueva-refugio.

De alguna manera envidio a los antiguos pobladores de estas y de todas las tierras que resolvían su problema alimenticio sólo con estirar la mano. Las únicas molestias eran las fieras, las alimañas, la otra tribu que los quiere destruir. Y bueno, lo que pasa con los antiguos pobladores es eso: de tan antiguos ya no quedó nadie.

No por nada se puede maldecir con certeza el momento en que la humanidad decidió inventar el trabajo cuando desarrolló la agricultura. Desde ese momento tuvo que intercambiar esfuerzo (o trabajo) para obtener alimentos. Tal y como lo hacemos nosotros todavía.

No hay nada, pero nada nuevo bajo el sol.

Y ahí en el super, estuve caminando entre los pasillos. Y un día me encontré con una caja que se me hizo familiar. Era la inevitable caja de cereal con tres no sé que eran, gnomos, duendes, algo así.

Una caja de color azul. Era el simplón, ramplón, pero indefectiblemente delicioso, Rice Krispies. Ni para qué poner la marca, todos la saben.

“Pim”. “Pam”. “Pum”.

Tenía más de diez o doce años de haberlos visto en los anaqueles.

La última ocasión que los había probado fue en una especie de dulce casero con malvavisco en microondas.

Todavía recuerdo el sabor del cereal de mi niñez. Con leche fría, azúcar, etc. Es parte de la filosofía del pequeño hedonismo. De los pequeños placeres. Los que están al alcance de la mano. En ese momento, bastante literalmente.

No hay mucho que puedas buscar para tener un placer concentrado, aquí relacionado con el comer con el Rice Krispies.

Digo, podrías comer langosta, podrías comer salmón, o bacalao y ser feliz al llegar a completar la experiencia relativa a tu satisfactor o necesidad especial, único, sofisticado.

Sobre todo de esa calidad y exhuberancia.

Yo también encontré algo similar, a mi edad, claro, con el Rice Krispies. Un placer directo al paladar y al cerebro. No sé si serían su tronar en la boca, o el sabor del arroz tostado cubierto de azúcar en medio de una tonelada de leche fría (muy fría, por favor).

Cuando surgió la idea de la New Coke, que vendría a sustituir a la tradicional Coca Cola, supe de personas que compraron cajas y cajas para protegerse. Ya nunca volverían a ver,y a probar, su Coca Cola. Y eso sucedía con un refresco simple y fácilmente asequible. Que finalmente no desapareció.

Lo gracioso de todo es que no tomé ninguna caja. No había motivo práctico, tenía dos cajas de cereales en mi casa. Decidí esperar. ¿Qué podía pasar?

A la semana o dos, desapareció todo rastro de cajas de Rice Krispies, como si nunca hubieran existido. Los anaqueles no mostraban vacíos, había sencillamente otras cajas. No he vuelto a ver las cajas azules con los gnomos. Por lo menos en mi ciudad.

Pregunté a uno de los chicos, que andaba en el acomodo, de esos que son responsables de producto en tienda y que traen en su pecho una etiqueta que dice de manera somera “visitante” acerca del producto en cuestión.

Me respondió que es decisión de la compañía, pero que probablemente luego volvería a salir.

O sea que no sabía.

Pero al final, lo dudo.

Cuando salí del super esa ocasión, con mis alimentos a rastras, salí pensando:
“Pim”. “Pam”. “Pum”.

“Pim”. “Pam”. “Pum”.






Addendum: Casi 7 años después, a 10 de Julio de 2013. Hay en mi casa una caja de Rice Krispies, sabe casi igual, parece que comes aire, por aquello de que es arroz inflado. Tiene otro color, antes era como más pardo claro, si es que se puede definir así, y ahora es más anaranjadillo.

Ya no me comería un tazón entero, pero si lo combino con mi Bran y con mi Special K.

Y así sí sabe muy bien, ¡oh, sí!

sábado, julio 08, 2006

The Twilight Zone continues… and continues… and continues…


Un 31 de octubre de hará más de 15 años apareció en el canal de cable directo de cadena americana que transmitían en Monterrey, el canal 11 de Nueva York, el WPIX, dio un maratón de 24 horas continuas de The Twilight Zone.

Yo lo grabé entonces (tres videocassetes) y lo estuve viendo varias veces en los años posteriores hasta que les pasó un problema de tembladera en la pantalla.

Bueno, el caso ahora, en medio de tanta angustia acerca de los resultados electorales aquí en México tengo que escribir de algo que sea equidistante de la realidad actual. Y que mejor que darle un vistazo a la Dimensión Desconocida, como fue llamado ese programa en México.

Pues resulta que ahora, hoy por hoy, en el canal Once están dando los episodios desde el primero hasta el que va la semana pasada que ha de ser como el quince, pero en el orden en que fueron transmitidos en los Estados Unidos, allá desde el 2 de octubre de 1959 en delante.

Ese dato lo sé porque tengo a mi lado precisamente el libro de The Twilight Zone Companion en donde explica ese tipo de datos, además de las tramas de cada capítulo, los actores, comentarios acerca de cada capítulo, su música ambiental, cosas así.

No sé ahora exactamente, en esta época del cable, del Sky, de todo eso, en el sentido de que si los episodios de programas de tv se transmiten digitalmente de manera simultánea, y todos lo gozamos así. Pero el caso del México de ese año del sesenta y tantos que desconozco porque no estuve ahí, no, definitivamente, no, pero lo que sí puedo asegurar es que no había Sky o cable o lo que se le parezca.

Entonces, aquí necesitaría tener a un veterano de los que trajeron la serie y los que la doblaron o lo que sea, para que pueda explicar como la compraron a la cadena gringa original, como la tuvieron, como la procesaron para doblarla, etc. Me imagino que son cosas sencillas realmente pero de alguna manera las desconozco.

Lo que sorprende es que de alguna manera, y tal vez es algo que tiene su explicación en la Zona Crepuscular, es que la estamos viendo en estos días es tal y como la vieron los norteamericanos de aquellos años. O sea, los de hace 46 años. No es poco. Son cuatro décadas y media.

Algo nos dice esto. Según yo, a lo que conozco de la programación de canal Once, y sólo ellos lo podrían asegurar, no la habían transmitido en al menos diez años. Eso es lo que me imagino, por aquello de que esos son los años que he sido testigo de ese canal. Quizá antes. Pero el punto es que el paquete de las cintas de los capítulos que están transmitiendo hoy por hoy está siendo escrupulosamente respetado.

Eso sí es notable. O pertenece a la Dimensión Desconocida.

O solamente, gracias al canal Once.
Por cierto, esos programas son de media hora, y en ese pequeño lapso de tiempo son geniales, se nota que están hechos con talento, con corazón, con creatividad.

Digo, nunca vi La Hora Marcada, que supongo que eran de corte similar, de tipo antología de diferentes autores, pero en fin. Estos de la Dimensión Desconocida se me hacen estupendos…

Después de tantos años...